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La Vida jueves, 27 de enero de 2022

Escritor cubano renuncia al premio de su país para recibir el de Salamanca

  • Escritor cubano renuncia al premio de su país para recibir el de Salamanca

    Xavier Carbonell y su pareja, Elena Nazco, en la Plaza Mayor de Salamanca. Fuente externa.

Redacción Digital
Santo Domingo, RD.

El escritor Xavier Carbonell, de 27 años de edad, abandonó su país natal gracias a su último libro “El fin del juego”, ganador el pasado octubre del XXV Premio de Novela Ciudad de Salamanca. Los 15.000 euros del galardón le han permitido instalarse en una ciudad donde el legado literario se palpa en cada rincón.

Carbonell tenía planes de iniciar otros proyectos fuera de Cuba y presentó su libro al concurso literario salmantino y el 28 de octubre al jurado, presidido por el poeta y editor Luis Alberto de Cuenca, se inclinó unánimemente por él.

El autor de la obra recuerda que ese día encontró una llamada perdida, que luego devolvería para saber de qué  se trataba, según  un reportaje publicado por el periódico El País en su plataforma digital.

En esa misma fecha, su libro había ganado el Premio Italo Calvino, que concede la Asociación de Escritores de Cuba. Carbonell, que presidía en la isla la asociación periodística católica internacional Signis, explicó que este galardón  había fallado en enero, pero no se lo comunicaron hasta ese mismo 28 de octubre. “Implicaba la publicación del libro y un enorme prestigio en mi nación a mi edad”,  dijo el  escritor, que se llevaría también 4.000 euros por ello.

Pero al día siguiente devolvió la llamada a España y descubrió el segundo reconocimiento, que le abría la posibilidad de recogerlo en la propia Salamanca. No se lo pensó: renunció al Italo Calvino y puso rumbo a Europa.

“Ha sido algo impresionante, insólito”, relata el escritor, cuyo libro es una novela negra que “intenta indagar sobre las cosas de Cuba que nos ayudan a sobrevivir y ser felices entre la desolación, las carencias y la falta de libertades”.

El joven cubano se enfrentó a la disyuntiva de aceptar el Italo Calvino en la isla o buscar un futuro más allá. Así, a pesar de las presiones, decidió renunciar a Cuba y abrir las hostilidades con los impulsores del certamen, que le prohibieron comunicar que se había desligado de este reconocimiento.

De ese mismo modo, el autor se mostró incomodo al considerar que esos poderes “reducen y vigilan a los escritores jóvenes, cortan las iniciativas críticas y coartan la libre expresión”, y recuerda la fuerza de las protestas sociales contra el Gobierno que se desataron en la isla el pasado verano, insólitas en los últimos 25 años: “El pueblo explotó por lo político y la falta de respeto a los derechos humanos”.

El objetivo Carbonell y su pareja es conseguir el estatus de refugiados, que les permitiría permanecer en España formalmente, aunque ya saben que los trámites son “extremadamente lentos”.

Además, lamenta Carbonell, puede llevar a que esos “mecanismos muy sutiles de presión” de Cuba acaben perjudicando a sus seres queridos: “Muchas máscaras han caído, uno tiene miedo y sabe que hay un riesgo”.