Enfoque
Verano preocupante

Aunque aún no ha llegado, el verano este año se perfila oneroso. Las bajas temperaturas del invierno en las zonas habitualmente templadas del planeta fueron una señal de lo que puede acontecer. En lugar de presagiar que el calor desde julio hasta octubre será moderado, lo que hacen pensar es que continuará rompiendo los récords anteriores. Lo que estamos y estaremos teniendo es un clima con extremos cada vez más agudos.
Para nosotros ese proceso se traduce en un consumo de electricidad con niveles veraniegos muy elevados, lo que su vez implica mayor demanda de petróleo, carbón y gas para generar la energía requerida. Como es improbable que encontremos quien nos regale dichos combustibles, todo eso significa que necesitaremos más dólares para poder comprarlos.
Dado que el precio del dólar en pesos ha estado aumentando y que las reservas de dólares deben ser protegidas, es recomendable acentuar la búsqueda de mecanismos para ahorrar energía. No es una tarea fácil de llevar a cabo, al estar el consumo estrechamente vinculado con los hábitos de vida, la estructura productiva y el tipo de medios de transporte. Pero es una tarea prioritaria pues los patrones climáticos extremos no son un evento transitorio sino que están ahí para quedarse y agravarse año tras año.
La situación se complicaría mucho más si tuviéramos la mala suerte de que alguna tormenta o huracán nos visitara y provocara daños en las plantas generadoras o las redes de distribución de electricidad. En ese caso a la presión por el valor de los combustibles se sumaría la disminución en la posibilidad de suplir la energía demandada. Habría entonces que establecer prioridades y tomar decisiones difíciles respecto de a cuáles sectores se le suple la energía y por cuánto tiempo.
Establecer procedimientos eficaces para economizar energía es un objetivo muy arduo en un contexto como el nuestro, en el que cerca de la mitad de la electricidad que se genera no se cobra. Uno de los mayores incentivos que alguien tiene para ahorrar en el consumo de un producto es el precio que debe pagar para conseguirlo. Si no paga nada, su motivación para ahorrar decae significativamente, razón por la que mucho dependerá de la capacidad y disposición para reducir la sustracción de energía, aparte de poder disminuir también las pérdidas causadas por las deficiencias en las redes. Todo ello implica invertir en contadores, equipos de control, cables y otros componentes.
Modificar horarios de trabajo, limitar actividades y otras medidas para bajar el uso de energía y combustibles suele despertar reacciones adversas, y sería aventurado confiar en que argumentos patrióticos vayan a hacer cambiar de actitud. Ahorrar dinero y tiempo son razones mucho más convincentes. Si emergieran situaciones de escasez y costos que afectaran el bienestar y las ganancias, podría ser que llegáramos a ver los cambios como un mal menor, aunque fuese con gran renuencia.