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Descarnado retrato de nuestros males

Violencia e inseguridad no son simples consecuencias de la impunidad y los hechos delictivos. La Iglesia Católica dominicana, a través de su órgano mayor, la Conferencia Episcopal, nos ha hecho ver todas las aristas de este fenómeno, en su último y profundo mensaje al país. La violencia y la inseguridad se enraízan en toda la sociedad y el factor predominante que las desencadena es la corrupción. Al examinar el problema desde el Estado, desde la economía, la sociedad, la familia, la cultura y el medio ambiente, se descubre que en esos ámbitos hay descalabros, actitudes y elementos que propician la violencia y la inseguridad y que ameritan ser enfrentados por todos nosotros. Se pudiera decir que cada uno de estos capítulos es, en sí mismo, una pastoral profunda. En ellos se recoge toda la esencia de las posiciones que ha emitido la Iglesia en sus cartas y mensajes en los últimos veinte años. Se trata de una magistral síntesis de la problemática de la violencia y la inseguridad, que ahora, sin dudas, está más agravada por el narcotráfico, por la impunidad, por la lenidad de algunos magistrados, por la cultura de la muerte que poco a poco se entroniza en varios escenarios, por la corrupción administrativa, pública y privada, y por la debilidad y descomposición que se observa en la familia, en la educación, la salud y la alimentación y en otras áreas de nuestra sociedad.

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