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La Vida domingo, 29 de marzo de 2020

FILOSOFÍA MENTAL

La incertidumbre

  • La incertidumbre
  • La incertidumbre
Olga María Renville
Especial para Listín Diario
Santo Domingo

Vivimos tiempos donde la mayoría de los seres humanos hemos experimentado en la algún momento la sensación de incertidumbre, y es que enfrentarse a la incertidumbre es una parte inevitable de la vida diaria.

No podemos ver el futuro, y en ocasiones ante diversas situaciones que atraviesa el mundo, no sabemos con exactitud lo qué pasará en el día a día, debido a los cambios repentinos que pueden surgir.

La incertidumbre puede ser derivada de la ausencia de información, o bien por desacuerdo acerca de la información con que se cuenta, implicando la incertidumbre cierto grado de desconocimiento. Incertidumbre es lo contrario de certidumbre, que significa certeza; por lo que incertidumbre es la falta de seguridad, la sensación que nos genera algo de lo que no se tiene respuesta exacta o concreta.

Etimológicamente está conformada por el prefijo in (negación) y certus (cierto), por lo que se define como la carencia de un conocimiento certero, la duda o falta de certeza sobre algo que nos inquieta. Como algunos expresan sentir que tienen “un futuro incierto”.

Esta desagradable sensación puede ser causada por diversos  factores, como es recibir definiciones ambiguas sobre un mismo tema, y hasta previsiones imprecisas acerca del comportamiento humano.

Como seres humanos nos vemos frente a la necesidad de tener que elegir constantemente una acción o tomar una decisión que puede tener como consecuencia gran cantidad de resultados.

Todos conocemos a gente que no se maneja bien en la incertidumbre. Quizás nosotros mismos, somos de los que no nos gusta que no haya respuestas claras a los problemas.

Nos resulta molesto tener que aceptar la indefinición y no poder cerrar los asuntos con soluciones concretas y definitivas, generando así altos niveles de ansiedad y en algunos casos, estados depresivos ante la falta de esperanza que genera la incertidumbre de no tener seguridad en la solución de situaciones básicas (alimentación, empleo, estudios, economía, inversiones, etc.) en el futuro.

Es importante entonces, y necesario también, aprender a desarrollar una especial  tolerancia a la incertidumbre, la cual se trata  de la capacidad para aceptar la falta de concreción en las respuestas y tolerar situaciones o acontecimientos ambiguos. Quienes tienen una buena tolerancia a la incertidumbre no la consideran como estresante ni molesta, no necesitan evitarla y no tienen dificultades para funcionar aunque se encuentren en situaciones inciertas.

Las personas con capacidad de aceptar la incertidumbre se manejan bien en la ambigüedad y toleran la complejidad de las cosas, dedican más esfuerzo en la búsqueda de alternativas a los problemas, aumentan su capacidad de escuchar opiniones y emociones diferentes a las suyas.

En cambio, las personas que viven con ansiedad, especialmente aquellos adultos que se preocupan demasiado, son muy intolerantes a la incertidumbre. Ellos tratan de planear y prepararse para cualquier situación a fin de evitar o eliminar situaciones fuera de su control. El problema es que hay muy pocas cosas que podamos controlar…


APRENDE A TOLERAR LA INCERTIDUMBRE

La gran desventaja con la intolerancia a la incertidumbre es que es imposible mantener un férreo control de todo lo que nos ocurre o de todo lo que ocurre a nuestro alrededor, por lo que hay cosas que simplemente no podemos controlar.

1. Haz una lista de tus comportamientos. Identifica los momentos en que te sientes ansioso y las actitudes y comportamientos que tienes cuando esto pasa. Enumerarlos te facilitará reconocer tu comportamiento para poder modificarlo.

2. Califica el nivel de estrés. Aunque muchas situaciones te generen estrés, aprende a analizarlas y descubrir cuánto estrés te causa cada una. Así podrás trabajar con las que menos estrés te generen e ir avanzando poco a poco. Una idea es crear una escala del 1 al 10 y colocar un numero al lado de cada situación de acuerdo a la intensidad de estrés que te cause.

3. Escribe. Lleva un diario de las situaciones que te causaron incertidumbre, lo que hiciste y lo que dejaste de hacer. Esto te hará más consciente de tu evolución y te permitirá descargar aquellos sentimientos y pensamientos reprimidos, que en ocasiones te hacen tanto daño.

4. Ponte en situaciones de incertidumbre. Puede resultarte complicado de hacer, pero para vencer la incertidumbre debes aprender a enfrentarla. Inicia con pequeños actos y evoluciona conforme tomes confianza. La cuestión es no estancarse y avanzar hasta poder aceptar que poco a nada podemos llegar a controlar.

Es  recomendable aplicar técnicas de mindfullness, a través de la cual puedas enfocarte en el momento actual y centrar tu atención en soluciones.

Cuando la incertidumbre, la ansiedad o la depresión estén provocando dificultades en nuestras relaciones con los demás y en el desarrollo sano que como individuos debemos tener, es el momento de buscar ayuda profesional  a fin de encontrar soluciones.