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Las Mundiales martes, 02 de junio de 2020

Héroes en Terreno

Gonzalo Navarrete: “La gente hoy en Chile se está movilizando por comer y poder tener ingresos y eso es bastante peligroso”

  • Gonzalo Navarrete: “La gente hoy en Chile se está movilizando por comer y poder tener ingresos y eso es bastante peligroso”
Kenny Cabrera
España

Las últimas dos semanas de pandemia no dan tregua a Chile, que se ha convertido en el tercer país con más casos de contagios de Covid-19 de América Latina, después de Brasil y Perú, superando los 100,0000 casos positivos y más de 1.000 fallecidos, a la fecha de la publicación de esta entrevista. En el último informe del Ministerio de Salud, del pasado lunes, se sumaron 5.471 casos nuevos que han elevando la cifra total a 105.159, desde el inicio de la pandemia.

Como si fuera poco, los efectos socioeconómicos de la crisis empiezan a golpear fuertemente al país suramericano, que tras más de dos meses de confinamiento –para algunas comunas obligatorio– muchas personas de los barrios marginados se han manifestado en las calles pidiendo “comida” y “trabajo”, pese a que el Gobierno prometió la entrega de 2,5 millones de canastas de alimentos, que aparentemente llegan con mucho retraso. Mientras tanto, bajo el polémico lema de “La nueva normalidad” o el plan de “Retorno seguro”, el presidente del país, Sebastián Piñera, apuesta por reanudar la actividad económica y escolar en el momento más álgido de la pandemia.

El primer caso en Chile se registró el 3 de marzo. Entonces, Piñera aseguró que el Sistema de Salud Público del país, uno de los mejores de la región y el primero de Latinoamérica, estaba preparado para la crisis sanitaria. Hoy las camas se encuentran al 95% de ocupación en la metrópoli, donde se concentra el foco de la pandemia, y el descontento de la gente se deja sentir. ¿Qué ha pasado entonces? ¿Por qué hoy Chile se ha convertido en el tercer epicentro de la pandemia en América Latina?

Para responder a estas preguntas hablamos con el doctor Gonzalo Navarrete, quien es médico pediatra de la Universidad de Chile y magíster en Gestión Pública. Fue alcalde de la comuna (municipio) de Lo Prado por tres periodos entre 2004 y 2016. Se ha desempeñado como subdirector médico del Servicio de Salud Metropolitano Sur, director del Instituto de Salud Pública y subsecretario de Salud en el gobierno del presidente Ricardo Lagos, responsable del Instituto de Salud Pública en el primer Gobierno de Michelle Bachelet. Además, lideró la Comisión de Salud y luego la Comisión de Educación de la Asociación Chilena de Municipalidades. Presidió la directiva del Partido por la Democracia entre 2016 y 2018. Actualmente es jefe del Servicio de Neonatología del Hospital El Pino de San Bernardo, donde su planta se ha habilitado para atender a adultos contagiados, debido al déficit de camas críticas y de camas de la Unidades de Cuidado Intensivo (UCIS).

P. ¿Qué pensó la primera vez que escuchó hablar del Covd-19 como una epidemia que sucedía en China?

R. Para ser sincero lo vi como una cosa lejana, algo parecido a la epidemia del H1N1, o algo parecido a lo que puede ser la gripe aviar, cosas que son de cuidado, pero que no tienen una extensión planetaria, y que si llegaba a nuestro país iba a ser relativamente manejable, como la epidemia de la influenza. En Chile todos los inviernos tenemos las Unidades de Cuidados de Urgencias llenas, sobre todo en pediatría por el virus respiratorio, la influenza, el adenovirus…etc.  Por lo tanto, pensamos que íbamos a tener una crisis parecida, sólo que un poco mayor a la normal. Estábamos acostumbrados a crisis sanitarias más bien de niños. Creo que una buena parte de nosotros no sospechó que esto tendría una dimensión planetaria, fundamentalmente en adultos, con el alto grado de mortalidad y letalidad que tiene.

