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HISTORIAS DE LA VIDA

“Crecer en un hogar con tanta violencia me adelantó la adultez”

Buscando paz. Esta joven no aguantó ver el maltrato al que su padre sometía a su madre y decidió formar tienda aparte a muy corta edad. “He pasado la de Caín, pero ya no aguantaba tanta violencia y falta de respeto”.

“Crecer en un hogar con tanta violencia me adelantó la adultez”, dice Nathalie.

La idea nunca fue irse de su casa siendo tan joven y sin hacerse de una carrera universitaria. Como toda niña, Nathalie soñaba con salir con velo y corona del hogar que la vio nacer. Los planes de su padre al parecer eran otros. Los constantes maltratos a los que sometía a la madre de la menor y a ella misma junto a sus hermanos fueron la piedra en el camino para que la hoy madre soltera, no haya alcanzado el éxito anhelado en el tiempo que debió lograrlo. La hizo “formar tienda aparte” antes de cumplir 18 años. A partir de ahí, como ella misma dice: “He tenido que guayar la yuca”. Pero por más trabajo que ha pasado, no cambia toda esta experiencia por los momentos amargos que vivió en la casa de sus padres. “Ya yo no aguantaba más. No había un rato de tranquilidad. Cuando menos lo esperabas, venía el pleito, las discusiones, los golpes… Y hasta el deseo de comer o dormir desaparecía.

En el país hay muchas “Nathalie”. LISTÍN DIARIO no tiene estadísticas, pero de sobra se sabe que aquí abundan los hogares donde “habita” la violencia. Fue a los ocho años que ella comenzó a sufrir. “Recuerdo como ahora que mi papá le dio tan duro a mi mamá que le marcó la cara. Yo la veía llorando por las ofensas que le decía, y yo también lloraba con ella”. Sus ojos se llenan de lágrimas al remontarse a esos tiempos.

Pero ella es fuerte. Continúa hablando de esa marcada niñez que le tocó vivir. “Fue muy frustrante y llena de miedos. A diario veía cómo nuestra madre a pesar de todo, luchaba para que tuviéramos lo mejor que podía darnos. Cómo olvidar que a veces ella no dormía buscando esos 30 pesos, 10 para cada uno de sus tres hijos, para que no nos fuéramos sin dinero a la escuela”. Nathalie lo relata, ahora con una sonrisa, pues a ella y a sus hermanos les gustaba sacar buenas notas para verla sonreír.

Más que razones, peligro

El tiempo transcurría y la situación cada vez era peor. Ya los golpes no eran dentro de la casa, eran afuera. “Había más público”, se lamenta la joven que ahora trabaja en un salón de belleza. “Familiares y vecinos nos agarraban para protegernos. Y los amiguitos veían esas peleas y eso daba vergüenza”. Así mismo lo recuerda, avergonzada.

Ella se ha propuesto salir adelante. Usar el mismo valor que tuvo aquel día que denunció a su papá cuando veía que su madre no hacía nada para escapar de las garras de su verdugo. "Hice que mi mamá tuviera que irse con nosotros adonde mi abuelo y ni así, teníamos paz”.

La juventud no le impedía buscar salida. Cuando tenía 18 años aceptó la propuesta de un señor mayor que ella, quien le dijo que en Santo Domingo podía trabajar y estudiar. Se mudó con él, pese a que tenía cuatro hijos. Aunque vive eternamente agradecida de él y de su familia, más tarde se separó de su pareja. Sale de la casa, pero en esta ocasión, acompañada: ya tenía un hijo. Ahí comenzó la otra etapa de sufrimiento y vicisitudes. Pero lo que más dolía era ver el tiempo pasar y no poder hacerse de una profesión para que su madre viera que valió la pena el sacrificio. Nunca perdió la esperanza y hoy día estudia en la universidad, lo único es que ahora está embarazada de nuevo, y un reto más fuerte cae sobre sus hombros.

“Me mudé sola con mi hijo, y las hemos pasado todas. He pasado hambre, me ha tocado llorar, aguantar dolor, cepillarme con jabón por no tener pasta dental, amanecer en hospitales en el piso por cuidar a mi mamá cuando se ha enfermado, verme hasta sin agua…”. Hay mucho dolor al contar sobre estas necesidades básicas que en ocasiones no ha podido cubrir con la labor de belleza que realiza.

El mensaje

Nathalie sabe que hay mucha gente que está pasando por lo mismo que ella. Con el valor que la caracteriza hoy le dice: “A pesar de todo esto, Dios siempre tiene un plan. Hasta las lágrimas tienen un por qué y una recompensa. Lo que realmente importa es avanzar, luchar, seguir adelante. Yo decidí ser alguien en la vida y algún día lo voy a lograr, pese a crecer en un hogar que me trastornó mis sueños”.

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