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La Vida domingo, 03 de abril de 2022

FAMILIA

María Castillo e Iván Tovar: El lado humano de una muestra inmersiva

Creatividad: El próximo 6 de abril quedará inaugurada la muestra inmersiva de Iván Tovar en la Plaza de España de la Zona Colonial. María Castillo no solo habla de la exposición, sino de la Fundación que lleva su nombre y que preside su hija Daniela, así como de la relación de pareja entre ambos.

  • María Castillo e Iván Tovar: El lado humano de una muestra inmersiva

    María Castillo y Iván Tovar

  • María Castillo e Iván Tovar: El lado humano de una muestra inmersiva
  • María Castillo e Iván Tovar: El lado humano de una muestra inmersiva
Yanibel Luna
Santo Domingo, RD

María Castillo, con apenas 15 años de edad y siendo ya una destacada actriz dentro del país, conoció al que sería su gran amor. Según recuerda, el primer encuentro ocurrió cuando él asistió a su primera exposición en la Galería Auffant, en la calle Conde. Allí, a ella se le ocurrió entrevistarlo para el programa que formaba parte junto a otros compañeros, llamado “Intervalo”.

Al conocer que Iván Tovar era una persona muy compleja y no le gustaba dar entrevistas, aprovechó la oportunidad de que su madre vivía en la misma calle que ella, específicamente en la Espaillat, para convencerlo de la entrevista. A fin de cuentas, Iván aceptó.

El encuentro se realizó en el patio de la casa de la madre de Tovar. Él respondió muchas preguntas y la forma jocosa en lo hacía convertió aquel diálogo en un momento agradable.

A partir de ahí se estableció una hermosa amistad. El pintor esperaba que ella saliera de sus ensayos por las noches para acompañarla a su casa. En ese recorrido surgían siempre conversaciones que eran de agrado para ambos.

María confiesa: “Recuerdo que me invitó a una exposición suya siendo yo una carajita. Después hubo una gran cena en la casa de Máximo Avilés Blonda y yo lo acompañé, a pesar de que Iván siempre fue un seductor rodeado de muchas mujeres. En ese momento, varias personas lo estaban esperando, y yo, que era una niña, fui su invitada. Desde esa época él se sentía bien con mi compañía y yo muy grande de llegar de acompañante”.

Estos primeros momentos fueron marcando sus vidas, María, la joven actriz que hacía grandes cosas en el escenario, e Iván Tovar, reconocido mundialmente por sus obras pictóricas.

En aquellos tiempos, la vida entre ambos comenzó como sucede en las novelas: Caminatas por el malecón, invitaciones a comer y a hacer ejercicios de escrituras automáticas, surrealistas. Además, de escribir poemas juntos.

Describió que esa etapa de su vida fue de mucho enriquecimiento porque entraba en contacto con una persona que formaba parte del medio artístico, de lo más alto de la literatura y la pintura en ese momento.

“Para mí, los encuentros fueron realmente gratificantes y edificantes. A pesar de la diferencia de edades y mundos, teníamos cosas en común importantes y él se sentía por eso muy a gusto conmigo”, confesó la actriz.

El reencuentro
María Castillo creció entre adultos. Siempre escuchaba y observaba atenta, razón que la hacía tener una personalidad que a Iván Tovar le atraía.

Tovar, quien no residía en la República Dominicana, le dejó su dirección junto a una serigrafía dedicada a ella.

Poco tiempo después María Castillo se fue a estudiar a Moscú. A pesar de tener su dirección, nunca lo contactó.

A su regreso, ambos se reencontraron. El domigo de resurreción de 1987, recibió una llamada suya procurando un libro de Oscar Wilde. A partir de la entrega de ese tomo, nunca más se separaron.

Vivieron juntos, se casaron, y al año siguiente ella quedó embarazada de Daniela y a partir de ahí comenzó una unión de más tres décadas que solo fue terminada con su fallecimiento”.

Sobre esa etapa, María Castillo dijo que eran una pareja que se complementaba. “Nos dimos mucho soporte. Yo aprendí mucho de él y él se llevó mucho de mí. Era una relación muy enriquecedora. Nos gustaban los mismos poetas, siempre estábamos leyendo poemas juntos”.