P. ¿En qué preciso momento tomó conciencia de la dimensión de lo que se nos avecinaba globalmente?

R. Dos instantes: Uno, cuando los chinos arman un hospital de mil camas, uno intuye que algo distinto está pasando porque una epidemia como el H1N1 no había requerido ese nivel de despliegue anteriormente.; y después, cuando empieza el tema en Europa, donde uno aprecia datos de mortalidad y letalidad bastante preocupantes. Diría que, en Chile, recién a finales de febrero, se empezó a ver una cierta consciencia de que esto (el Covid-19) era mucho más importante de lo que estábamos percibiendo inicialmente.

                                                                                                         

P.  Al día de hoy (fecha de la publicación de esta entrevista) Chile es el tercer país de América Latina en contagios por el nuevo patógeno ¿Cuáles son los principales errores que se han cometido para llegar al estado actual?

R. Diría que el principal error es que el Gobierno entendió la estrategia como una estrategia de cuidado intensivo y uso de ventiladores. Todo lo que se preparó al inicio fue aumentar las camas de la UCI y aumentar la capacidad de ventilar a pacientes críticos. Se miró la pandemia como aquello que iba a producir muertes. Teníamos que preparar el sistema de salud, que es cierto que estaba completamente colapsado y que tenía posibilidad de atención de adultos críticos en aquel momento, pero se descuidó. Hoy día estamos pagando la expansión de la pandemia porque el rol de la atención primaria, el rol del testeo masivo, y el rol del apoyo a las personas para que se queden en casa, estuvo completamente subvaluado.

La segunda dimensión del problema es que la pandemia tiene un componente sanitario, pero tiene también un componente económico-social que hay que tratar al mismo tiempo. Chile tiene una alta cultura de salud pública; hemos tenido muchas epidemias, desde el cólera en adelante, y las hemos controlado a tiempo, pero eso se ha logrado porque la gente entendía que tenía que quedarse en casa y tenía los recursos o ayuda para ello.

P. No obstante, la mortalidad en Chile es muy baja comparado con el nivel de contagio y el resto de países que lideran la curva de la pandemia.

R. Eso tiene dos posibilidades de explicación: la primera es que, de momento, sólo cerca de un 27% a 28% de los hospitalizados en las UCIS son personas mayores de 65 a 70 años. Estamos hablando de que el resto de la población contagiada tiene un poco más de defensas; y la segunda que, probablemente, hay un cierto subregistro porque para poder colocar el diagnóstico del certificado de defunción con Covid-19, tenía que tener una PCR positiva. Recién hace una semana se cambió el sistema de registro y ahora con una clínica, con un scanner sugerente y/o con una historia de enfermedad respiratoria, puedes colocar el diagnóstico de Covid-19 como causa de muerte.

P. Usted habla de la falta de testeo, pero tengo entendido que Chile es uno de los países que más test ha realizado a la población de la región.

R. Sí, lo que pasa es que empezamos bastante más tarde de lo que la pandemia requería, que es parte del debate; porque si tu hubieras partido desde el principio con un testeo amplio- masivo, y aparte del testeo aplicas un dispositivo para que aquel que estuviera positivo se quedará efectivamente en su casa, y además se hubiesen rastreado los contactos… pero eso no se hizo. Después de mucha discusión logramos ampliar la capacidad de testeo.  Allí la principal razón es que esta falta de mirada de atención primaria, no comunitaria, no de salud pública, extrahospitalaria, fue la que de alguna manera falló, y cuando se intentó aumentar es porque teníamos la dificultad de la red de laboratorio. 

