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ESTUDIO

Acceder a médula ósea para comerla hizo evolucionar la mano humana

La fuerza requerida para acceder al alto contenido calórico de la médula en huesos para alimentarse, pudo ser clave en la evolución de la mano humana y explicar las diferencias con la de los primates.

En un artículo en The Journal of Human Evolution, un equipo dirigido por el profesor Tracy Kivell de la Escuela de Antropología y Conservación de la Universidad de Kent concluye que, aunque la fabricación de herramientas de piedra siempre se ha considerado una influencia clave en la evolución de la mano humana, el acceso alimenticio a la médula ósea generalmente no.

Es ampliamente aceptado que la destreza única de la mano humana evolucionó, al menos en parte, en respuesta al uso de herramientas de piedra durante nuestra historia evolutiva.

La evidencia arqueológica sugiere que los primeros homininos participaron en una variedad de actividades relacionadas con herramientas, tales como el agrietamiento de las nueces, el corte de la carne, el rompimiento del hueso para acceder a la médula, y la fabricación de herramientas de piedra. Sin embargo, es poco probable que todos estos comportamientos hayan influido igualmente en la anatomía moderna de la mano humana.

Para entender el impacto de estas diferentes acciones en la evolución de las manos humanas, los investigadores midieron la fuerza experimentada por la mano de 39 individuos durante diferentes comportamientos de herramientas de piedra: machacar nueces, adquisición de médula con un martillo, producción de hojuelas con martillo, y una herramienta de piedra tipo lasca para ver qué dedos eran los más importantes para manipular la herramienta.

Descubrieron que las presiones variaban según los diferentes comportamientos, y que el agrietamiento de las tuercas generalmente requería la menor presión mientras que las lascas y el acceso a la médula exigían las mayores presiones. En todos los diferentes comportamientos, el pulgar, el índice y el dedo corazón siempre fueron los más importantes.

El profesor Kivell dice que esto sugiere que la fuerza de chasquido de nueces puede no ser lo suficientemente alta como para provocar cambios en la formación de la mano humana, que puede ser la razón por la que otros primates son hábiles chascadores sin una mano humana.

Por el contrario, la fabricación de lascas de piedra y el acceso a la médula ósea pueden haber sido influencias clave en la anatomía de nuestra mano debido al alto estrés que causan en nuestras manos. Los investigadores concluyeron que comer médula, dado su beneficio adicional de alto poder calorífico, también puede haber desempeñado un papel clave en la evolución de la destreza humana.