El complento
Fue un matrimonio ejemplar. Además de compaginar, se apoyaban mutuamente en sus proyectos personales. Cuando se estrenó “Pasaje de ida”, asistieron juntos. Iván le hacía comentarios importantes y la ayudaba cuando tenía que definir determinados personajes y escenas. De su parte, ella llegó a ser su colaboradora artística. Le ayudaba a le buscar título a los cuadros y siempre se preocupó por el destino de sus obras.

Para ella, en el teatro, todo es efímero. Sin embargo, en una obra de arte es concreta. Tovar pasaba meses en una obra, y de repente alguien se lo compraba, y ella era quien hacía una ficha de la misma: la descripción, el nombre del comprador, en qué fecha fue la transacción. Era como si se llevaran un hijo de la casa y sus padres debían conocer su destino.

Tovar vivía pendiente sus obras y daba la espalda a las cosas burocráticas . María se encargaba de la supervivencia familiar y de su cotidianidad.

En la etapa final de su vida, Tovar visitó Santiago de Compostela, donde se había realizado una exposición y decidió ir a vivir allí.

Ese lugar le gustó tanto que lo consideró como estar Jarabacoa, pero mucho bares en la esquina. Luego enfermó. Su hija Daniela fue a buscarlo y los tres compartieron sus últimos días.

Ella
María Castillo ocupa un espacio merecido en la historia de la cultura dominicana. Con más de 40 años en las artes escénicas, ella ya era una figura reconocida cuando conoció a Iván Tovar.

A los 14 años debutó, y el periódico El Caribe reseñó su debut con un reportaje titulado “María Castillo: el monstruo sagrado del teatrato”.

Su carrera fue muy precoz. Aprendió a leer a los tres años. Eso le ayudó a transcribir poemas; los memorizaba y su madre tuvo mucho que ver con su desarrollo.

Desde muy temprano comenzó a descubrir otros mundos posibles y eso llenó su imaginación”.

A los 16 años se graduó de actriz en la Escuela Nacional de Teatro de Bellas Artes. Integró la Compañía Nacional de Teatro y el grupo Nuevo Teatro. Fue directora en tres ocasiones de la Escuela Nacional de Arte Dramático de Bellas Artes, donde también fue maestra de actuación y dirección.

Una lección de vida
De su esposo aprendió a buscar belleza en lo imperfecto: “Me enseñó esa particularidad de lo imperfecto. Buscar la perfección, pero siempre dejar un pequeño matiz de incorrección que diera sentido al conjunto. Esa es la mejor lección desde el punto de vista artístico que yo pude aprender de Iván”.

A pesar de esto, se puede verificar lo perfección de sus lienzos. La meticulosidad para él era una quimera, y lo que hacía de su arte tan particular era ese resquicio de imperfección para equilibrar esa búsqueda de perfección.

La Fundación
Daniela Tovar es la única hija de este matrimonio. Posee una sensibilidad humana que aprendió de sus padres.

Aunque decidió elegir carrera diferente a las que ya conocía, consideró que de Iván Tovar y María Castillo aprendió el trabajo duro y la disciplina. Asimismo, ve a sus padres como dos fajadores.

Ella es la presidenta de la fundación que lleva el nombre de su padre, dedicada al arte dominicano, pero en especial a difundir, preservar y conservar las obras de Iván Tovar, aun cuando también se van a ofrecer oportunidades a artistas contemporáneos.

La muestra Inmersiva Comienza el 6 de abril y concluye el 6 de junio, en la Plaza España, Zona Colonial. Contará con unos 500 metros cuadrados de exposición inmersiva junto a una selección que incluye, aproximadamente, 400 imágenes entre obras, cartas y fotografías integradas por el trabajo de un equipo de especialistas en contenido inmersivo de proyección y audio.

Los contenidos han sido generados por profesionales del diseño, animadores y artistas que combinan las últimas técnicas de animación, incluyendo los componentes artísticos más relevantes.

Allí podrán visualizarse obras con las últimas tecnologías en proyección 3D y 2D, iluminación y sonido, para que los espectadores tengan un acercamiento a las obras de una forma novedosa y distinta a museos tradicionales.

SEPA MÁS

Iván Tovar
Considerado como uno de los mayores representantes del surrealismo internacional, Iván Tovar nació en San Francisco de Macorís (1942). Desde temprana edad se interesó por la pintura, estudió en la Escuela Nacional de Bellas Artes, lugar donde recibió el primer premio de pintura.

En 1963 viajó a París por un crédito educativo y se insertó inmediatamente en los círculos surrealistas de esa ciudad, donde vivió durante 20 años.