Esta actuación tiene una razón muy específica, y es que la salud pública en Chile, durante mucho tiempo, ha estado con poca inversión y la verdad es que al principio no se integró la red de laboratorios privados que permitieran ampliar el testeo. También tuvimos una dificultad transitoria con respecto al tema de los insumos de los testeos, porque el laboratorio que los proveía se quedó sin stock. Lo último, es que ha habido un problema de mala gestión porque el sistema de gestión sanitario está extraordinariamente centralizado, los actores sociales recién hace unas semanas empezaron a tener la capacidad de ser escuchados. Tenemos un Gobierno y un Ministro de Salud (Jaime Mañalich) con una cultura muy autocrática. De hecho, antes de que empezara el pico, el Gobierno transmitió un discurso de una cierta seguridad. Los que están hoy en el poder son pura gente del mundo hospitalario privado, por lo tanto, lo que entienden es el concepto del negocio de la atención sanitaria rentable.

P. Las protestas han vuelto a las calles chilenas en medio de la pandemia ¿Cuáles son las diferencias entre las protestas de octubre 2019, que colocaron a su país en la mirada internacional, frente a las manifestaciones actuales?

R. Estas protestas de hoy no tienen el carácter político que tenían las anteriores, que exigían las grandes reformas estructurales; sino que están focalizadas en barrios pobres, fundamentalmente motivadas por la desesperación entorno al futuro cercano. Las protestas anteriores estaban con una mirada política y se realizaban en el centro de la ciudad. La gente hoy se está movilizando por lo más básico, que es la posibilidad de comer y poder tener ingresos, y eso es bastante peligroso y hace una diferencia muy compleja.

Si el Gobierno sigue cometiendo el mismo error entorno a las transferencias monetarias para que la gente pueda comprar y no lo repara; y sigue, por consiguiente, apostando por la repartición de cajas de mercadería, la situación puede llegar a convertirse en un cóctel muy peligroso las próximas semanas. La verdad es que han cometido errores muy complejos al no conocer la realidad poblacional. Aquí el Gobierno hace un diseño parecido al de “la nueva normalidad” y lo que están haciendo es sacar rédito político a la pandemia.

P. ¿Qué riesgos corre su país con la anunciada desaceleración del aislamiento?

R. No tenemos claro qué va a pasar. Pienso que no tenemos la posibilidad de salir de la cuarentena antes de dos semanas, porque aquí la conducta no ha sido la que uno veía en los países europeos, en donde no había nadie en la calle.  No creo que baje la curva hasta finales de junio y espero que el tema de mortalidad lo podamos controlar. Hoy día la red pública de salud está saturada. La red privada está haciendo un esfuerzo de aumentar su capacidad porque afortunadamente el Gobierno ha entendido que red pública y red privada, en este momento, tienen ir de la mano. Pero si esto sigue entre 4,500 a 5000 contagios, el cinco por ciento de ellos se tendrían que ingresar, lo que implica entre 120 a 130 pacientes diarios en UCI. No tenemos capacidad para ello y de aquí a unos siete o diez días más, si no lo atajamos a tiempo, tendremos una crisis como la que vivieron Italia o Estados Unidos, que no tuvieron la capacidad de tratar a los pacientes críticos.

P. El sistema de salud chileno está compuesto por un sistema mixto de atención integrado por el seguro público, que se denomina FONASA, que es el Fondo Nacional de Salud, y uno privado denominado ISAPRE, Instituciones de Salud Previsional. ¿Qué papel juega en este momento el sector privado en la pandemia?

R. El Gobierno tomó una buena decisión hace un mes en que el comando del sector público y privado queda en mano del primero y, por lo tanto, las camas están disponibles en red para el conjunto de la población. Creo que ese es un cambio muy importante porque la separación en el sector público y privado era brutal en todo: en recursos, en salario y en gente. El sector público atiende al 82% de la población y tiene el 50% de los recursos, mientras que el privado atiende al 18% a 20% y maneja el otro 50% de los recursos, lo cual es una desigualdad brutal. El tema de los pagos era otro problema porque con la insuficiencia del sector público se compraban prestaciones al sector privado, pero al sector público le pagaban uno y al sector privado le pagaban 1.3 o 1.4, por tanto, era flor de negocio. El razonamiento es, “no amplío el sector público para que éste le pague al sector privado”, que en definitiva son los promotores del negocio de la salud.

