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La Vida domingo, 02 de mayo de 2021

LETRAS

Sobre el oficio del cuentista

  • Sobre el oficio del cuentista

    El acto de escribir cuentos es un hecho cultural inigualable.

  • Sobre el oficio del cuentista
Carlos Martín Briceño
Tomado de La Jornada Semanal
Ciudad de México

El cuento debe tener un arranque extraordinario que seduzca al lector desde el principio.

Especialmente en este género es válida la afirmación de que la buena literatura se funda en la lucha permanente del escritor contra el lector para no ser abandonado por éste.

Creo que todos los cuentistas, cuando se lo proponen, son capaces de escribir una buena novela, pero no todos los novelistas tienen la habilidad de construir un buen libro de cuentos.

Ni el lector ni el protagonista deben salir ilesos al término de la historia. El primero debe sentir un resplandor en el cerebro que le impida olvidar el argumento. El segundo debe finalizar psicológicamente transformado en otro.

Un cuento sin tensión no es cuento. Podría ser un hermoso pasaje literario, un buen ejemplo de ese potingue que han dado en llamar prosa poética, pero jamás merecerá figurar en el género.

El cuento tiene que vivirse a través de los cinco sentidos. Se debe escuchar, paladear, oler, tocar y mirar. Es tarea del escritor que esto suceda.

Los ambientes cerrados son escenarios idóneos para crear grandes cuentos. Cárceles, islas, casas de campo, pueblos alejados de la civilización, hoteles en medio de la nada, automóviles varados a media carretera y barcos a la deriva llevan a los personajes a situaciones límite.

Los cuentos surgen de instantes, de la morbosa mirada del escritor que descubre en las acciones de otros una historia oculta digna de ser narrada.

Cuentos memorables pueden surgir de historias reales aderezadas con los vuelos de la ficción.

El cuento, cuyas reglas básicas no han variado mucho con el tiempo, es un golpe de sol en los ojos, un paseo por las entrañas de la condición humana, y debe ofrecer a los lectores, como el Aleph de Borges, ángulos inadvertidos de la realidad.

Por último, un lugar común pero cierto: todo cuentista ha de ser un lector profuso, insaciable. La creatividad precisa ser alimentada. Saber más

El arte de escribir cuentos Por: Juan Bosch
El cuento es un género antiquísimo, que a través de los siglos ha tenido y mantenido el favor público. Su influencia en el desarrollo de la sensibilidad general puede ser muy grande, y por tal razón el cuentista debe sentirse responsable e lo que escribe, como si fuera un maestro de emociones o de ideas.

Lo primero que debe aclarar una persona que se inclina a escribir cuentos es la intensidad de su vocación. Nadie que no tenga vocación de cuentista puede llegar a escribir buenos cuentos. Lo segundo se refiere al género. ¿Qué es un cuento? La respuesta ha resultado tan difícil que a menudo ha sido soslayada incluso por críticos excelentes, pero puede afirmarse que un cuento es el relato de un hecho que tiene indudable importancia. La importancia del hecho es desde luego relativa, mas debe ser indudable, convincente para la generalidd de los lectores. Si el suceso que forma el meollo del cuento carece de importancia, lo que se escribe puede ser un cuadro, una escena, una estampa, pero no es un cuento.

“Importancia” no quiere decir aquí novedad, caso insólito acaecimiento singular. La propensión a escoger argumentos poco frecuentes como tema de cuentos puede conducir a una deformación similar a la que sufren en su estructura muscular los profesionales del atletismo. Un niño que va a la escuela no es materia propicia para un cuento, porque no hay nada de importancia en su viaje diario a las clases; pero hay sustancia para el cuento si el autobús en que va el niño se vuelca o se quema, o si al llegar a su escuela el niño halla que el maestro está enfermo o el edificio escolar se ha quemado la noche anterior.

Aprender a discernir donde hay un tema para cuento es parte esencial de la técnica. Esa técnica es el oficio peculiar con que se trabaja el esqueleto de toda obra de creación: es la “tekné” de los griegos o, si se quiere, la parte de artesanado imprescindible en el bagaje del artista.

A menos que se trate de un caso excepcional, un buen escritor de cuentos tarda años en dominar la técnica del género, y la técnica se adquiere con la práctica más que con estudio. Pero nunca debe olvidarse que el género tiene una técnica y que ésta debe conocerse a fondo. Cuento quiere decir llevar cuenta de un hecho.