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Editorial martes, 25 de septiembre de 2018
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Si un gran terremoto nos despertara…

Un sismo relativamente potente -5.2 en la escala Richter- sacudió un amplio territorio de la Línea Noroeste y gran parte de la cordillera Septentrional y del Cibao.

Tras este remezón en la madrugada del domingo que dejó daños menores a la infraestructura y ninguna víctima o herido registrado, una veintena de réplicas de escala descendente mantienen activas o en reacomodamiento las placas tectónicas que provocaron el primer sismo.

Exactamente 15 años atrás un terremoto de 6.5 grados en la escala Richter, con epicentro en Puerto Plata, remeció a la región dejando graves daños materiales en la infraestructura, al menos dos muertes y un centenar de heridos.

Aunque el vertiginoso desarrollo de la ciencia y la tecnología permiten realizar cálculos de probabilidades de ocurrencia de sismos en determinadas regiones y territorios, al día de hoy no es posible prevenir su irrupción con la precisión que se logra con fenómenos como huracanes, temperaturas extremas o períodos de sequía.

Esa incertidumbre constante obliga a las autoridades de países como República Dominicana, con fallas tectónicas importantes, totalmente identificadas y activas, tanto en toda la vertiente norte como sur de la Isla de Santo Domingo, a adoptar firmes decisiones en materia de diseño y supervisión de construcción de obras de infraestructura que garanticen la supervivencia de la población ante un desastre de gran magnitud.

Organismos de Naciones Unidas en materia de desastres han determinado que los edificios para escuelas, hospitales, cárceles, recintos militares, bomberos, universidades, puentes, elevados y pasos a desnivel, entre otras obras civiles, se pueden construir con mayor seguridad ante eventos sísmicos con solo elevar el presupuesto de los proyectos en un 3% de su costo.

Si evitar un colapso se logra con una inversión de seguridad de 3% sobre el valor total de una obra, tomar en cuenta esta prevención significa preservar la vida de la población y conservar construcciones que de no seguir este rigor, podrían derrumbarse y reconstruirlas costaría un dineral.

Ante los terremotos por venir -que no sabemos cuándo ocurrirán- lo correcto es construir las obras públicas con capacidad de resistirlos y supervisar que tanto estas como las privadas, se acojan a este tipo de protocolo para evitar desgracias y parálisis de la vida productiva de la nación.

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