P. Tengo entendido que ahora mismo la capacidad de camas en Chile está al 90% de su capacidad.

R.

Sí, lo que pasa es que empezamos bastante más tarde de lo que la pandemia requería, que es parte del debate; porque si tu hubieras partido desde el principio con un testeo amplio- masivo, y aparte del testeo aplicas un dispositivo para que aquel que estuviera positivo se quedará efectivamente en su casa, y además se hubiesen rastreado los contactos… pero eso no se hizo. Después de mucha discusión logramos ampliar la capacidad de testeo.  Allí la principal razón es que esta falta de mirada de atención primaria, no comunitaria, no de salud pública, extrahospitalaria, fue la que de alguna manera falló, y cuando se intentó aumentar es porque teníamos la dificultad de la red de laboratorio. 

Esta actuación tiene una razón muy específica, y es que la salud pública en Chile, durante mucho tiempo, ha estado con poca inversión y la verdad es que al principio no se integró la red de laboratorios privados que permitieran ampliar el testeo. También tuvimos una dificultad transitoria con respecto al tema de los insumos de los testeos, porque el laboratorio que los proveía se quedó sin stock. Lo último, es que ha habido un problema de mala gestión porque el sistema de gestión sanitario está extraordinariamente centralizado, los actores sociales recién hace unas semanas empezaron a tener la capacidad de ser escuchados. Tenemos un Gobierno y un Ministro de Salud (Jaime Mañalich) con una cultura muy autocrática. De hecho, antes de que empezara el pico, el Gobierno transmitió un discurso de una cierta seguridad. Los que están hoy en el poder son pura gente del mundo hospitalario privado, por lo tanto, lo que entienden es el concepto del negocio de la atención sanitaria rentable.

 

P. Las protestas han vuelto a las calles chilenas en medio de la pandemia ¿Cuáles son las diferencias entre las protestas de octubre 2019, que colocaron a su país en la mirada internacional, frente a las manifestaciones actuales?

R. Estas protestas de hoy no tienen el carácter político que tenían las anteriores, que exigían las grandes reformas estructurales; sino que están focalizadas en barrios pobres, fundamentalmente motivadas por la desesperación entorno al futuro cercano. Las protestas anteriores estaban con una mirada política y se realizaban en el centro de la ciudad. La gente hoy se está movilizando por lo más básico, que es la posibilidad de comer y poder tener ingresos, y eso es bastante peligroso y hace una diferencia muy compleja.

Si el Gobierno sigue cometiendo el mismo error entorno a las transferencias monetarias para que la gente pueda comprar y no lo repara; y sigue, por consiguiente, apostando por la repartición de cajas de mercadería, la situación puede llegar a convertirse en un cóctel muy peligroso las próximas semanas. La verdad es que han cometido errores muy complejos al no conocer la realidad poblacional. Aquí el Gobierno hace un diseño parecido al de “la nueva normalidad” y lo que están haciendo es sacar rédito político a la pandemia.

 

P. ¿Qué riesgos corre su país con la anunciada desaceleración del aislamiento?

R. No tenemos claro qué va a pasar. Pienso que no tenemos la posibilidad de salir de la cuarentena antes de dos semanas, porque aquí la conducta no ha sido la que uno veía en los países europeos, en donde no había nadie en la calle.  No creo que baje la curva hasta finales de junio y espero que el tema de mortalidad lo podamos controlar. Hoy día la red pública de salud está saturada. La red privada está haciendo un esfuerzo de aumentar su capacidad porque afortunadamente el Gobierno ha entendido que red pública y red privada, en este momento, tienen ir de la mano. Pero si esto sigue entre 4,500 a 5000 contagios, el cinco por ciento de ellos se tendrían que ingresar, lo que implica entre 120 a 130 pacientes diarios en UCI. No tenemos capacidad para ello y de aquí a unos siete o diez días más, si no lo atajamos a tiempo, tendremos una crisis como la que vivieron Italia o Estados Unidos, que no tuvieron la capacidad de tratar a los pacientes críticos.

