FUERA DE CAMARA

Era previsible... Así ha sido siempre el PRD

César Medina

Hasta la medianoche del sábado y en las primeras horas del domingo, se hicieron todos los esfuerzos imaginables para evitar un enfrentamiento que era previsible. Y que afortunadamente no terminó con varios muertos.

De nada valieron los llamados a la sensatez, a la cordura, a la inteligencia de los actores de este drama...

Puede decirse que prácticamente no durmieron el ministro de lo Interior, el jefe de la Policía y algunos de los más allegados funcionarios del Presidente Danilo Medina.

Por un lado Hipólito Mejía exigía que la Policía no interviniera... Por el otro lado, Miguel Vargas reclamaba que la Policía controlara la paz y el orden público mientras se celebrara la reunión del CEN.

Y las autoridades entre dos fuegos, mientras Agripino se demarcó del conflicto y el cardenal no apareció por parte en la noche del sábado.

El último esfuerzo se hizo cuando el ministro José Ramón Fadul y el jefe de la Policía, Polanco Gómez, llamaron a los jefes de la seguridad de ambos líderes perredeistas, el mayor general retirado Rafael Guerrero Peralta, de Miguel, y general Carlos Díaz Morfa, de Hipólito, a una reunión que se prolongó por varias horas y que terminó sin ningún acuerdo.

Al final llegó la frase de resignación: “Entonces, vamos a encomendarnos a Dios...”

...Y llegó lo esperado
Miguel Vargas convocó a su gente para que estuvieran tempranito en la mañana. Y antes de las 8:00 habían llegado casi todos y se registraron como miembros del CEN.

Afuera, en tanto, se iba aglomerando la gente de Mejía. Y cuando faltando algunos minutos para las 9:00 se dio por concluido el pase de lista y se pretendió sellar la entrada, ahí mismo se armó el reperpero.

Miguel Vargas llegaba en ese momento e intentó ingresar a la Casa Nacional por la entrada lateral de la Sarasota para evitar la rechifla de los hipolitistas, pero en ese mismo momento se escucharon los primeros disparos.

Las imágenes de televisión que se difundían en vivo proyectaron un espectáculo penoso en una organización política con 74 años de existencia, pero acostumbrada a los tumultos y a dirimir sus diferencias de forma violenta.

Jamás, sin embargo, se había visto semejante espectáculo, en que un grupo vociferante, armado y con bombas molotov, ocupaban su Casa Nacional en medio de un tiroteo.

Tal vez es prematuro entrar en juicio de valor sobre estas ocurrencias. Los hechos fueron evidentes y algunos canales de televisión difundieron imágenes que los describen, cómo empezaron, quién los estimuló y la forma en que se produjeron.

Sin ninguna duda la situación se manejó con mucha prudencia de parte de los equipos de seguridad de la Casa Nacional perredeista. De haberse disparado directamente a la turbamulta, la situación haría sido otra.

Dicen que el propio Miguel Vargas dio instrucciones para que sus seguidores abandonaran la sede partidaria por el lateral de la Sarasota cuando se perdió el control de la situación. De esa forma se evitó una matanza.

Frente a lo legal
Este episodio en la vida institucional del PRD lo coloca ante un conflicto legal que irá mucho más allá de los disturbios de ayer.

El Tribunal Superior Electoral ha favorecido los argumentos del sector institucional que encabeza Miguel Vargas validando las sanciones disciplinarias contra Mejía y tres de sus seguidores, Bautista, Jorge, Vásquez.

Los acontecimientos de ayer alejan definitivamente cualquier solución negociada, por lo que sólo queda en juego los símbolos partidarios.

Los locales, incluyendo la Casa Nacional, es lo menos significativo a juzgar por los antecedentes de estas luchas eternas de grupos a lo interno del PRD.

En su primera división, en el 1973 cuando Bosch abandonó el partido y formó el PLD, el PRD perdió la Casa Nacional de la Independencia con Cervantes; en su última división del 2002, Hatuey De Camps se quedó con la Casa Nacional de la Bolívar... Y en este momento la situación de la Casa Nacional de la Churchill es indefinida.

Lo que definitivamente ha quedado sellado en el PRD es su división en dos mitades.

¡Se rompió la taza...!