Folcloreando
Algunos profesores de bailes que me den los créditos cuando opinen
Nuestro país es el único que no defiende su cultura, que tiene que esperar que vengan del extranjero para trazarle pautas, porque poseemos el “complejo de Guacanagarix”.
Esta columna fue publicada en 2021 y la repito, porque algunos profesores de bachata toman mis opiniones para hacerlas suyas.
Como cuando expresó en un párrafo “…el ritmo o movimiento “tarraxinha”, que es más una expresión vertical de un deseo horizontal, como lo es el tango”.
Nuestro país es el único que no defiende su cultura, que tiene que esperar que vengan del extranjero para trazarle pautas, porque poseemos el “complejo de Guacanagarix”.
Sé que una de las causas por las cuales no la defendemos es porque desconocemos la riqueza tan valiosa que tenemos.
Nuestra bachata, declarada Patrimonio Cultural Inmaterial por la UNESCO en 2019, es uno de los ritmos más cadenciosos que tenemos a nivel popular.
Antes era suburbana, ahora urbana, y poco a poco la clase alta la ha ido asimilando, la “perfilada”, aunque por dentro la vivía cuando el servicio doméstico la escuchaba en un radito portátil, mientras hacia los quehaceres domésticos.
Europa está considerada como la Capital Mundial de la Bachata, pero de la bachata contorsionista, de show o de competencia, cuyas escuelas han fusionado nuestra bachata con la sensual kizomba y en la actualidad el ritmo o movimiento “tarraxinha”, que es más una expresión vertical de un deseo horizontal, como lo es el tango.
Quien transforma la cultura es la colectividad, no son las escuelas. La transformación de la cultura no es imposición, es espontaneidad, por lo que nuestra bachata que paso de bolero a subir las caderas y luego fusionada en lo bailable con el son, la salsa y el chachachá (barrial o de car wash) son los estilos que priman en todo el territorio de la Republica Dominicana.
En esta bachata contorsionista las parejas se las lucen esplendorosas, bailando con una gracia y elegancia única, pero no dejan espacios para que los demás bailadores, que no son de escuelas, disfruten también.
Y es que no dominan el escenario, no tienen una visión colectiva de lo que está ocurriendo a su alrededor y las parejas dan codazos y braceos que limitan la exposición de los demás bailadores.
Lo mismo pasa con la salsa, que el que no es de academia no podría bailar, porque las vueltas y pasos están enumerados.