 

P. El sistema de salud chileno está compuesto por un sistema mixto de atención integrado por el seguro público, que se denomina FONASA, que es el Fondo Nacional de Salud, y uno privado denominado ISAPRE, Instituciones de Salud Previsional. ¿Qué papel juega en este momento el sector privado en la pandemia?

R. El Gobierno tomó una buena decisión hace un mes en que el comando del sector público y privado queda en mano del primero y, por lo tanto, las camas están disponibles en red para el conjunto de la población. Creo que ese es un cambio muy importante porque la separación en el sector público y privado era brutal en todo: en recursos, en salario y en gente. El sector público atiende al 82% de la población y tiene el 50% de los recursos, mientras que el privado atiende al 18% a 20% y maneja el otro 50% de los recursos, lo cual es una desigualdad brutal. El tema de los pagos era otro problema porque con la insuficiencia del sector público se compraban prestaciones al sector privado, pero al sector público le pagaban uno y al sector privado le pagaban 1.3 o 1.4, por tanto, era flor de negocio. El razonamiento es, “no amplío el sector público para que éste le pague al sector privado”, que en definitiva son los promotores del negocio de la salud.

 

P. Tengo entendido que ahora mismo la capacidad de camas en Chile está al 90% de su capacidad.

R. Sí. O sea, en la región Metropolitana estamos ahora mismo al 95% y en el ámbito nacional en el 90%. Estamos trasladando pacientes desde la región metropolitana a regiones cercanas, más o menos entre 100 a 150 km, o cuando ha habido necesidad se ha trasladado algún paciente hasta 500 km de distancia. Lo complejo es cómo se va a manejar la crisis que se nos viene de camas críticas de la región metropolitana, cuando hoy día estamos en el 95%. Afortunadamente, dado al confinamiento, los otros virus todavía no están.

 

P. Pero he leído en la prensa que el Gobierno ha contratado cinco hospitales modulares para poder paliar el problema de las camas críticas y hacer frente al aumento de la demanda asistencial en el marco de la pandemia por Covid-19.

R. Eso es lo que se ha dicho, pero no veo muy claro de qué estamos hablando porque más bien son camas intermedias, no es el hospital chino. La verdad es que no tenemos muy claro si es así o no. No sabes dónde, cuándo o con qué capacidad lo están haciendo; más bien son los hospitales de campaña de las Fuerzas Armadas. Mira, hemos tenido varios anuncios publicitarios del Gobierno que finalmente no se traducen en nada. Puede que se trate de la apertura de lugares que se rentaron hace tiempo para tener camas intermedias, más bien de tipo de residencias sanitarias, pero hospitales, como entiende la gente, que tiene ventiladores, médicos y enfermeras, no hay ninguna posibilidad de hacerlo, ninguna.

 

P. En España se improvisaron hospitales en hoteles cerrados por la pandemia, por ejemplo. ¿No se ha hecho lo mismo en Chile?

R. Hay residencias sanitarias de ese tipo que tienen una ocupación hoy día; mira la locura, de no más de un 15% de ocupación. Yo trabajo en un hospital y tengo tres pacientes haitianas que tienen covid-19 positivo, llevan 12 días en el hospital, y tienen una guagua (niña) y no tienen donde tenerla, porque, por un lado, tengo el hospital lleno y por el otro, porque según la residencia sanitaria ellas no cumplen el criterio de ingreso. O sea, estamos en un sin sentido. También hay arrendado un centro de convenciones muy grande, que se llama espacio Riesco, que lo anunciaron hace dos meses a tras, y que, al día de hoy, de las 450 camas que anunciaron tienen ocupada solo 40. La verdad es que tenemos ahí una capacidad de gestión muy mala, muy débil.

