Europa

Putin declara la victoria en la batalla por Mariúpol

El presidente ruso Vladimir Putin declaró la victoria el jueves en la batalla por Mariúpol a pesar de que se calcula que unos 2.000 combatientes ucranianos siguen atrincherados en una gigantesca fábrica de acero, y ordenó a sus soldados que no ataquen el bastión sino que lo aíslen “para que no pase ni una mosca”.

Putin expresó su preocupación por la vida de los soldados rusos al decidir no enviarlos a desalojar la extensa planta siderúrgica de Azovstal, donde los acérrimos defensores se ocultan en un laberinto de pasillos subterráneos.

El mandatario hizo sus comentarios en un momento en que imágenes satelitales mostraron más de 200 nuevas tumbas dentro de un pueblo donde, según las autoridades ucranianas, los rusos han estado enterrando a los residentes de Mariúpol que han fallecido en los combates. Las imágenes, procedentes de Maxar Technologies, muestran largas hileras de tumbas que se extienden desde un cementerio ya existente en el poblado de Manhush, en las afueras de Mariúpol.

El alcalde de Mariúpol, Vadym Boychenko, acusó a los rusos de “ocultar sus crímenes militares” al llevarse los cuerpos de los civiles de la ciudad y enterrarlos en Manhush.

Después de casi dos meses de bombardeos letales que han reducido en gran medida a Mariúpol a unas ruinas humeantes, las fuerzas rusas parecen controlar el resto de la estratégica ciudad del sur, incluido su vital puerto, el cual se encuentra muy dañado.

Pero unos pocos miles de soldados ucranianos, según estimaciones de Moscú, han resistido obstinadamente durante semanas en la planta siderúrgica, a pesar de los ataques de las fuerzas rusas y de las repetidas exigencias para que se rindan. Unos 1.000 civiles también están atrapados allí, según funcionarios ucranianos.

En lugar de enviar soldados para acabar con los defensores en un asalto frontal potencialmente sangriento, Rusia parece tener la intención de mantener el asedio y esperar a que los combatientes se rindan cuando se queden sin alimentos o municiones.

Boychenko rechazó cualquier idea de que Mariúpol haya caído en manos rusas.

“La ciudad era, es y sigue siendo ucraniana”, declaró. “Hoy nuestros valientes guerreros, nuestros héroes, están defendiendo nuestra ciudad”.

La toma de Mariúpol representaría la mayor victoria del Kremlin hasta ahora en la guerra de Ucrania. Ayudaría a Moscú a asegurar una mayor parte de la costa, a completar un puente terrestre entre Rusia y la península de Crimea —de la que se apoderó en 2014— y a liberar más fuerzas para unirse a la batalla de mayor tamaño y potencialmente mayores consecuencias que se está librando por el Donbás, el corazón industrial del este de Ucrania.

En una comparecencia conjunta con el ministro de Defensa ruso, Sergei Shoigu, Putin declaró: “La finalización de los trabajos de combate para liberar Mariúpol es un éxito”, y felicitó a Shoigu.

Shoigu pronosticó que la planta siderúrgica podría ser tomada en tres o cuatro días, pero Putin dijo que eso sería “inútil” y pondría en riesgo vidas rusas.

“No hay necesidad de subir para meterse a estas catacumbas y arrastrarse bajo tierra a través de estas instalaciones industriales”, señaló el mandatario ruso. “Bloqueen esta zona industrial para que no pase ni una mosca”.

La planta cubre 11 kilómetros cuadrados (4 millas cuadradas) y cuenta con unos 24 kilómetros (15 millas) de túneles y búnkeres.

“La agenda rusa ahora no es capturar estos lugares realmente difíciles donde los ucranianos pueden resistir en los centros urbanos, sino intentar capturar territorio y también rodear a las fuerzas ucranianas y declarar una gran victoria”, dijo el contralmirante británico retirado Chris Parry.

Desde hace semanas, funcionarios rusos han dicho que capturar la región del Donbás, mayoritariamente de habla rusa, es el principal objetivo de la guerra. Las fuerzas de Moscú abrieron la nueva fase de los combates esta semana a lo largo de un frente de 480 kilómetros (300 millas) desde la ciudad nororiental de Járkiv hasta el Mar de Azov.

Aunque Rusia continuó con sus intensos ataques aéreos y de artillería en esas zonas, no pareció ganar terreno significativo en los últimos días, según analistas militares, que dijeron que las fuerzas de Moscú seguían intensificando la ofensiva.

Un alto funcionario de defensa estadounidense, que habló a condición de guardar el anonimato para poder declarar sobre la evaluación del Pentágono, dijo que los ucranianos estaban obstaculizando el esfuerzo ruso para avanzar hacia el sur desde Izyum.

Varios cohetes cayeron sobre un barrio de Járkiv el jueves, y al menos dos civiles murieron quemados en su coche. Una escuela y un edificio residencial también fueron alcanzados, y los bomberos intentaron apagar un incendio y buscar si había alguien atrapado.

Mientras tanto, naciones occidentales se apresuraron a enviar armas pesadas a Ucrania para ayudarla a contrarrestar la ofensiva en el este.

El presidente estadounidense Joe Biden anunció ayuda militar adicional por 800 millones de dólares, que incluye artillería pesada, 144.000 cartuchos y aviones no tripulados. Pero también advirtió que los 13.600 millones de dólares aprobados el mes pasado por el Congreso para ayuda militar y humanitaria están “casi agotados” y se necesitarán más.

En total, se cree que más de 100.000 personas están atrapadas con poca o nada de comida, agua, calefacción o medicinas en Mariúpol, cuya población antes de la guerra era de unos 430.000 habitantes. Más de 20.000 personas han muerto en el asedio, según las autoridades ucranianas.

La ciudad ha acaparado la atención mundial por ser el escenario de algunos de los peores sufrimientos de la guerra, incluyendo ataques letales sobre un hospital de maternidad y un teatro.