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Independientemente a la justeza de sus reclamos, el llamado a paro por aumento salarial hecho por la Asociación de Profesores (ADP) para el día de mañana es un acto inaceptable e indolente que afecta a más de 2 millones y medio de estudiantes del sector público.

Una insolencia que amén de violar la Constitución también rompe – de nuevo- el acuerdo firmado con el Gobierno en julio del año pasado cuando, entre sonrisas y conquistas, el sindicato se comprometió a garantizar de manera efectiva el cumplimiento del calendario y el horario escolar sin hacer huelgas encubiertas.

Pese a que no le ha tocado gobernar con el mejor de los entornos ni con las brisas presupuestarias a su favor, el presidente Luis Abinader no ha sido indiferente con los maestros. Les ha incrementado sus salarios así como los montos a las pensiones y ha fortalecido su seguro médico entre otras reivindicaciones.

De hecho, hoy el sueldo de los maestros supera los 63 mil pesos por tanda, lo que si bien sigue siendo insuficiente, ha sido incrementado en un 50 por ciento en este gobierno. Sin embargo, nada de eso cuenta a la hora de paralizar la docencia de una manera tozuda, política y chantajista.

Aun reconociendo que la forma del ministro (psicorígido, altanero y prepotente) no es la mejor, vale destacar que el Ministerio de Educación ha hecho propuestas de negociación a la ADP pero pide –con razón- que no se sigan interrumpiendo las clases.

Ojalá y que la sensatez haga entrar en razón a los sindicalistas para que entiendan que si sus reclamos los hicieran cívicamente y en días no laborables, esa misma sociedad que rechaza sus inadecuadas formas, los estuviese apoyando y acompañando.