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Después del palo dao’…

Marta Quéliz, editora L2

Marta Quéliz, editora L2

Antes de ofender a alguien con respuestas y comentarios que puedan dañar una relación de familia, de amistad, de compañeros de trabajo o relacionados es bueno pensarlo, no dos veces, sino las necesarias como para tener el tiempo de arrepentirnos porque después del palo dao’, ni Dios lo quita. A veces hasta por cosas nimias ofendemos a alguien. Luego meditamos y nos damos cuenta de que realmente no había necesidad de despacharnos con insultos, con rabietas, con palabras obscenas o con ira cuando hasta haciendo silencio pudimos mostrar nuestra inconformidad sin maltratar. Son unos segundos, un minuto lo que nos cuesta evitar las ofensas.

Queriendo copiar un buen ejemplo

Para ver cómo se comportan las personas en la ciudad fabulosa cuando algo les incomoda, me fui a visitarla para aprender cada día más sobre la importancia de detenerme a tiempo para evitar ofender a los demás. Allí pude observar que ciertamente, la gente se molesta, se incomoda con acciones que le despiertan la ira. Sin embargo, respirar y contar, si es posible, hasta el millón, es una de las mejores formas que tienen para no dar una mala respuesta a quienes a veces tienen que seguir viendo ya sea porque son familia, amigos o compañeros de trabajo. Este vínculo se respeta, y hacer uso de la prudencia es la clave para no dañar una relación.

Mirar hacia atrás

En aquella ciudad fabulosa se medita tanto antes de dar una mala respuesta que, a la gente le da tiempo hacer un viaje por todo lo vivido junto a esa persona. Se detiene a pensar los aportes que ella ha hecho a su vida, ya sea con apoyo emocional, con afecto, o hasta con respaldo económico. Se cuidan de no tirar por la borda años, décadas o toda una vida de relación. En aquel lugar fabuloso le dan mucha importancia a las palabras. Saben que, aunque existen las disculpas, el pedir perdón o el arrepentimiento hay heridas difícil de sanar. Algunas quedan para siempre porque así como hay quienes ofenden sin reparo hay quienes guardan resentimiento ignirando que el rencor coroe el ama y daña el corazón.

Un regreso gratificante

No se me hizo difícil volver a la realidad de un país donde cualquiera te insulta, “trapea el piso contigo” y sigue como si nada hibiese pasado. Y digo que se me hizo fácil porque durante mi viaje a la ciudad fabulosa aprendí sobre la importancia de no hacerlo yo. Aprendí que si cambio yo puedo ayudar a otros hacerlo. Aprendí que a veces quienes te dan una mala respuesta o te insultan por cualquier quítame esta paja actuán por lo que llevan dentro, por lo que son ellos. Aprendí también que algunos lo hacen para lucísela delante de alguien o para que crean que son “claros” en lo que dicen y hacen sin pensar que esa “claridad” lo único que hace es “hablar” de su educación y formación de hogar. Allí aprendí que las cosas pueden decirse, pero usando la prudencia por después del “palo dao’, ni Dios lo quita.

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