PARÍS

Un “Ave María” contra el espanto del fuego en Notre Dame

Foto: AP/Francois Mori

Foto: AP/Francois Mori

La aguja de la catedral de Notre Dame se desploma por las llamas. Miles de personas, turistas y locales, observan la escena en directo con espanto y muchos no pueden reprimir un grito o las lágrimas. Siglos de historia francesa y europea son devorados por el fuego ante el estupor de los presentes.

A pocos cientos de metros del templo, allí donde la policía ha establecido cordones para impedir que alguien se acerque más de lo recomendable, un grupo de fieles comienza a entonar un himno.

"¡Ave María!", comienza a cantar un pequeño grupo, entre los que hay muchos jóvenes. Poco a poco, otras personas se unen y pronto son alrededor de medio centenar, algunos de ellas de rodillas, tratando de conjurar el horror con rezos y cantos.

"Cuando nos hemos enterado de que la iglesia estaba ardiendo, hemos venido a rezar. Le cantamos el 'Ave María' porque la iglesia está dedicada a la Virgen. Es una enorme tristeza", explica a Efe Jacques Cochard.

A las 19.00 hora local (17.00 GMT), cuando el incendio ya había comenzado, sonaron las campanas de la catedral. Las mismas que tañeron el día en que París fue liberado de la ocupación nazi. Después de esa hora, no han vuelto a sonar.

El fuego era amenazante desde el comienzo del incendio. Cuando la aguja estaba a punto de ceder, el calor cerca de la catedral era intenso. Una vez que la aguja cayó hay una menor temperatura, pero las llamas todavía no desaparecen.

Un grito entre fascinado y horrorizado precedió la caída de la aguja, como pudo comprobar una periodista de Efe en el lugar.

Quien no grababa la escena con su teléfono, se cubría la boca abierta con la mano. Algunos hacían las dos cosas a la vez. Otros preferían agarrar fuerte un rosario y cerrar los ojos.

Emmanuel de la Sarge se hallaba corriendo por el Barrio Latino cuando vio las llamas y se acercó a rezar. "Es muy simbólico que esto haya sucedido precisamente en Semana Santa", lamenta.

Una antigua guía del templo explica que la parte de debajo del tejado, que hoy está siendo devorada por el incendio, está lleno de intrincados pasillos de madera, que además guardan algunos recuerdos muy emotivos que normalmente no están a la vista de los visitantes.

"Los obreros que levantaron el techo cuando se hizo la restauración del arquitecto Viollet-Le-Duc, en el siglo XIX, habían grabado para la memoria sus nombres, dibujos... incluso hay alguna mujer desnuda en las paredes", relata.