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En Sevilla, España: a visitar el Alcázar ¡en horas de la tarde!

Para almorzar hay en el entorno lugares agradables y de buen precio

Fachada principal del Palacio de don Pedro el Cruel. Foto: Carmenchu Brusíloff.

Carmenchu BrusíloffSanto Domingo, RD

‘¡Cuánta gente!’, exclamo al ver la cantidad de personas que esperan en fila para comprar entrada al Real Alcázar de Sevilla. Alexis se acerca a un empleado. Tras informarse me dice: ‘Vendremos en la tarde. Hace más calor, pero hay menos personas’. Deambulamos por la ajardinada Plaza del Triunfo, con su templete homónimo y el monumento a la Inmaculada Concepción, y llegamos hasta la calle Santo Tomás.

El calor aprieta. En una tiendecita de esquina tomo jugo de naranja. Seguimos por la acera leyendo menús de varios restaurantes. En la terraza de Orio, de cocina vasca, esperamos a que abran. A su hora pido Alcachofas de la huerta de Tudela a la parrilla con jamón ibérico (16€). Está bien, pero esperaba más jamón. De postre: Goxua (6€), un bizcocho borracho con crema y nata. ¡Delicioso!

A las 4:00 de la tarde estamos ante la taquilla del Alcázar. Nos preceden sólo cuatro personas. Ya con los boletos damos vuelta a una cuadra para ir al Patio de la Montería y entrar al Alcázar por la fachada principal (de 1364, mas ampliada en siglos posteriores) del Palacio de don Pedro el Cruel, o el Justiciero como le llamaron sus partidarios. (El Alcázar conserva los palacios gótico y mudéjar, la muralla almohade y partes de otros palacios, entremezclados con elementos posteriores).

En el chequeo de rayos X, al intentar quitarme el abanico de pila que cuelgo del cuello me armo un lío y se me enreda.

Finalmente, paso. Mi hijo y yo proseguimos hasta la capilla de la Virgen de los Navegantes. Su cuadro es el primero conocido sobre el descubrimiento de América. En este andar por ‘el Palacio Real en uso más antiguo de Europa’ (aquí se alojan los Reyes de España cuando vienen a Sevilla), cada rincón atrapa mi atención. Me atrae en especial el Patio de las Doncellas. Su galería baja, del siglo XIV, tiene arcos poli-lobulados y decoración de paños de Sebka. La gente mira hacia arriba. Alzo la vista. Descubro el bellísimo techo artesonado polícromo. Después de visitar otras estancias, para salir del Alcázar hemos de cruzar por uno de sus magníficos jardines. (Mi hijo, Alexis Ramos Brusíloff,y yo tomamos las fotos para este artículo en el Listín Diario)