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La Vida sábado, 05 de febrero de 2022

ÁNIMO EN DOS MINUTOS

Levanta el corazón

Luis García Dubus
(1930-2019)
Santo Domingo

En 1934, al almirante Richard Bird pasó cinco meses en un pequeño refugio del polo sur, solo, sepultado bajo una capa de hielo.

Llegó a perder todas las esperanzas de sobrevivir. Qué lo salvó. En su libro “Alone” (Solo), nos cuenta que un día, pensando en el orden del universo, le fue revelada una gran verdad: Existe un Dios que todo lo ordena y todo lo cuida y concluyó: no estoy solo.

Al rescatarlo declaró: “Sé que esto fue lo que me sacó adelante. Pocos utilizan todos los recursos que tienen dentro. Para mí constituyó una profunda fuente de energía el saber que no estaba solo, que Dios estaba pendiente de mí”. La conciencia de la compañía de Dios, lo salvó.

Recuerdo una ocasión en que estaba agobiado por un manto de problemas.

Ahí acudí a Dios, y me pareció oírlo diciéndome: disponte tú a poner el trabajo, que yo pongo las ideas.

Aquella frase me dio confianza y ánimo. A medida que iba esforzándome, recibía nuevas ideas. Con sus ideas y mi trabajo, pude enfrentar con éxito todo.

En el evangelio de Lucas 5, verá usted al Señor dando ideas y Pedro el trabajo

- El Señor le dijo a Simón: “Remen mar adentro y echen las redes para pescar”.

- Simón contestó: “Maestro, nos hemos pasado toda la noche esforzándonos y no hemos sacado nada, pero, si tú lo dices, echaré las redes”. Así lo hicieron, y atraparon tal cantidad de peces, que reventaba la red...” (Lucas 5, 4-6).

El resultado fue estupendo, había tantos peces que ellos “estaban asombrados” (Lucas 5,9).

Creo que todo milagro es el resultado de un trabajo en cooperación entre la sabiduría de Dios y la docilidad del hombre.

En misa cuando el sacerdote dice: “Levantemos el corazón”.

Respondemos: “Lo tenemos levantado hacia el Señor”.

Esa es la clave, un corazón levantado; no un corazón sumido en la oscuridad de nuestros problemas, sino animado por la luz que produce la confianza en Dios.

Entonces oiremos su voz: “No estás solo... Disponte tú a poner el trabajo, que yo pongo las ideas....

Rema mar adentro”.

La pregunta de hoy

¿Cómo logro yo que Dios me dé ideas a mí?

Espere en silencio, en quietud, durante cierto tiempo en Su presencia. Viene como un rocío suave. Entonces sabrá qué hacer y tendrá ánimo para ponerlo en práctica.

Dice el Dr. Gabriel Marcel, ganador del premio Nobel de medicina, que a Dios se le escucha “cuando el hombre haya logrado establecer la calma en su interior”.

La calma se logra en silencio y en soledad.  Dios está allí.  Sólo tendrá usted que esperar su susurro… con calma.  Él le dirá que hacer. Sólo tiene que escuchar.