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La Vida jueves, 07 de mayo de 2020

LITERATURA

‘Nosotras, las de entonces’: Historias de abril contadas en mayo

La obra es de la periodista Margarita Cordero, quien en esta obra decide contar ella la vida de las mujeres. Antes la contaban los hombres.

  • ‘Nosotras, las de entonces’: Historias de abril contadas en mayo

    Margarita Cordero

  • ‘Nosotras, las de entonces’: Historias de abril contadas en mayo
Maribel Hernández
Especial para Listín Diario
Santo Domingo

En todos los tiempos, como en estos que hay muchas doctoras y enfermeras curando y dándolo todo para combatir el Coronavirus en el país, la mujer dominicana siempre da la batalla. En la Revolución de Abril de 1965 su papel también jugó un rol preponderante y, hoy en mayo, la periodista Margarita Cordero habla sobre: Nosotras, las de entonces.

¿Por qué contar las historias a partir de las vivencias de ustedes?

Porque las mujeres han tenido siempre, y siguen teniendo, mucho qué decir. Hasta los años sesenta del siglo XX, cuando comienza a producirse la segunda ola feminista, la palabra de las mujeres estaba segregada del espacio público. Claro que las mujeres escribían libros y hablaban a través de muy diversos canales ?en todos los tiempos?, pero no tenían la primacía en la narrativa de su propia historia. La vida de las mujeres la contaban los hombres.

¿Cómo es la mirada de la mujer sobre la Revolución del 65?

En la medida de lo posible, evito los juicios totalizadores. No me siento en capacidad de hablar sobre “la mirada de la mujer”. En primer lugar, porque el sujeto mujer es muy diverso, y su interpretación de los hechos está mediada por infinidad de factores, tanto materiales como subjetivos. Después, porque durante estos cincuenta y cinco años que nos separan de abril, las investigadoras sociales dominicanas no han producido estudios  sobre ese acontecimiento y nuestro papel en él. Es decir, no tengo referentes teóricos que me permitan emitir un  juicio fundamentado.

Sobre la Revolución de Abril del 65 se ha escrito mucho, ¿qué encontraremos en esta novela que no conocíamos?

Mi mirada de mujer.

¿Se trata de una historia sobre la Revolución del 65 o de las mujeres  en la Revolución?

Ni una cosa ni la otra. Lo que he intentado con Nosotras, las de entonces es explorar cómo este acontecimiento marcó a posteriori la vida y la subjetividad de las mujeres que tuvieron algún grado de participación en él. Las mujeres Uno, Dos y Tres, que son quienes sostienen el andamiaje de la novela, hablan desde el presente sobre las secuelas  que el acontecimiento dejó en cada una de ellas.

¿Ha sido justa la historia dominicana en reconocer el rol que jugó la mujer dominicana en el proceso de la revolución?

No, no lo ha sido. Ha habido un esfuerzo sostenido de mitificación, pero no de interpretación y valoración. En 1985, cuando se cumplían veinte años del acontecimiento, escribí y publiqué Mujeres de Abril, con una base testimonial muy rica que ofrece muchas pistas para la investigación sociohistórica que, sin embargo, no ha sido desarrollada hasta hoy.

¿Hay nombres sin mencionar, rostros sin recordar de mujeres que estuvieron y aún no se les conoce?

¡Claro que sí! Y no creo que se conozcan nunca. La Historia ha sido siempre muy avara con el sujeto popular, al que solo se releva como colectivo. En el caso de las mujeres, esta injusticia es mucho peor.

¿Pudo haber sido diferente la participación de la mujer  en el proceso de la revolución?

Para que así fuera, la sociedad dominicana y las fuerzas políticas de entonces tenían que haber sido diferentes. El proceso se produce en una sociedad y es protagonizado por fuerzas políticas, arraigadamente patriarcales.  Además, ni siquiera las mujeres tenían conciencia de su propia subordinación social y de género.

Desde la Revolución de Abril, pasando por los 12 años de Balaguer, 20 años de gobiernos peledeístas, ¿cómo ha evolucionado el rol de esa mujer política y revolucionaria?

