Europa

Las tropas ucranianas buscan consuelo en la fe y la oración

Con ropa de camuflaje, pesadas botas de invierno y una pequeña barba, Berezyk parece uno de los tantos soldados ucranianos que luchan contra las tropas rusas en la disputada región del Donbás.

Mykola Berezyk, conocido como "padre Mykola", dirige una oración en una casa de la región de Donetsk (Ucrania), el 22 de febrero de 2023. AFP

En el este de Ucrania, Mykola Berezyk se desplaza con un Lada 1600 para llevar la fe a todas partes. "Lo compré para poder ser más móvil, para ir al frente a rezar con los soldados", cuenta este capellán de la Brigada de Asalto Aéreo 95.

Con ropa de camuflaje, pesadas botas de invierno y una pequeña barba, Berezyk parece uno de los tantos soldados ucranianos que luchan contra las tropas rusas en la disputada región del Donbás.

Pero el "padre Mykola" no lleva una ametralladora: su única protección es una pesada cruz de plata de tres brazos colgada alrededor del cuello.

Del maletero del Lada azul, saca una fuente de agua bendita de peltre, un paquete de velas y una bolsa de cuero negro que contiene una Biblia.

Berezyk, de 28 años, explica que sintió una llamada espiritual al sacerdocio hace diez años, cuando comenzó a ir a misa con la esperanza de encontrar un sentido a la vida.

Antes de consagrarse a la iglesia ortodoxa ucraniana, fue constructor durante cinco años y luego entró en una unidad de artillería del ejército durante tres años, hasta 2020.

Cuando Rusia invadió Ucrania el año pasado, se encontró de nuevo en primera línea. En agosto, resultó herido por metralla que se quedó a solo dos centímetros de su corazón.

Cuando estaba en el hospital recuperándose tuvo una "revelación" y decidió que su deber era ahora guiar a sus hermanos de armas.

"La guerra nos ha demostrado que no basta con alimentar y equipar a los soldados y darles armas", dijo a la AFP. "Ellos también necesitan apoyo espiritual."

"Un peso en el alma"

Un grupo de paracaidistas exhaustos regresan del frente hacia la casa donde están alojados y se quitan los gorros en una señal de respeto.

En el salón, el padre Mykola, ahora con una túnica negra de sacerdote cubierta de ornamentos bordados en rojo y oro, saluda a la improvisada congregación.

"El mundo entero debe saber que no luchamos solo con fusiles, sino con la palabra de Dios", afirma. "Luchamos en el campo de batalla con el corazón y el alma".

Los soldados se arrodillan mientras el humo del incienso llena la habitación, leen pasajes de la Biblia y el sacerdote reza por la paz.

Apoyados contra la pared están los chalecos antibalas y los fusiles de los soldados.

"Tikhiy", un soldado de 37 años, lleva unos cuantos adornos navideños y juguetes infantiles metidos en los bolsillos para que le den suerte y asegura que la oración antes de la batalla "te hace sentir completamente tranquilo".

"Después de luchar, es como si te hubieran quitado un peso del alma", dijo otro soldado, "Zalizny", de 28 años.

Mientras los paracaidistas se meten en sus sacos de dormir, otra unidad se prepara para volver al frente.

Esta vez, las oraciones son al aire libre, bajo el techo de un cobertizo exterior.

"Cook", un soldado de 40 años, cree que estas ceremonias son una parte importante de la batalla por Ucrania.

"Sé que Ucrania se salvará", afirma. "Es muy duro, pero resistiremos".

El padre Mykola explica que ha tenido tiempo para reflexionar sobre la espinosa cuestión de quebrantar uno de los mandamientos centrales del cristianismo: "No matarás".

Él cree que las tropas ucranianas tienen justificación moral porque están defendiendo a su familia, a sus amigos y a su país. Dios está "siempre del lado de la verdad y... también de los justos", asegura.

"Hay acontecimientos en la historia en los que el ejército más débil vence al más fuerte con la ayuda de Dios, porque es la voluntad de Dios", afirma.

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