Opinión

Contra el engaño y la falsedad

El dominicano está expuesto a que lo envenenen, lo intoxiquen o sufra un serio trastorno en su salud ante la voluminosa presencia en el mercado de productos adulterados, sean estos comestibles, medicinales o farmacológicos, que se venden sin control.

Sufre también el bolsillo, porque paga por cualquiera de esos productos un valor que no tiene, ya sea adquiriendo alimentos refrigerados a los que les infl an el peso, o granos, como el arroz y las habichuelas, en cuyos envases mezclan partículas sanas con podridas.

La exposición a daños a la salud al ingerir medicamentos sin registro sanitario, preparados con fórmulas no aprobadas por ninguna autoridad, es casi la misma en el caso del consumo de lácteos, comestibles y otros productos que acusan descomposición e intoxican a alumnos de escuelas públicas.

La lista de productos falsifi cados o adulterados que se comercializan en el mercado dominicano es amplia como elocuente para motivar a las autoridades, y al consumidor mismo, a unirse en una campaña contra el engaño y la falsedad.

Hay que tomar en serio este problema, del que tal vez mucha gente no se haya percatado salvo cuando tiene la amarga experiencia de sentir malestares, vómitos, diarreas, intoxicación o envenenamiento, tras el consumo de alguno de estos productos.

Toda una maquinaria de empacadores de insumos traídos al país después de ser desechados en fábricas extranjeras se encuentra activa reenvasando esas porquerías y vendiéndoselas al público como si se tratara de originales, como ocurre con los pañales desechables de niños, causantes de infecciones e irritaciones.

Contra toda esa estructura de engaño y falsedad tiene que levantarse la sociedad, denunciando ante Pro Consumidor o el Ministerio de Salud Pública los productos sospechosos de ser adulterados o en estado de vencimiento, a fi n de motivar la acción pública frente a estas mafi as que juegan con la salud y la vida de los dominicanos.

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