La Vida

mes de las madres

Los cimientos que nos sostienen

En el mes de las madres, honremos a quienes construyeron caminos antes de que nosotros supiéramos caminar.

Ana Mirtha VargasFuente externa

Desde la psicología, sabemos que la identidad no nace aislada: se construye sobre vínculos, memorias, modelos y afectos. 

Ningún edificio se sostiene sin la zapata, y ninguna generación avanza sin el esfuerzo silencioso de quienes la antecedieron.

 En esta era vertiginosa del saber, que nos ofrece un avance sin precedentes, algunos jóvenes juzgan a los mayores como si acabaran de aterrizar al planeta, los tratan como incompetentes, descalificando su maniobrar, alegando que los tiempos han cambiado.

 Quizás olvidan que el presente que habitan fue levantado por manos que trabajaron con su propio cerebro natural y menos artificial.

La ciencia nos recuerda que aprendemos por imitación, apego y transmisión emocional. Antes de ser independientes, fuimos sostenidos. Antes de opinar sobre el mundo, alguien nos enseñó a nombrarlo. 

En esa cadena invisible, la madre ocupa un lugar sagrado: fue el primer vehículo que nos trajo a la tierra. Ella, elegida en otros planos o no, fue nuestro primer refugio, la primera voz, el primer latido cercano. 

El egoísmo moderno, tan centrado en el bienestar personal, olvida con frecuencia la gratitud. Que no sólo significa mirar atrás con nostalgia, es reconocer que somos resultado de muchas renuncias, sacrificios y amores. 

En el mes de las madres, honremos a quienes construyeron caminos antes de que nosotros supiéramos caminar.

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