La Vida

HISTORIAS DE LA VIDA

‘La bombera feliz’: Echando gasolina construyó su casa propia

Nelia Santana tiene 21 años trabajando en una estación de combustible y es una “bombera feliz”.

Marta QuélizSanto Domingo, RD

Para algunas mujeres, el saber que nunca podrán tener hijos puede que sea la noticia más nefasta de su vida, más aun si han soñado con ser madres. A Nelia Santana, mejor conocida como Paloma, el no haber podido concebir no le ha tronchado su felicidad ni su deseo de echar hacia delante.

En abril cumplirá 21 años trabajando en una estación de combustible y es una “bombera feliz”. No le ha pesado levantarse de madrugada por tanto tiempo, como tampoco le ha sido difícil ganarse el respeto y el cariño de la gente que estaba acostumbrada a que fuera un hombre que le atendiera a la hora de pasar por una bomba de expendio.

Ha construido su historia entre risas. Pero ello no ha impedido que se tome en serio su responsabilidad, tanto es así que, fue “echando gasolina” que pudo construir su vivienda propia. “Es una casa pequeña, pero es mía”, lo dice con tanto orgullo que se hizo necesario mostrarle admiración.

En la cabeza de Nelia o Paloma, como mejor se le conoce, no cabe la repetida frase: “este sueldo no me alcanza”. “De ninguna manera, es cuestión de planificarse, de sacrificarse… Todo se logra si se hace el esfuerzo y se pone en las manos de Dios”. Esa es la clave que a ella le ha funcionado.

Cuando se propuso tener una casa propia comenzó a aprovechar todas las oportunidades. “Tomaba préstamos y me lo descontaban por nómina. Pagaba ese y cogía el otro. Me tomó mucho tiempo hacerla. Era chin a chin y block a block, pero me arriesgué y lo logré”. Lo cuenta orgullosa de su hazaña.

Tal vez algunos resten importancia a lo alcanzado por esta ‘bombera feliz’. Unos dirán que lo logró porque no tiene hijos que mantener, otros quizás entenderán que cualquiera puede hacer lo mismo…, pero lo cierto es que, como ella bien dice, no es fácil echar hacia delante cuando vives de un sueldo y tienes que costearte la vida. Nunca ha pasado hambre y lo enfatiza, pues sus padres viven de la agricultura en Pedernales, de donde es oriunda. “Pero ricos no somos, tenemos que trabajar para echar para adelante”.

“Siempre feliz” es su frase favorita. Bastó con acercarse a ella para notar que una fresca sonrisa es la que saluda a quienes llegan al lugar. Con su camiseta azul, su pantalón kaki, sus tenis y con su gorra bien ajustada se desplaza de inmediato para atender a quienes llegan en búsqueda del servicio. Muchos ya la conocen.

Sin lamentos

Lo bonito de la historia de Nelia es que se ha ido superando sin llorar, sin lamentarse, sin dar lástima ni mucho menos, pedir. Su arma más poderosa ha sido su buen humor, su disposición para trabajar y sobre todo, su fe en Dios. Puede que por eso no le pese levantarse de madrugada todos los días para entrar a las 6:00 de la mañana a echar gasolina.

Previo a comenzar su faena, se prepara asegurándose que esté bien el extintor, los conos, la pantalla, las mangueras... Luego de ahí inicia la labor que termina a las 2:00 de la tarde. Aunque trabaja sábado y domingo, libra un día a la semana.

“Pero no me hace nada trabajar, me encanta estar aquí. Es más, de aquí para mi retiro, me voy cuando Dios y los dueños lo quieran. No quiero otro trabajo que no sea este”. Al decir esto ahí fue que se rió con gusto. Sus compañeros la acompañaron y corroboraron lo que dijo. “Ella siempre dice eso”, comentó uno de ellos dejando claro que ese es su discurso.

