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MEDIDAS DRÁSTICAS

El Papa introduce cambios para sancionar la pederastia

Después de una enorme metedura de pata, el papa exigió que se rindan cuentas por los abusos sexuales cometidos por sacerdotes y obligó a los cómplices a expiar sus fechorías de la manera más humillante y pública posible: la renuncia masiva de todos los obispos activos de Chile.

Es muy posible que con este recurso severo, el papa Francisco haya introducido un cambio sustancial en la forma en que la Iglesia ha manejado la crisis, pues marca la primera vez que el Vaticano toma una medida tan decisiva para responsabilizar a los obispos por encubrir el abuso sexual por parte de los sacerdotes, de larga data en la Iglesia católica.

Hace apenas cuatro meses, Francisco cayó en el agujero más grande de su pontificado, cuando defendió enérgicamente a un obispo chileno acusado por las víctimas de violencia sexual de presenciar los abusos y abstenerse de tomar medidas correctivas.

El viernes, el papa tomó cartas en la debacle al forzar a todos los obispos a renunciar. Dijo que una investigación demostró que hubo “defectos graves” en el manejo de los casos de abusos, con investigaciones superficiales o nulas de las denuncias que contenían pruebas evidentes de delitos. Los acusó de destruir pruebas, interferir en las investigaciones y, con su negligencia, colocar a niños en peligro de ser violados por pederastas.

Juan Carlos Cruz, el denunciante principal en el escándalo, dijo emocionado que la renuncia masiva “cambia las cosas para siempre” y sienta un precedente para todos los países y todos los obispos del mundo.

Va a ser doloroso, “absolutamente”, dijo a The Associated Press Cruz, cuya campaña de un año de duración para exponer los abusos en la jerarquía católica de Chile fue responsable de los notables acontecimientos de esta semana en Roma.

Cruz dijo que muchas personas abandonaron la Iglesia debido a los excesos cometidos por sacerdotes y que ahora verán esto como una medida concreta que podría ayudarlos recuperar su fe.

Por el momento, las ofertas de dimisión de los 31 obispos chilenos en activo son solo simbólicas. Francisco puede aceptar o rechazarlas una por una, o demorar su decisión, y los obispos continuarán en funciones hasta que él se pronuncie.

Las ofertas de dimisión también le permitieron al papa ganar algo de tiempo. Fue un gesto de acción muy necesario después de que admitiera que él mismo se volvió parte del problema por haber aceptado la palabra de los obispos por encima de la de las víctimas de abuso sexual.

Con todo, al acusar a cada líder eclesiástico chileno de responsabilidad colectiva por el escándalo, Francisco actuó decisivamente ante una de las críticas más antiguas sobre la forma en que el Vaticano ha abordado la crisis. Ahora ha dejado claro que hay consecuencias para los obispos que hacen la vista gorda ante el abuso sexual, impiden las investigaciones o tratan a las víctimas como enemigos de la iglesia.

“La renuncia masiva del episcopado chileno fue tan impresionante como necesaria”, dijo Anne Barrett Doyle, del sitio en línea BishopAccountability, que ha rastreado más de 80 casos de sacerdotes acusados en Chile.

Sin embargo, Doyle enfatizó que la complicidad con los abusadores no es exclusiva de Chile.

“Vemos el mismo encubrimiento actualmente por parte de los líderes de la Iglesia en Argentina, Filipinas, Polonia y en Buffalo, Nueva York. El cambio está ocurriendo en Chile simplemente porque esa situación causó una debacle de relaciones públicas para el propio papa”, declaró.

Ciertamente. Hace cuatro meses, el viernes, Francisco agravió a las víctimas que durante años habían colocado al obispo Juan Barros bajo los reflectores de su abuso. El obispo había sido un lugarteniente del padre Fernando Karadima, un carismático predicador que fue sancionado por el Vaticano en 2011 por abusar de jóvenes.

“El día que me traigan una prueba contra el obispo Barros, allí voy a hablar”, dijo Francisco a periodistas chilenos el 18 de enero en la ciudad chilena de Iquique. “No hay ni una sola prueba en contra, todo es calumnia ¿Está claro?“.

Cuatro meses después, tras recibir un informe de 2.300 páginas sobre abusos sexuales cometidos por el clero chileno y que aparentemente le trajo las pruebas que necesitaba, Francisco ha hablado