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La Vida miércoles, 11 de septiembre de 2019

FÁBULAS EN ALTA VOZ

Cuando no nos sabíamos las letras del gran Camilo

  • Cuando no nos sabíamos las letras del gran Camilo
Marta Quéliz
martha.queliz@listindiario.com

No sé ustedes, pero antes, tal vez por la falta de conocimientos, algunos cuando cantábamos cambiábamos las letras de las canciones. Después de crecer, al menos yo, hasta me río cuando noto el disparate que entendía que decía una canción. Las de Camilo Sesto han sido “víctimas” de este despiste. Para poner un solo ejemplo, creía que su tema ‘Ya no puedo más’, decía: “Estoy harto de rodar como una doña”, cuando en realidad dice: “Estoy harto de rodar como una noria”, que es una especie de máquina con ruedas que se usa para sacar agua.

¿Por qué este tema para recordar a Camilo?
Escogí este título por entender que sus canciones, por ser tan exquisitas, son muy vulnerables al cambio de letras. No todo el mundo tiene el manejo de palabras que tenía el gran Camilo. Sus temas, sin excepción, son joyas que han deleitado por varias décadas a los amantes de las buenas canciones.

Por tener hermanos mayores que yo, pude escuchar las canciones que, aunque estaban fuera de mi época, me gustaban. ¿Qué si les cambiaba las letras? Ufff, mucho. No entendía casi nada de lo que decían, pero trataba de usar la melodía para cantarlas con mis propias palabras. Sé que no era la única. Después de adulta me di cuenta de que otras personas también hacían de las suyas con la literatura cantada por el fino artista.

Había que cambiarlas obligado
Así es, porque quién sabía lo que decía cuando en su canción ‘Amor de mujer’, cantaba: “A veces fuego y a veces cieno salvaje y tierno”... O tal vez cuando en ‘Melina’ puntualizaba: ‘Tu vida y tu razón es tu país, donde el mar se hizo gris, donde el llanto ahora es canto”. De verdad que era demasiado para una población tercermundista, y más para nosotros siendo de Constanza, que está un tanto alejado de la ciudad.

En una fábula de romanticismo
Lo cierto es que Camilo fue ese artista que, a través de sus canciones, llevó a muchos a viajar a ciudades fabulosas donde el amor encontraba respuestas, donde la vida cobraba sentido, donde aun en el “amargue”, como decimos los dominicanos, la gente encontraba aliento, porque sus letras, pese a no entenderlas a veces, sabían calmar el dolor de un corazón roto o, en su defecto, propiciar una reconciliación. Sé que su partida ha entristecido a más de uno y, entre ellos seguro están mi hermano José Amado e Isabela, la hija de Lidia, quien con apenas 16 años ha sabido valorar la fina lírica de un artista que vivirá por siempre rodando en nuestra vida como una doña, ay perdón, como una “noria”.