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Francia enfrenta semana clave para impopular reforma de las pensiones

Foto de AFP.

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Francia inicia el lunes una semana importante en el pulso sobre la impopular reforma de las pensiones, una medida crucial para el presidente centrista Emmanuel Macron que los sindicatos están decididos a detener.

El 10 de enero, la primera ministra Élisabeth Borne confirmó la noticia: el gobierno quiere que la edad de jubilación pase de 62 a 64 años para 2030 y el período de cotización para una pensión completa de 42 a 43 años para 2027.

Desde entonces, la tensión es creciente. El 31 de enero, más de 1,27 millones de personas --el doble según los sindicatos-- participaron en las protestas más numerosas contra una reforma social en tres décadas.

Y, cuando el proyecto enfrenta a partir del lunes la primera prueba de fuego en el Parlamento, el frente sindical recrudece la presión con dos nuevas protestas: martes y sábado.

La circulación de los trenes volverá a estar "fuertemente perturbada" el martes según la empresa ferroviaria estatal SNCF.

Apenas circularán uno de cada dos trenes de alta velocidad y 3 de cada 10 trenes regionales, precisó.

En París, la capital, el metro y los trenes regionales verán también reducidos su frecuencia.

El líder del sindicato CFDT, Laurent Berger, llamó este domingo a participar en ambas, aunque reconoció la dificultad a hacer de nuevo huelga el martes, ya que los trabajadores pierden el sueldo correspondiente.

Pero "el sábado 11, el desafío es que la gente salga a la calle, que haya un movimiento popular, masivo", agregó Berger en declaraciones a la radio France Inter.

Berger señaló que sería un "error democrático" no escuchar el rechazo mayoritario de los franceses.

Cuenta atrás parlamentaria

La Asamblea (cámara baja) inicia el lunes el debate en pleno de la reforma que busca paliar un déficit en la caja de las pensiones de 13.500 millones de euros (14.600 millones de dólares) en 2030, según el gobierno.

"Nuestro sistema [de reparto] está amenazado", reiteró Borne en el diario Le Journal du Dimanche, esperando lograr una mayoría parlamentaria gracias a Los Republicanos (LR, derecha), ante el rechazo de la ultraderecha y la izquierda.

El gobierno no descarta ahora fijar en 63 años la edad de jubilación para quienes empezaron a trabajar a los 20-21 años, una concesión a ese partido opositor que aumenta sus exigencias a medida que se recrudece la presión popular.

Pero los votos de LR podrían no ser necesarios. El gobierno escogió un procedimiento que limita los días de debate y que junto a las 20.000 enmiendas presentadas sobre todo por la izquierda vuelven casi imposible que se llegue a votar.

Los diputados deben pronunciarse antes del 17 de febrero, cuando la reforma pasa al Senado. Si para el 26 de marzo, las dos cámaras del Parlamento no han votado, el gobierno puede adoptarla por ordenanza.

Esta decisión podría aumentar la imagen de autoritario de Macron, de 45 años, que permanece en un segundo plano y dejó a Borne y a su ministro de Trabajo, Olivier Dussopt, al frente.

"Conflicto laboral pospandémico"

Encargado de defender la reforma en el Parlamento, Dussopt se encuentra debilitado en un momento clave, ya que la justicia confirmó esta semana su imputación por "favoritismo" cuando era alcalde de Annonay (sureste).

En privado, los aliados de Macron esperan la adopción rápida de un proyecto impopular que acaba con una de las edades de jubilación más bajas de Europa, y una aceptación a regañadientes, a expensas de la duración de la movilización.

Desde su llegada al poder en 2017, el presidente ha afrontado una importante protesta social --"chalecos amarillos"-- y una fuerte oposición a su primer intento de reformar las pensiones, que la pandemia le obligó a aparcar.

Y ahora, "no sólo la oposición a la reforma es muy mayoritaria [dos de cada tres franceses, según los sondeos NDLR], sino que aumenta", dijo en la cadena France 5 el politólogo Bruno Cautrès.

Para el experto, Macron busca proyectarse en el período posreforma con medidas "sociales" centradas en la formación profesional, la remuneración de los funcionarios y la "nueva relación con el trabajo" para calmar los ánimos.

Pero, para el líder de la CDFT, la visión del gobierno "no cambió" pese a que la población cuestiona cada vez más la relación vida-trabajo desde el covid-19. El rechazo a la actual reforma es "un conflicto laboral pospandémico", advirtió.