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La Vida miércoles, 30 de septiembre de 2020

FÁBULAS EN ALTA VOZ

¡Cuidado con la pena!

  • ¡Cuidado con la pena!
MARTA QUÉLIZ
martaquelizd@hotmail.com

 A veces, en el caminar de nuestra vida nos topamos de frente con gente o con situaciones que nos apenan. A mí, de manera particular me da mucha pena ver a alguien con hambre, ver a un ni­ño descalzo, a un anciano desprotegido… Y, si me pongo a enumerar, no tendrán tiempo de leer la lis­ta. Sin embargo, muchas de las cosas que me ape­nan son las que me han ido enseñando que hay que tener mucho cuidado con este tema tan sensible. Algunos casos merecen nuestra compasión, pero otros, realmente, “no valen la pena”.

Cuando sí y cuando no
Hay niños, jóvenes, adultos y envejecientes a los que les ha tocado librar una lucha fuerte en la vida y, como tal, merecen de nuestro apoyo. Para citar dos casos, escojo el de infantes que comenzando a vivir ya han perdido a sus padres o vienen habitar en un mundo que anida mucha desigualdad. En el otro extremo, están las personas de la tercera edad que luego de agotar todas sus fuerzas para levantar a sus hijos, mueren en abandono.

Lección de vida
Lo antes dicho, es real, y sé que usted, me da la ra­zón. Ahora bien, hay ocasiones en las que se nos arruga el corazón y nos ahora la tristeza por perso­nas que detrás guardan una historia que es la res­ponsable de sus miserias. Vemos un señor que pide en la calle, que pasa hambre, que convive con la in­clemencia del tiempo…, pero por cosas de la vida, alguien nos hace saber que nunca le prestó aten­ción a sus hijos, que maltrató a su esposa, que no fue un buen hijo y, en fin, que lo que está pasando es el resultado de su proceder.

Sin perder la sensibilidad
No es que porque existe esta gran verdad vamos a dejar de condolernos con el prójimo, pero sí debe­mos tener mucho cuidado con la pena, pues pue­de que estemos desperdiciando nuestra atención en alguien que está recogiendo los frutos podridos de las plantas dañadas que sembró. Recordemos que en la ciudad fabulosa donde se cumple a caba­lidad la misión que nos toca según nuestras actitu­des, hasta las penurias se deben atravesar para que cobre sentido que debemos pagar en vida todo lo que hacemos mal. No perdamos la sensibilidad, pe­ro sí es importante que tengamos cuidado a la ho­ra de tenerle pena a alguien. Cada quien debe pa­gar la factura que consumió para que tenga lógica la frase: “Los buenos irán al descanso eterno, y los malos al fuego del infierno”.