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La Vida jueves, 02 de enero de 2020

MEDIO AMBIENTE

Ropa nueva hecha con ropa vieja

  • Ropa nueva hecha con ropa vieja
  • Ropa nueva hecha con ropa vieja
Daniel Galilea EFE
EEUU

Solo se recicla un 1% de la ropa en desuso y la mayoría de esa indumentaria termina en los vertederos de basura, según la firma sueca re:newcell, que a comienzos de año comercializarán en tiendas minoristas camisetas y pantalones vaqueros nuevos, hechos con ropa vieja.

Esto es posible gracias una tecnología que utiliza la ropa de algodón desgastada para producir un nuevo hilado textil denominado ‘Circulose’ cuyo aspecto, tacto y sensación al llevarlo puesto no se diferencian de los de las telas nuevas.

Re:newcell, que opera  una planta de reciclaje químico a escala comercial,  ha comenzado a vender ‘Circulose’ en la cadena de suministros textiles, aunque no ha anunciado aún qué marcas venderán las prendas hechas con este material, aunque trascendió que la marca H&M adquirió una participación minoritaria en la compañía, según la revista Fast Company.

En todo caso “las prendas fabricadas con Circulose llevarán una etiqueta que las identificará como tales”,  adelanta a Efe Harald Cavalli-Björkman, jefe de marca (https://circulo.se) en re:newcell (https://renewcell.com) , desde Estocolmo (Suecia).

FIBRA TEXTIL RECICLADA Y RECICLABLE.

“Circulose está hecha exclusivamente de productos textiles descartados, utilizando un método innovador impulsado por completo por energías renovables”, según Cavalli-Björkman.

Explica que durante este proceso la ropa vieja de algodón es descompuesta hasta su nivel molecular y vuelta a ensamblar, originando un material natural y prístino que no requiere cultivar más algodón, extraer y bombear más petróleo ni talar más árboles para ser producido, como sucede con otras fibras textiles.

“Este producto es biodegradable, tiene un impacto climático mínimo, no requiere el uso de materiales vírgenes ni de tierras de cultivo y demanda un ínfimo uso de agua, a diferencia  del algodón convencional producido a partir de vegetales que, además, requiere un uso considerable de pesticidas”, asegura.

Cavalli-Björkman destaca que la fibra Circulose o “algodón circular”  puede reciclarse de  5 a 7 veces, sin pérdida de calidad, una posibilidad de reciclaje sucesivo comparable a la del papel.

Señala a Efe que la indumentaria fabricada con este material y que ha quedado vieja seguirá el mismo proceso descrito en la planta de reciclaje de Kristinehamn, localidad a 250 kilómetros de las ciudades suecas de Estocolmo y de Gotemburgo, y la de Oslo, en Noruega.

“En la planta de Kristinehamn se recolecta la indumentaria de algodón, se la tritura y eliminan las cremalleras, botones y otros "contaminantes". El algodón desmenuzado, similar a pelusa, pasa por un proceso químico patentado que elimina del material los tintes, el poliéster, el nylon y otros materiales sintéticos”, indica.

“El resultado es una pulpa suspendida en agua, que es secada y transformada en láminas de material similar al cartón. Este material se disuelve en unos molinos y es forzado a pasar a través de una boquilla con forma de cabezal de ducha, del que sale convertido en fibras textiles”, señala Cavalli-Björkman  a Fast Company. 

REDUCIR EL IMPACTO AMBIENTAL DE LA MODA.

Añade que las fábricas pueden modificar el proceso para hacer que la tela que producen con esta fibra pueda lucir y sentirse en mayor o menor grado como la viscosa, la seda o el algodón, dependiendo de qué prendas se confeccionaran con este material.

“Esta fibra se desarrolló con la ambición de reducir drásticamente el impacto que la industria de la moda tiene en el medio ambiente, al ser una de las que consume recursos naturales de manera más intensiva”, según Cavalli-Björkman.

La industria de la moda genera más gases de efecto invernadero que la industria de la aviación y el transporte marítimo combinados, según la UNCTAD, el organismo de las Naciones Unidas para asuntos de comercio, inversión y desarrollo, de acuerdo a  Cavalli-Björkman.

Hasta ahora el reciclaje de textiles ha estado asociado a una calidad degradada, porque se dañaba la fibra al trocearla, con lo que no se podía obtener una prenda óptima para los consumidores, pero con esta innovación “se pueden conseguir prendas indistinguibles de las de algodón de primera mano y adaptadas a las preferencias de sus usuarios”, añade.

“Además reduce el impacto ambiental  y las marcas podrán ayudar al medioambiente teniendo en cuenta el reciclaje, por ejemplo evitando las mezclas de algodón y poliéster”, según Cavalli-Björkman, quien calcula que cada año se tiran alrededor de 20 a 30 millones de toneladas de desperdicios de algodón.