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La Vida martes, 16 de marzo de 2021

REALIDAD Y FANTASÍA

Los supermercados provocan terror

  • Los supermercados provocan terror
María Cristina de Carías
Santo Domingo, RD

Emma me acompañó al supermercado, no acostumbra a hacerlo, prefiere quedarse en sus menesteres caseros, en tanto yo me aventuro en el territorio de las compras. Esta vez, sin embargo, quiso acompañarme, alegando que quería comprobar por sí misma la supuesta alza de precios que tanto se está comentando en prensa, radio y televisión.

Así que emprendimos el camino al supermercado, allí, mi cocinera empujando el carrito, empezó a llenarlo con los productos que se necesitaren en casa, siempre rigiéndose por una lista que habíamos confeccionado de antemano. Curioseó a más y mejor, cogiendo los productos, leyendo las etiquetas y desechando lo que no le satisfacía. Yo la dejaba hacer, puesto que se mostraba muy entusiasmada

Dimos vueltas por todo el establecimiento comercial, demorándonos a placer, examinándolo todo, pero poniendo en el carrito solo lo que estaba anotado en nuestra lista. Emma se deleitó con los vegetales y las frutas, examinándolas con más cuidado que un médico con su paciente delicado. Exigió los quesos cortados y pesados y se sumergió en un palique con el carnicero, sobre el corte más adecuado de los solomillos.

Luego nos pusimos en fila para pagar la compra. A pesar de que ambas estamos vacunadas, andábamos con las mascarillas y guardamos la distancia apropiada. Finalmente, la cajera nos atendió y registró nuestros productos. Emma estaba muy atenta a la lista que se registraba y a medida que la suma ascendía, sus ojos se abrían de par en par, hasta que prorrumpió en exclamaciones de protesta. Yo me apresuré a hacerla callar porque ya estaba llamando la atención de los otros parroquianos. Pagué lo adeudado y la empujé fuera del establecimiento, mientras un acarreador llevaba la compra. Ya en el automóvil, las protestas de mi cocinera llenaron el ámbito. Aquello era un asalto, proclamaba, quería que denunciáramos en la policía al establecimiento. Como pude la tranquilicé algo y así llegamos a casa. Ni que decir tiene que después de guardar la dichosa compra, se dedicó a despotricar por teléfono, contra los abusadores dueños de los comercios y el Gobierno que no frena la escalada de precios. Esta diatriba, que se multiplicará, puede ser que logre que se haga algo al respecto.