Para ser justa, hablaría de todos los años que nos separan de abril de 1965, no solo de los mencionados en la pregunta. Los avances formales de las mujeres, sobre todo en las áreas jurídica y constitucional, y en cierta medida en la cultura, son contables. Las reformas jurídicas en los años noventa fueron significativas, y en el 2010 se afianzaron muchos derechos de género como derechos constitucionales. Desde luego, como dice el refrán, “del dicho al hecho, hay mucho trecho”.
En cuanto a la “mujer política”, me remito al estudio presentado en 2018 por el PNUD, la JCE y el Tribunal Constitucional:  en las elecciones de 2016, a las senadurías solo se postuló un 13% de mujeres; a las alcaldías, un  16.5% y a las direcciones de distritos municipales, un 16%. Los resultados finales fue que de las postuladas a diputada ganó el 28 %; a senadora, el 9.37%; a alcaldesa, el 12%; a directoras de distritos municipales, el 8.25%.  Además, dato no menos desdeñable, en los órganos de dirección política del PLD y el PRM, los partidos mayoritarios, las mujeres son el 17.14% y el 14%, respectivamente.

Salta a la vista que todavía nos falta recorrer un camino incalculable.

Algunos críticos literarios han destacado el hecho de que “Nosotras, las de entonces” se trata de mujeres que asumen la vida revolucionaria a partir de su ubicación clasista. ¿Estaríamos abordando un factor que definió la participación de la mujer durante la revolución?

Sin ninguna duda, es así. Pero es así porque las izquierdas de entonces encontraban su base social en las capas medias, muy influidas en el país y en el continente por la revolución cubana.

Quienes vivieron en la generación del 65 se podrían encontrar en “Nosotras, las de entonces”.  Para las generaciones actuales, ¿qué quisiera que permaneciera sobre esta historia? 

Para las generaciones actuales desearía que vayan más allá y adquieran un conocimiento suficiente y crítico de nuestra historia, en particular la republicana. Es la única forma de entenderla como proceso, y no como catálogo de episodios inconexos. Es decir, la única forma de entender nuestro hoy y de pensar nuestro mañana.

Escribir, volver hacia adentro y rebuscar en los recuerdos de la época, ¿fue doloroso?

Sí, realmente lo fue. Diría incluso que mucho.

Si pudiera elegir ¿quiénes quisiera usted que no dejen de leer “Nosotras, las de entonces”?

¡Uy! Quisiera que lo leyera todo el mundo.

Su primer libro de ficción, ¿por qué ahora y bajo este tema?

Ahora, porque mucha gente me ayudó a superar el miedo a publicar ficción que me ha acompañado desde que en mi lejanísima adolescencia comencé a  soñar con escribir. Con este tema porque… ¿por qué no? Desde otra perspectiva, muy diferente, cierto, escribí sobre él hace treinta y cinco años. El tema me ha acompañado por más de medio siglo.

¿Periodista o escritora?

No ejerzo desde hace cinco años.  El periodismo fue mi oficio, pero no creo que tenga ya muchas oportunidades ni deseos de retomarlo.  ¿Escritora? El adjetivo me queda grande. Lo digo de corazón, sin falsa humildad.

¿Volveremos a tener otra novela de su autoría?

Me lo estoy pensando, pero no puedo asegurar nada, ni siquiera a mí misma.

¿Cuáles temas le gustaría abordar en una próxima producción literaria?

Como ya dije, tendría que decidirme antes a escribirla, pero si eso llegara a ocurrir, volvería a escribir sobre mujeres.
 

EN POCAS PALABRAS
- Nosotras, las de entonces tiene 143 páginas.
- La edición para la República Dominicana es una foto de Lissette Herrera Bisonó y el prólogo es de Diógenes Céspedes.
- La edición de Estados Unidos el diseño de la portada es de Gaci Cudzí List y tiene un ensayo crítico de Manuel García Cargatena.
- El libro está disponible en Centro Cuesta del Libro y en Amazon.