P. ¿Qué se necesita para que el Sistema de Salud Pública chileno pueda responder a los desafíos que presenta el Covid-19?

R. Tengo la sensación que estamos bien al límite. Creo que vamos a tener que hacer un esfuerzo de ampliación de la capacidad de la oferta de adulto, que implica no sólo recursos económicos, sino una ética que siento que al Gobierno le ha costado instalar. Nuestro gran problema es que no se logró controlar la pandemia en la atención primaria y este sistema está desbordado y, probablemente, vamos a tener reconversiones importantes de camas y de aquí a un par de semanas retomar el tema del testeo masivo y de confinamiento más duro.

P. ¿Por cuáles tratamientos o protocolo de medicamentos está apostando Chile en los pacientes hospitalizados positivos?

R. Fundamentalmente por la hidroxicloroquina y está el debate del uso precoz de antibióticos, porque parte de lo que se ha visto es que aquí hay una comorbilidad donde el virus deja un espacio para que haya una bronconeumonía. Está el otro tema de la tormenta de citoquinas, que ahí hay todo un debate en si utilizar corticoides o no y en qué minuto usarlo.

Hoy día hay varios protocolos andando. Los antirretrovirales en general no se están usando, ya que no hay suficientes casos para eso, pero sí los anticoagulantes en etapas más críticas. No existe ningún medicamento que efectivamente ataque propiamente al virus, sino más bien las consecuencias de la cascada inflamatoria, del daño pulmonar, de la sobreinfección, de la comorbilidad y del manejo muy adecuado de líquidos y de factores de electrolitos.

Y lo que en Chile se está usando con cierto nivel de éxito, pero no muy expandido, es el uso de suero hiperinmune con el que ha habido ya varias experiencias bien prometedoras. El Ministerio se negaba inicialmente a que esto se hiciera, pero hoy día lo estamos ampliando a hospitales públicos, y la verdad es que no hay más de 10 a 15 casos, pero hasta ahora, de lo que uno ve, con un 75% a 80 % de respuesta, ahí tenemos una ventana.

P. ¿Cómo valora la actuación de la Organización Mundial de la Salud (OMS) ante esta crisis?

R. No es fácil la pregunta. Opino que, en términos globales, relativamente bien pues han ido avisando a tiempo, pero en Chile hay una crítica de que el representante local de la OMS (el Dr. Luis Fernando Leanes) está demasiado de acuerdo con lo que dice el Gobierno, y que tiene poca acción crítica. Cuando le prestó todo el apoyo al presidente chileno se equivocó, porque se puso más oficialista que sanitarista y eso le ha costado un cierto nivel de credibilidad. La OMS, en general, ha ayudado a que las redes de especialistas puedan tener información a tiempo, en que la información se comparta más, por lo menos del punto de vista del tratamiento clínico.

P. Realmente hay opiniones muy encontradas porque algunos profesionales del sector critican a la OMS de no actuar a tiempo y de recomendar pautas muy generalistas, sin tomar en cuenta la idiosincrasia social, económica y política de cada país, eso sin mencionar las contradicciones sobre el uso de mascarillas.

R. Cuando uno tiene una situación tan incierta, en que la que el conocimiento científico acumulado sobre esto (SARS CoV-2) lleva recién cuatro meses, creo que hay, no sé si permiso, pero por lo menos uno puede entender equivocaciones. Lo que va a ocurrir aquí es que tendremos que aprender a procesar información rápidamente, a tener centros que la copien, la discriminen y la puedan difundir, y eso implica una tarea de inteligencia artificial, que probablemente no estábamos preparados en el mundo sanitario. Lo que probablemente tenemos que aprender es que este fenómeno, que probablemente se repetirá, con un mundo mucho más interconectado, requiere una red de captación, procesamiento y difusión de la información con mayor calidad y velocidad de la que tenemos hoy día.

