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FORMACIÓN

Por un trabajo y vida digna

Cada día surgen más oportunidades de inclusión. ISTOCK

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En la actualidad la inserción laboral de personas con discapacidad es vital para crear entes productivos y cambiar la noción de que, por tener alguna condición especial, no se tiene la habilidad de hacer un oficio.

“Existen miles de historias de jóvenes con discapacidad que con su empeño y proactividad han marcado la diferencia, y pese a sus limitaciones han buscado la forma de superarse e insertarse al mercado laboral y profesional”, destacó Guadalupe Moll, encargada del departamento de Inserción Laboral en la Asociación Dominicana de Rehabilitación (ADR).

Tal es el caso de Hamilton Vásquez, un joven que perdió la visión luego de que unos delincuentes lo interceptaron de camino a su casa para robarle su motocicleta, y tras el forcejeo este cayó, golpeándose con un muro de contención.

“Hace seis años, al caer, me fracturé la parte izquierda de la cara y el nervio óptico se atrofió, producto de eso, quedé sin visión”, narra Vásquez, quien, hoy tiene 32 años y pese a las consecuencias de esa noche, sus sueños y aspiraciones no fueron mermados.

Cuenta que gracias a la Fundación Dominicana de Ciegos conoció el Programa de Inserción laboral que ejecuta la Asociación Dominicana de Rehabilitación (ADR), por lo que en 2017 fue contratado por dicha institución como Auxiliar de Terapia Física.

Para Hamilton, estudiante de término de Derecho, su plan es terminar la universidad para cerrar su ciclo como alumno y convertirse en profesional.

“Hola, ¿cómo tú ta¥?”, “¿Qué haces? o “¿cómo puedo ayudarte?” son las palabras con las que Cristian Francisco Ozoria, recibe a los clientes y colaboradores, en su lugar de trabajo.

Este joven ingresó a la ADR cuando tenía un año de edad para formar parte de los programas de medicina de rehabilitación; y posteriormente a los de educación especial y asistencia psicológica.

Se graduó de la Escuela de Educación Especial Dr. Jordi Brossa, y fue referido al programa de Inserción y Formación Laboral, donde comenzó en el taller protegido para trabajar ajuste personal, desarrollar habilidades y destrezas, y luego, ver posibilidades de entrenamiento en un oficio.

“Es una persona agradable y siempre está feliz. Tiene una actitud de cumplir con las responsabilidades de su puesto”, expresó Ángel Guerrero, encargado del área a la que está asignada Cristian, quien es el primer empleado de la ADR con síndrome de Down.

Cada día, más instituciones se suman a la contratación de personas con discapacidad.

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