FOLCLOREANDO
El folklore se practica a diario
El jueves próximo se celebra el Día Nacional del Folklore y hoy se lo dedico para que durante esta semana y la que viene reflexionen sobre el término “folklore”, que muchas personas lo han escuchado y no saben qué significa, pero cuando les digo que son las costumbres y las tradiciones de un pueblo asienten (afirman) con la cabeza.
No me refiero a Folklore (F mayúscula) que es ciencia; me refiero a “folklore” como hecho, que lo practican los portadores de tradiciones, sin conocer el vocablo, pero como estudiosa del folklore debo conocer para apreciar y preservar ese hecho folklórico, que si no lo conozco ni aprecio se transforma, porque el folklore es dinámico y espontáneo.
El hecho se transforma por necesidad y quien lo transforma es la colectividad, el pueblo o el conglomerado (es lo mismo) y la causa de esa transformación es una pandemia, una guerra, un huracán, un terremoto, una inmigración, etc. Entonces, los que estamos interesados en que las nuevas generaciones sepan cuáles costumbres o tradiciones existían antes debemos estar documentando esos hechos.
Existen muchas personas confundidas creyendo que el folklore es solo música y baile, porque eso es lo único que les enseñan en los centros educativos desde pequeños. El folklore es, además de música y baile, gastronomía, artesanía, carnaval, las expresiones orales, la indumentaria, medicina (los remedios caseros), creencias, arquitectura, el culto a la muerte, religiosidad popular, entre otros.
Cada día me involucro con el folklore antiguo, y me he especializado en la transformación de la cultura, ya que soy una coleccionista de recuerdos tangibles e intangibles, y a sabiendas de que el folklore es cultura expresiva, estos hechos folklóricos tangibles (material, palpable) que se han transformado, de objetos utilitarios (que perdieron la función por la cual se crearon) en objetos decorativos, los cuales se ponen en valor recreándolos.
Los hechos folklóricos intangibles los he recreado impartiendo talleres para que los adultos mayores los recuerden con nostalgia y los jóvenes los conozcan para que valoren esas costumbres y tradiciones de antaño.
“Para un ser humano apreciar un hecho folklórico tiene que conocerlo para preservarlo. El folklore no se pierde ni se rescata, se pone en valor recreándolo” (Cita de la autora).