P. ¿Opina igual que la OMS, de que el SARS CoV-2 pueda convertirse en un virus endémico como el sarampión y el HIV (Sida)?

R. Es lo más probable. No hay ninguna razón para que el virus desaparezca. No va pasar lo que dijo el Ministro de Salud de Chile (Jaime Mañalich) de que el virus se iba a colocar en buena persona -risas-.

P. De descubrirse una vacuna contra el virus, ¿cree que deba ser de carácter obligatorio en la población?

R. Absolutamente. En Chile, la vacuna del sarampión, de la rubéola, de la poliomielitis, que forman parte del programa nacional obligatorio que es nodal. Mira, en Chile hubo un movimiento de legitimidad anti-vacuna, hasta que los chilenos que iban de turismo a Brasil se empezaron a contagiar de fiebre a amarrilla y a morir; entonces se volvieron a retomar los niveles de cobertura necesarios para las vacunas. Si no existe ninguna razón comprobada de que la vacuna tiene riesgo, así como a mi me obligan hoy en día de que tengo que quedarme en mi casa para no contagiar a mi abuelo, a mi hermano a mi prima, etc., pues lo mismo tengo que hacer con la vacuna. En este tema opino que no debe permitirse la libertad; si te quieres morir, suicídate, pero no vayas matando gente.

P. En España, así como en otros países de América Latina, hay un alto porcentaje de personal sanitario contagiado… ¿Cómo ha sido en Chile? ¿Y cómo ha sido el abastecimiento del equipo de protección individual (EPI)?

R. Afortunadamente no hemos tenido gran letalidad en el personal sanitario. Por lo general te diría que los hospitales se han mantenido un cinco a un siete por ciento de contagio en el personal. De muertes hay dos de atención primaria y tres o cuatro de la atención hospitalaria. Sobre los elementos del equipo de protección individual (EPI) fue un proceso lento, que siempre es crítico porque siempre hace falta, pero creo que hemos tenido en este último mes, que es el más jodido de la pandemia hasta ahora, buen aprovisionamiento.

Al momento de la publicación de esta entrevista, este domingo 31 de mayo, lamentablemente otro sanitario chileno se sumó a la lista de fallecidos.

P. La crisis generada por el coronavirus puso en su país en un rol protagónico al Seguro de Cesantía. ¿Nos habla de esta conquista y su papel en medio de la crisis?

 R. El Gobierno del presidente Lagos creó lo que es el Seguro de Cesantía, que consiste en que parte de tu remuneración va a un administrador de fondos y, junto con recursos del Estado, cuando tú estés cesante, te paguen durante seis meses un tipo de prestaciones que va variando en proporción desde un 75% a un 45% de tu sueldo en escalada decreciente, de esa forma tienes un sueldo asegurado y cierto margen de maniobra.  Dado que muchas pymes de pequeña y mediana empresa han cerrado por la pandemia, tenemos hoy día 750 mil personas que empezaron a cobrar el seguro de cesantía y eso da una base, por lo menos de ingreso.

El problema es que en Chile hay mucha gente que es parte del mercado informal y no tienen contrato de trabajo. Hablamos de cerca de un millón cien mil personas, que igual perdieron sus ingresos, pero como no tenían contrato, y por lo tanto seguro de cesantía, pues hay que buscar cómo cubrir esa parte de la población trabajadora. Se ha creado un fondo que se llama Ingreso Familiar de Emergencia, tratando de captar a esa gente para darle algún tipo de recursos. La discusión es que lo que se les está entregando de verdad es nada, son como 70 euros (unos 100 dólares), con eso una familia no llega a ninguna parte.

 

P. En España se ha aprobado, como una de las respuestas para paliar los efectos socioeconómicos de la pandemia, el ingreso mínimo vital en casos concretos… es algo que venía debatiéndose y aplicándose como modelo en la Unión Europea.

