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1 Agosto 2014, Santo Domingo, República Dominicana, actualizado a las 1:34 AM
Puntos de vista 22 Diciembre 2012
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Para poder felicitarnos 
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Yvelisse Prats Ramírez De Pérez
yvepra@hotmail.com

La Navidad hace un sitio para acoger la nostalgia; de los que amamos y se marcharon primero, y de formas y costumbres de celebrar la fecha en una tibia atmósfera hogareña de lerenes y pastelitos hechos en casa.

Porque lo dice Benedetti: “La desdicha/nos permite recordar lo mejor del pasado y sus luces”, la angustia del año que concluye entre sombrías perspectivas nos acentúa la añoranza del pasado como si quisiéramos meternos en una cueva familiarmente conocida, protegiéndonos del fin del mundo que pronosticaron las cábalas para ayer viernes 21.

Lo que sí parece cierto, también lo confirma Benedetti, es que en el mundo, en estos días finales del año 2012, “más allá del destino hay una equis/ que no hay ecuación que la despeje”. 

Solo con mucha fe, en Dios sobre todo que nace precisamente en estos días, y en nosotros mismos, asumiéndonos en el “nosotros” colectivo que implica una reflexión y una acción comunes, podremos intentar sacudirnos de la añoranza que nos paraliza, o del vértigo en que nos anonadamos para escapar del antaño y del  hogaño, y vislumbrar e impulsar un proyecto alternativo de futuro, despejando la incógnita. 

Es difícil, lo sé. Junto al poeta, lo siento a veces inasible, en mi impotencia iracunda; lo percibo en los ojos ingenuos de nietos y bisnietos que me preguntan lo que no puedo contestarles: ¿Por qué tanto miedo a salir a la calle? ¿Por qué hay otros niños como yo que andan descalzos y pidiendo en las esquinas? ¿Por qué no me dejas a veces leer el periódico o ver televisión? ¿Por qué me miras como si estuvieras llorando?

Igualmente me descorazona pensar en el “después” que les espera a los jóvenes a quienes estamos legando un amasijo de confusión y soledades. Los juzgamos mal, no intentamos conocer ni reconocer su cultura, los homogenizamos burdamente para sentenciar y condenar su generación solo por el naturalísimo hecho de que son diferentes a nosotros, también el país y la bolita del mundo son distintos.

Niños y jóvenes son, las dos cortes más victimadas, paradójicamente, cuando debieran ser, tienen que ser, lugares comunes aparte, los dueños de la vida, de sus vidas.

Y frente a nuestro fracaso en construirles por lo menos un rinconcito protegido hecho con un pedazo de lo que fue nuestra utopía, siento que la desesperación, la pena y la admisión de la culpa, no son suficientes.

Hay que ponerse, de nuevo, en marcha, canosos y sofocados, para buscar soluciones que permitan que nuestros niños y nuestros jóvenes recuperen su derecho a creer y a soñar.

Cauterizando nuestras heridas, en vez de lamerlas mirando hacia el pasado y antes de despedirnos como generación, propongámonos hacer lo imposible: que las promesas como las que hizo el presidente Medina en La Barquita no se  burlen como otras tantas; que las palabras de funcionarios y políticos dejen de ser interjecciones de amenazas, de agresión o soberbia (toda alusión a Miguel Vargas no es pura coincidencia); que los castigos merecidos se apliquen, las traiciones se condenen y se sancionen; que se combatan la delincuencia y la violencia raigalmente en sus hondas y dolorosas causas de inequidad y miseria y no con balas. 

Puesto que estamos vivos, somos responsables de muchos desatinos, unos más que los otros, por supuesto; las clases existen, los intereses y los escrúpulos varían, la intensidad de los sentimientos y de los valores también, según cada cual y para qué.

Pero precisamente porque varios de los que estamos aún con vida, cometimos menos dislates apostando por la ética nos corresponde la oportunidad de asumir el presente  con visión de futuro. Y eso significa, me gusta el verbo que ahora se usa tanto en pedagogía, INTERVENIR.

Diciembre concluye. ¿Qué nos quedará, después que las botellas se vacíen, los regalos se pongan a un lado, la caja de la limosna se consuma de un tirón y la melancolía del recuerdo deje paso a la crudeza del enero con reforma fiscal agregada?

Nos queda y nos conforta buscar en el mapa de nuestras viejas convicciones una ruta distinta, desafiante. Nos queda enfilarla, y repito como dije alguna vez, que “en la trinchera no se cuentan los años”, junto a los jóvenes, de mano con los niños, INTERVINIENDO, actuando. Para sentirnos y sabernos vivos, hasta que nos muramos. 

Pienso que enviar las proverbiales felicitaciones seria impúdico, no tenemos por qué congratularnos este año.

En vez del trivial “Felices Pascuas” dicho de espaldas a una realidad poco feliz, formulo esta incitación al combate sobre todo a mis compañeros de muchas batallas y muchos abrazos.

Para merecer que en Navidades Futuras, podamos felicitarnos. 

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