“Que sea la voluntad de Dios, no la del hombre”

Mientras se mueve de un lado a otro en la estación de gasolina, Nelia Santana va respondiendo preguntas a reporteros de LISTÍN DIARIO y lo hace con naturalidad. ¿Se ha ido alguien sin pagarle? Risas, por supuesto. “Claro, motoristas por ejemplo, que vienen a echar 100 o 50 pesos y después no lo tienen y dicen que vuelven y jamás hay quien les vea la placa”.

Al contar esto, la querida Paloma, como le llaman sus compañeros, solo dice: “Que sea la voluntad de Dios, no la del hombre”. Esto pasa con frecuencia, como también sucede que, como humana al fin, le echa sin querer algo más de lo que pidió el cliente. En este caso: “Uno le explica y a veces entienden, pero si no, pues debo pagarlo yo”.

Ante esta situación surge una pregunta: ¿y no se molesta cuando esto ocurre? “Nooooo, la vida hay que vivirla, no se puede estar sufriendo por disparate”. De esa manera tan simple responde añadiendo que hasta la crisis la enfrenta con risa. Y habla la verdad, porque hasta cuando una de sus compañeras le señaló que su camisa se le había ensuciado y que saldría así en la foto, se rió, se tapó el insignificante sucio con las manos y posó para el LISTÍN.

“Mire la pantalla”, “¿con efectivo o tarjeta?”, “¿comprobante fiscal?”, son algunas de las preguntas que esta señora se sabe de memoria y que “recita” como cual lección escolar “embotellada”. A quienes van en motor, con mucho cariño, y lo que nunca se queda, su risa, les dice: “Debe bajarse del motor para echar el combustible”. Lo hace como parte del protocolo para prevenir accidentes en la estación. Las personas acceden de inmediato a su petición porque ¿quién se niega a una solicitud con tanto amor y humor?

Es la más querida de la estación donde labora. “Los clientes hasta me esperan si no me ven ahí. Preguntan por mí, me demuestran mucho cariño y yo a ellos”. Allí no solo tiene un trabajo que le ha permitido sustentarse y progresar, ha encontrado buenos amigos y excelentes compañeros de trabajo.

Sobre sus inicios en esta labor dice que cuando entró hace dos décadas, no era tan común para las mujeres, cuenta que un empleado de esa bomba de gasolina donde trabaja habló con un hermano de ella, pues son amigos, para ofrecerle empleo como bombera. De eso no tenía ni la más remota idea, pero aprendió y de eso vive hace casi 21 años.

“Cuando comencé no había muchas mujeres dedicándose a este tipo de trabajo, es ahora que hay muchas, pero sí me encontré con una que ya tenía un tiempito como bombera, y hoy ella es una de las jefas de aquí”. Al tocar este punto deja claro que hay estabilidad laboral en esa empresa donde lleva tanto tiempo trabajando y de donde no se quiere ir nunca.

Familia

Nelia lleva 10 años de relación con su esposo actual.

Con ella son nueve hermanos, seis hembras y tres varones.

Su papel de madre lo ha hecho con uno de sus sobrinos, a quien está criando desde que nació. Hoy tiene seis años y es la luz de sus ojos. “Es hijo de uno de mis hermanos, que se quedó criando cinco hijos porque la mamá se fue. Una hermana mía lo está ayudando con la hembrita, yo tengo este, y él tiene los otros tres”, cuenta feliz de este gesto solidario y de amor que hace con el niño Dioel Santana, y con su padre.

Al hablar de lo que le hubiese gustado ser de haber ido a la universidad, Nelia comenta: “Me hubiese gustado estudiar Educación, porque me gusta enseñar, me encanta eso. Pero solo llegué al segundo del Bachillerato”. No se arrepiente de eso porque como ha repetido en múltiples ocasiones: “Soy feliz con este trabajo”.

Mary Sosa: primera dominicana en operar una grúa portuaria

Joven atropellado volvió del “más allá” y hoy cuenta su historia