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Editorial miércoles, 20 de marzo de 2019

Una Rectora de Hierro

La doctora Emma Polanco ha comenzado a demostrar que es la Rectora de Hierro que tanta falta le hacía a una universidad maniatada por fuerzas internas incontrolables.

Acaba de lograr que el Consejo Universitario expulse a seis empleados acusados de formar un grupo llamado Los Topos, que protagonizaban actos violentos con sus caras encubiertas por capuchas.

Contra esos seis se procederá en justicia, para dar una contundente señal de que las actuales autoridades llegarán hasta las últimas consecuencias en la implantación de un orden disciplinario perdido hace muchos años.

Conjuntamente con esta responsable medida sancionadora, se dispuso que una comisión investigue a estudiantes que participaron en hechos de violencia para cancelarles su matrícula.

Esta mano firme de la Rectora de Hierro puede ayudar a reconducir a la Universidad Autónoma de Santo Domingo por el camino de la recuperación financiera y académica, dos puntos débiles que han minado su institucionalidad.

Tras asumir el cargo el 16 de julio del 2018, la doctora Polanco tocó fibras sensibles al ordenar una reducción drástica de la abultada nómina, botín de las fuerzas internas que por décadas han controlado la UASD.

Con estas medidas ahorró unos 500 millones de pesos, aliviando las presiones creadas por una situación deficitaria.

Y ahora se propone el rediseño curricular y la actualización de los programas universitarios, procurando recuperar la calidad académica y de servicios, así como un verdadero ambiente de seguridad en favor de los millares de estudiantes que acuden a sus aulas todos los días.

La sociedad ve con buenos ojos este proceso de rescate de la UASD y apreciará mucho que esta Rectora de Hierro le ponga fin al parasitismo de supuestos líderes estudiantiles, a los cotos cerrados que han establecido los partidos y a la intermitente agitación que interrumpe la docencia y la paz en su recinto.

Si en el pasado no produjeron medidas drásticas de este tipo es, justamente, por el clima de resistencia que crean los grupos de intereses que operan allí.

Por eso ha resultado difícil mantener un régimen disciplinario que asegure la integridad de alumnos y profesores, bienes y propiedades, y los calendarios de docencia.

Muchos jóvenes pobres o de medianos ingresos, cuyos padres se sacrifican para que puedan estudiar, pierden muchas horas de clases por el accionar de grupos estudiantiles, profesorales o de empleados.

En un desorden así jamás estará en condiciones de formar a los verdaderos profesionales que necesita el país.