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¿De qué sirve compartir videos violentos en las redes, qué ganamos?
Quienes tienen credibilidad deben ser responsables. No basta con tener seguidores o influencia; hace falta discernimiento para saber qué compartir y qué no, y cómo hacerlo con respeto y ética. La violencia no puede ni debe ser transformada en espectáculo.
Xiomarita Pérez
Compartir videos de asesinatos, maltrato o accidentes no aporta nada bueno a nuestra sociedad. Quienes lo hacen algunas veces tienen cierta credibilidad en el país, pero no saben manejarla ni entender el daño que causan.
Estas personas actúan movidas por el morbo, ese deseo de ver cosas violentas o fuertes, pero olvidan que al difundir ese contenido fomentan la normalización de la violencia y el sufrimiento. No se dan cuenta que están alimentando un círculo vicioso que genera miedo, ansiedad y desconfianza entre quienes lo ven.
Deshumanizar la realidad
Además, compartir este tipo de videos sin contexto ni respeto hace que las víctimas pierdan su dignidad una vez más. No es un acto de conciencia ni de denuncia, sino un uso irresponsable del poder que se tiene al llegar a muchas personas, que solo contribuye a deshumanizar la realidad y a insensibilizar a la sociedad frente a la violencia.
Miedo, estrés y ansiedad
También hay que entender que estas imágenes pueden afectar psicológicamente a quienes las reciben, sobre todo jóvenes y personas vulnerables. Exponer a alguien a tanta violencia explícita puede provocar miedo, estrés y hasta trastornos de ansiedad. Por eso, es fundamental pensar en la salud mental tanto propia como de los demás.
No es suficiente tener seguidores
Quienes tienen credibilidad deben ser responsables. No basta con tener seguidores o influencia; hace falta discernimiento para saber qué compartir y qué no, y cómo hacerlo con respeto y ética. La violencia no puede ni debe ser transformada en espectáculo. Insistir en dar espacio a este tipo de contenido es faltarle al respeto a la sociedad y al derecho humano más básico: vivir sin miedo constante ni exposición innecesaria a la brutalidad.
Por eso, invito a reflexionar y a cuestionar qué ganas tú y qué gana la sociedad cuando se viralizan estas imágenes. ¿Queremos construir una cultura de respeto y cuidado, o una donde el dolor y la agresión sean algo cotidiano? No es solo un tema de sensibilidad, sino de responsabilidad colectiva y ética. Más allá del morbo, están la dignidad humana y el bienestar social, que debería ser el verdadero valor compartido.