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La Vida miércoles, 20 de enero de 2021

Capilla de La Altagracia: La Virgen hizo aquí un milagro

El 6 de mayo de 1842 la Virgen sanó a una paralítica y anunció un gran castigo

  • Capilla de La Altagracia: La Virgen hizo aquí un milagro

    Capilla de la Virgen de la Altagracia. FOTO ALEXIS RAMOS B..

Carmenchu Brusíloff
Santo Domingo, RD

 En la capilla del siglo XVI, que formó parte del Hospital San Nicolás de Bari y está hoy integrada a la moderna Iglesia de la Al­tagracia, en 1842 ocurrió un milagro: la sanación de una paralítica. A ojos vista, de este hecho no hay placa alguna que lo recuerde. La busqué cuando hace unos días entré a visitarla con mi hijo Alexis.

Cuenta la historia que el 6 de mayo de 1842 Ana María Galbea, una mu­jer pobre, paralítica desde hacía ocho o nueve años, quien era de Puerto Rico y vivía en Santo Domingo de la caridad pública, pidió a su hijo, Elías Polanco, lle­varla con urgencia a la ca­pilla de Nuestra Señora de la Altagracia, porque se le había aparecido la virgen instándola a ir a su templo y que hiciese allí oración. Le había prometido que re­cobraría la salud, y que tan pronto la recuperase debía anunciar un gran castigo y llamar a penitencia.

En una carretilla de ma­nos la llevó el hijo a la ca­pilla. A los pocos minutos, de repente se levantó por sí misma y salió corriendo por las calles de la ciudad di­ciendo: “Pidan misericordia y hagan penitencia, que vie­ne un castigo muy grande”. A las 5:25 de la tarde del día

siguiente, sábado, ocurrió el terrible terremoto de 1842. La profecía se había cum­plido. (Los datos, tomados del libro Iglesias, Capillas y Ermitas Coloniales por Ma­ría Ugarte, proceden del segundo tomo de la Histo­ria Eclesiástica de la Arqui­diócesis de Santo Domingo, por Carlos Nouel).

Cuna de la devoción

Antes de construirse el templo del Hospital San

 Nicolás se levantó la capi­lla, sobre el lugar que ocu­pó el bohío de la negra que curaba enfermos. Fray Ci­priano de Utrera concluyó que “por lo que toca a la is­la”, la devoción a la Virgen de la Altagracia es en San­to Domingo tan antigua como la ciudad y, por lo tanto, donde está la cuna de esta devoción en nues­tro país. La pervivencia de esta capilla fue posible por haber sido comprada en 1899 por Lea de Castro Henríquez. De otro modo hubiera sido destruida co­mo el hospital.

Elementos originales

Entre los elementos ori­ginales se conservan en la capilla, según cita María Ugarte, ‘una bóveda de cru­cería en ladrillo con acusa­da nervadura que arranca de haces angulares de pie­dra, terminados en ménsu­las hermosamente traba­jadas’. Su portada del siglo XVI puede verse hacia la ca­lle Mercedes.