siria
La caída de Assad es un golpe humillante para Rusia
Bashar Assad huyó apresuradamente a Moscú mientras su poder se desmoronaba durante una ofensiva relámpago de los rebeldes que sus principales aliados internacionales, Rusia e Irán, no pudieron contener.

El presidente ruso, Vladímir Putin, a la derecha, y el presidente sirio, Bashar Assad, observan la marcha de las tropas en la base aérea de Hemeimeem, en Siria, el 11 de diciembre de 2017.
Hace casi exactamente siete años, el presidente Vladímir Putin se plantó junto a las tropas rusas en su base aérea de Siria y declaró con orgullo la victoria sobre los “terroristas” en ese país. La declaración se produjo en el marco de la intervención militar que el Kremlin llevó a cabo para apuntalar al gobierno de Bashar Assad en medio de una guerra civil.
Este fin de semana, esos logros duramente ganados parecían un recuerdo lejano. Assad huyó apresuradamente a Moscú mientras su poder se desmoronaba durante una ofensiva relámpago de los rebeldes que sus principales aliados internacionales, Rusia e Irán, no pudieron contener.
El fracaso del Kremlin para prevenir la rápida caída de Assad ha expuesto los límites del poder de Rusia y ha dañado su influencia internacional en una etapa crucial de su guerra en Ucrania.
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