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Tailandia: donde el mundo de los elefantes puede estar a sus pies
“Los elefantes comen a todas horas del día,” Ploy nos dijo. “Cada uno come de 330 a 440 libras de comida cada día, que puede ser 5% de su peso,” ella añadió.
“Los elefantes comen a todas horas del día,” Ploy nos dijo. “Cada uno come de 330 a 440 libras de comida cada día, que puede ser 5% de su peso
Sus ojos, pacientes y amables, me recordaban a alguien. Era, me di cuenta, la Sra. Jumbo, la elefante del circo de la cinta clásica animada “Dumbo” de Disney.
La Sra. Jumbo era cariñosa, protegía a su bebé y cuando se burlaban de él cruelmente lo defendía hasta que la encerraron en un carro del circo. Aún desde su encierro, abrazaba a su bebé con su trompa y le cantaba una canción de cuna.
A mi esposo Humberto y a mí nos encantan los elefantes. Cada vez que podemos los vamos a ver en excursiones. Los habíamos visto en Tailandia varias veces y ahora durante el crucero alrededor del mundo del Regent Seven Seas Mariner tomamos una excursión incluida a una atracción: Elephant Jungle Sanctuary, que rescata a elefantes y ofrece un retiro a los que antes habían tenido que trabajar en circos y en industrias incluyendo el turismo.
El dinero de excursiones y compras de souvenirs en la atracción que está ubicada cerca del Puerto de Phuket, van a la compra de comida y medicinas para los elefantes.
Hay unos 30 elefantes en esta atracción/santuario, quienes como la Sra. Jumbo trabajaron y ahora viven su “retiro” en paz y cómodos en el Santuario. Uno de ellos, nuestra guía Ploy nos dijo que tiene 81 años.
Durante la ruta al Santuario, Ploy nos dió información y consejos incluyendo que no nos debemos parar o caminar detrás de los elefantes pues ellos no nos pueden ver y que cuidemos de nuestras posesiones pues a veces un elefante juguetón se apodera de un sombrero o teléfono.
En el Santuario quedamos maravillados con la vista de varios elefantes con sus cuidadores (mahouts) en un área despejada de la jungla. Los elefantes están libres y pueden socializar con otros y no tienen que hacer trucos o dar paseos.
Nos dieron jugosas lascas de melón y nos explicaron cómo ofrecerles a los paquidermos para que las pudieran coger bien con sus trompas.
Notamos que los elefantes se abanicaban suavemente con sus orejas –lo cual Ploy nos dijo que estaban contentos y de buen humor. “Si un elefante,” Ploy añadió, “tiene las orejas desplegadas y tiesas es señal que está bravo y que se siente amenazado.” Por suerte no fue así.
“Los elefantes comen a todas horas del día,” Ploy nos dijo. “Cada uno come de 330 a 440 libras de comida cada día, que puede ser 5% de su peso,” ella añadió.
Otros detalles de interés que aprendimos durante nuestra visita incluyeron que el período de gestación de los elefantes puede ser hasta casi dos años.
Para tener mejor contacto con ellos
Nos dijeron que antes de darles de comer a los elefantes debemos lavarnos las manos, ya que los paquidermos tienen un sentido agudo del olfato y nuestras manos debían estar bien limpias sin olores de lociones o perfumes.
También nos dijeron que si al ofrecer al elefante una lasca de melón esta se caía, que no la recogiéramos, sino que tomáramos otra.
Así me sucedió a mí, pues quizás por un poco de miedo no puse la lasca de buena manera para que mi elefante la pudiera agarrar con su trompa. Me tomó tres intentos y mi elefante esperó pacientemente hasta que le pude dar el melón.
Georgina y Humberto durante su excursión
Humberto tuvo mejor suerte y lo hizo en un sólo intento. Entonces procedimos a acariciar a nuestro elefante. Su mahout sugirió que la acariciamos por el lado de la trompa y así lo hicimos. Algunos elefantes prefieren caricias en sus cabezas, nos dijeron.
Al tocar la trompa notamos que los pelos, que a una distancia parecían suaves, eran duros como alambres. ¡Sorprendente!
Después de pasar un rato con algunos de los elefantes, empleados del Santuario nos invitaron a ir a otra área donde varios elefantes se estaban dando baños de barro – era un día muy caliente y húmedo.
Los paquidermos movían sus orejas suavemente así que sabíamos que estaban felices y contentos. Nosotros lo estábamos también y como los elefantes que tienen una gran memoria, sabíamos que esta era una experiencia que nunca olvidaremos.
Otras experiencias inolvidables en otros puertos en Tailandia en nuestro itinerario incluyeron dos durante nuestra escala en Laem Chabang. De allí tomamos una excursión a la base de la marina real de Tailandia que tiene un programa de protección a tortugas marinas, la Royal Navy Turtle Conservancy.
Liberación de tortugas verdes en la Reserva de la Marina Real de Tailandia.
Allí vimos muchas tortugas verdes en peligro de extinción rescatadas y coincidimos con la liberación de varias rehabilitadas y bebés incubados en la base que cuenta con una bella playa de aguas apacibles.
Otra excursión –¡esta deliciosa!—nos llevó a Suphattraland, una gran finca dedicada al cultivo de frutas. Vimos y probamos muchas incluyendo exóticas como jaca y fruta serpiente y la famosa durian, que aprendimos no tiene el mal olor que la ha hecho infame -tiene por cierto un sabor parecido a un aguacate pero es más dulce y cremosa.
Las piñas frescas de la finca resultaron más dulces y jugosas que las de nuestro supermercado en casa. Disfrutamos también de agua de coco directamente de grandes cocos –muy refrescante.
Georgina y Humberto bebiendo agua de coco en una plantación de frutas tropicales en Tailandia.
La vida a bordo del Regent Seven Seas Mariner durante nuestras escalas en Tailandia fue especialmente divertida pues prepararon una fiesta y cena junto a la piscina y bajo las estrellas amenizada por el Duo Arista, algunos de los músicos del barco. Sirvieron especialidades asiáticas. Decoraron el grill de la piscina con linternas chinas rojas y otras decoraciones y la Madre Naturaleza nos regaló un bello atardecer y brisas frescas.
Algunos superlativos:
• Lo más memorable: Darle lascas de melón a elefantes que viven contentos en el Santuario Elephant Jungle Sanctuary cerca de Phuket.
• Lo más refrescante: El agua de coco y frutas de la finca Suphattraland.
• Lo más divertido: La fiesta en cubierta de la vuelta al mundo.
• Lo más soñado: Las escalas en puertos de África durante la continuación de nuestra vuelta al mundo.