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La Vida miércoles, 03 de marzo de 2021

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Creer, pedir, ofrecer y agradecer

  • Creer, pedir, ofrecer y agradecer
Marta Quéliz
Santo Domingo, RD

Erróneamente, creemos que todo nos lo merecemos. Llegamos a tal punto que, hasta cuando pedimos a Dios lo hacemos convencidos de que Él está “obligado” ayudarnos. No es así. Él nos ama y dio su vida por nosotros, pero quiere que aprendamos hacer nuestra parte, que creamos en su existencia aun cuando sintamos su ausencia. Que establezcamos una relación linda con Él para que nos cuente sus planes, para ganarnos su confianza y que nos permita escuchar su voz cuando nos diga: “Aunque no me veas, estoy trabajando para ti”. Hay una clave divina para lograrlo, que es: creer, pedir, ofrecer y agradecer.

La fe de Job

Según las Sagradas Escrituras, Job tuvo una fe inquebrantable. Experimentó varias y duras pruebas y nunca dejó de creer que Dios le ayudaría a superarlas y aprender de ellas. Así mismo quiere Él que sea la nuestra. Que depositemos en sus manos nuestras penas, que aunque creamos que la tenemos sobre nuestros hombros, tengamos el entendimiento de que no es así, de que el gran peso es Suyo y trabaja para llevarlo siempre a la mínima expresión.

La plenitud de pedir

Arrodillarse ante el Altísimo es la acción de humildad más grande que pueda realizar un ser humano. Inmediatamente doblas tus rodillas queda claro que tienes conciencia de lo que significa darle a Él el poder y la gloria. Es un acto de fe que revela lo que llevamos por dentro, es una obra exquisita que nos engrandece ante el Señor. Es lo más parecido a la perfección que solo Él posee.

Importancia de ofrecer

Jesús no nos ayuda por intercambio, pero sí le gusta que asumamos compromiso, que seamos solidarios, que ofrezcamos algo al momento de pedir porque de esa manera también lo ayudamos a que Él siga dando soluciones a otros. Dejemos que nos haga instrumento de su obra, permitamos que actúe a través de nuestras buenas acciones.

Ser agradecido

Es uno de los actos más bellos y más admirados por el Señor. Cuando decimos: “gracias mi Dios…”, estamos admitiendo que por su misericordia conseguimos lo que le solicitamos. En la ciudad fabulosa donde nos hace vivir el amor de Dios, a Él le gusta probar nuestro agradecimiento, asegurarse de que no lo estamos utilizando porque lo necesitamos, sino porque sabemos de su grandeza, de la atención que presta a nuestras oraciones, de la importancia que le da a lo que ofrecemos y de la probación que muestra a nuestras sencillas y sentidas GRACIAS.