Esto debe ser parte del derecho básico en que las personas por el simple hecho de ser parte de una comunidad tienen que tener asegurado ciertos ingresos; lo cual parece bastante razonable en la en la medida en que los países tengan los recursos para hacerlo. Pienso que todo el que tenga capacidad de tener un empleo debiera tenerlo, y si no te lo puede dar el sistema, te lo tendría que dar una renta el Estado. Eso implica un sistema de impuestos distintos, sino algún tipo de cotización del trabajador que está en esta situación, pero pienso también que el tema del empleo es un tema mucho más de remuneraciones, es un tema de vida, de ocupaciones, de relaciones sociales, de crecimiento personal. Por ejemplo, a mi en lo personal me ha hecho revalorizar el hecho de ir a trabajar. Lo mejor que me ha podido pasar en medio de esta crisis es ir a trabajar, porque tienes gente, porque tienes relaciones, porque aprendes, porque hay un mundo de desarrollo humano en el trabajo, que creo que el ingreso mínimo vital puede desincentivar.

 

P. ¿Qué consejo puede darle al resto de los países latinoamericanos?

R. Lo que viene en lo sanitario es tan complejo que es ahora o nunca, o como se dice en las protestas de Chile (se refiere a la crisis social de octubre de 2019) “¿si no es ahora? ¿cuándo?” Hay que valorizar y luchar por un sistema nacional de salud que te permita desde la formación del capital humano, hasta en los recursos físicos, mirarlo desde una perspectiva país. Hay que apostar por un sistema de salud fuerte y con mucha inversión en la gente. Lo primero es capacitar el personal y tener una red nacional de cobertura universal, que pueda llegar al más lejano de los rincones de los países.

 

P. ¿Está Chile, uno de los países más ricos de la región y con uno de los PIB más altos, preparado para la crisis socioeconómica que se le viene encima?

R. No lo creo.  Es tan brutal lo que se nos viene que ya se empezó a hablar de un pacto post pandemia, político, económico y social, que nos permita mirar el futuro de mejor manera o más consensuado. El gran problema que ha tenido Chile es que hay una internalización de una visión de desarrollo del país, mayoritariamente neoliberal, en la que nos fue relativamente bien durante un tiempo, pero que había un sector de la población que estaba al margen del futuro. Lo que ha pasado hoy día, afortunadamente, es que entendemos que nuestro modelo productivo, de desarrollo, de valor agregado, del factor humano y de capacidad productiva, ya no da más de si. Confío que, mediante el proceso constitucional, que ya está comprometido, y las elecciones presidenciales que tienen que celebrarse en un par de años, así como en la necesidad de búsqueda y entender que más de lo mismo no nos sirve, haya más esperanzas.

 

P. Ahora que acaba de hablar del Plebiscito Nacional 2020, que tenía que celebrarse en abril y ha sido postergado por la crisis sanitaria para el 25 de octubre, ¿cree que los efectos de la pandemia puedan influir en el proceso y cómo?

R. Creo que sí porque ha quedado claro que, en salud, en educación, en descentralización, en el rol del mercado, este modelo generó, incluyendo a la pandemia, situaciones de inequidad que son completamente inaceptables. La derecha más dura ha mostrado su peor cara en esto, desde el punto de vista de, primero, querer que no se haga plebiscito y, segundo, en pretender sólo ocupar instrumentos de mercado para resolver la pandemia y eso quedó claro que no servía. Pienso que va a influir la experiencia de la pandemia en entender que efectivamente necesitamos un marco de acuerdo, que exprese en la constitución un modelo de desarrollo distinto del que teníamos. De hecho, hay sectores de la derecha que no han querido consolidar el encuentro del próximo 25 de octubre… Mira, el Presidente mismo propuso, que dado a que la situación económica que viene es muy dura, se prorrogara el proceso constituyente; o sea, el sector más reaccionario está tratando de no colocar ese debate. No obstante, la inmensa mayoría, creo que según la última encuesta el 78%, dice que es fundamental hacer el referéndum ahora.

 


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