Gastronomía

David Friedlander, gestor de “Yo amo RD”, es un enamorado de la identidad nacional

David Friedlander anhela que los dominicanos se enamoren de su país y de lo que se produce aquí. Agro, turismo y cultura son los enfoques para lograr una oferta culinaria guiada que arrancó en el año 2013. GLAUCO MOQUETE

No oculta su pasión cuando expone logros y metas de su proyecto, un concepto que más allá de la gastronomía se enfoca en tocar lo más recóndito del alma nacional.

David Friedlander, fundador y gerente general de ‘Yo amo RD’, quizás no es un dominicano de pura cepa, pero su amor por los valores, las costumbres, la cultura y la identidad nacional lo lleva a flor de piel como el más auténtico criollo.

“Es sabor criollo con una personalidad internacional”, expresa Friedlander sobre su oferta gastronómica centrada en fusiones, sin dejar a un lado la creatividad.

Agro, turismo y cultura son los enfoques para lograr una oferta culinaria guiada que arrancó en el año 2013 para apoyar a productores nacionales, artesanos, artistas plásticos y pintores, incluso fuera de las paredes del restaurante.

La madre de Friedlander es dominicana y su padre judío-alemán. Estudió administración hotelera en Las Vegas, Nevada, donde durante 16 años abrió y manejó importantes restaurantes en la llamada meca del juego en Estados Unidos.

“Lo que me motivó fue observar tantos problemas y ver que no se hacía nada para resolverlos. Muchas veces uno se ahoga en esa copa y no encuentra salida, centrado en ese pensamiento que solo percibe la parte negativa de su país”, indica sobre qué lo impulso a convertirse en un apasionado promotor de los valores y del orgullo por la patria.

A qué sabe RD para él Considera que República Dominicana es un país con una historia impresionante, con sabor a una cultura rica y diversa, destinos turísticos hermosos y otros atractivos que únicamente necesitan ser apreciados y comunicados.

Su principal reto ha sido cómo fomentar el amor por el país en medio de las preocupaciones de los dominicanos por anhelos y demandas insatisfechas.

“Puede parecer romántico pedirle a una persona que ame su país cuando se le dificulta comercializar su talento o si apenas puede sobrevivir en él, pero es posible si se le hace ver que tenemos mucho valor y fomentar el optimismo, eso se contagia”, precisa.

En esos afanes de que el dominicano consuma la identidad nacional las iniciativas de Friedlander parece que no tienen límites.

La semana pasada celebró la primera versión de “Paladares de mi tierra”, una actividad que se realizará el primer sábado de cada mes junto a la Asociación Culinaria Dominicana (ACD), en esta oportunidad dedicada a la provincia Sánchez Ramírez, con la participación de siete chefs que elaboraron diversos platos con sabor criollo, incluidos tres oriundos de esa localidad.

Proyectos futuros Su meta es llevar este festival gastronómico a todos los rincones del país para apoyar a los productores nacionales, al tiempo que se contribuye a definir y evolucionar el paladar dominicano.

A las provincias Puerto Plata, La Vega y Samaná, así como a los barrios Pantoja y La Ciénaga, ha llevado la actividad ‘Muralizando RD’ para apoyar a artistas plásticos que remozan paredes y otros espacios públicos con su arte. Sólo en Puerto Plata se pintaron 46 murales en un fin de semana y 260 en total desde que la actividad se puso en marcha.

El evento ‘Dando batalla’, un campeonato de canto improvisado y baile celebrado en la plaza Güibia de la capital, es otra iniciativa que desarrollaron para apoyar a talentos que procuran abrirse paso en la música urbana.

“Crear un código de amor por el país es la mejor manera de cambiar el comportamiento negativo que tenemos como dominicanos”, entiende Friedlander, tras citar el ejemplo de Nueva York, donde las autoridades lograron despertar el amor de sus habitantes por la ciudad en un momento de elevada criminalidad.

Dentro del restaurante hay espacios para conferencias, exposiciones de artistas dominicanos y poseen una aplicación comercial en línea sin costo para que cualquier pequeño empresario o emprendedor pueda comercializar el producto de su talento.

A los micro y pequeños empresarios también les ofrecen la capacitación que necesitan para que puedan vencer las barreras de la informalidad.

Se considera parte de una generación que jugó vitilla, que dejaba las puertas abiertas y caminaba por cualquier calle del país sin el temor a ser atracado o que se juntaba en familia alrededor de una fogata. “La gente no vivía tan agitada, eso hay que rescatarlo”, agrega.

Y aunque parezca paradójico, confiesa que tiene poco tiempo para saborear los logros alcanzados, debido a que no para de impulsar iniciativas que sigan posicionando a República Dominicana como una marca país.

El día de la entrevista contó que compró yautía en un supermercado y le provocó indignación que la cajera desconociera ese producto netamente criollo. “Quiero que los dominicanos se enamoren de su país y de lo que se produce aquí”, exclamó Friedlander, de 40 años y casado con la dominicana Michelle Cohen, la principal razón de encontrarse en este rincón del Caribe y con quien ha procreado dos hijos.

Pese a que podría ser mucho más exitoso en Estados Unidos o cualquier nación de Europa, el joven empresario no se visualiza en otro lugar del mundo. Se siente cada día más atado al país por el amor a su familia y a todo lo que huela a dominicanidad.

Muralizando RD. Es una actividad que se lleva a provincias y barrios de la capital para apoyar el talento de los artistas plásticos.

Educación. Otro objetivo es educar a micro y pequeños empresarios para que superen la informalidad en el manejo de sus negocios.