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MANEJO DEL DUELO

La pérdida ambigua

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Laura Ortiz GüichardoSanto Domingo

La pérdida ambigua hace referencia a una pérdida difícil o imposible de esclarecer, que se mantiene confusa y generalmente nunca se logra resolver.

Es resultado de la falta de verificación oficial de la desaparición de una persona. También puede darse por la ausencia física o psico-emocional de alguien, o de un lugar (por razones de enfermedad, adicciones, separaciones, migraciones, etcétera) y que provoca una incongruencia entre lo ausente y lo presente.

Así lo define la psicóloga Priska Imberti, quien enfatiza en que buscar la manera de normalizar la situación y entender cuáles son los mecanismos de autoregulación de la persona y su historia de resiliencia personal son factores claves que pueden ayudar a lidiar con estas situaciones.

CASOS EN EL PAÍS Cifras alarmantes Según datos ofrecidos por la Policía Nacional, en el año 2017 se reportaron 346 casos de personas desaparecidas.

De esas, 238 fueron encontradas, 25 fueron halladas sin vida y 83 todavía no han sido localizadas, dejando a sus familias con el amargo sabor de no saber qué ha pasado con sus seres queridos desde aquel día que salieron pero nunca regresaron.

El rastro emocional detrás de una pérdida De acuerdo con la psicóloga Priska Imberti, cualquier pérdida, sea ambigua o no, puede experimentarse como traumática dependiendo de las circunstancias y la percepción del que la sufre. Ese trauma se diferencia del estrés normal en que este último es “una presión ejercida sobre el estado habitual de un sistema, mientras que el trauma es un estrés tan grande e inesperado frente al que el sistema no puede defenderse, sobrellevarlo o manejarlo”.

Cuando este panorama se presenta dentro de un cuadro de ambigüedad (ser querido desaparecido, quien no sabemos si permanece vivo o no, por ejemplo) se convierte en complicado, lo que lo complica es, precisamente la incertidumbre.

A consecuencia de una vivencia traumática, se activan partes muy primitivas del cerebro para mantener a la persona en un estadío de hipervigilancia e hiperexaltación, aun en la ausencia de lo que provocó la experiencia.

En esa circunstancia, el cerebro del que perdió el ser querido se mantiene alerta esperando el retorno o alguna noticia sobre el fin que tuvo esa persona, la cual puede presentarse en un momento impredecible, provocando un estado de impotencia.

Más allá de buscar ‘superar’ el duelo, lo más importante es aprender a sobrellevar las pérdidas, es decir, aprender a vivir con lo que es y lo que no puede ser, sin apresurar el proceso natural de sanación, abandonando las expectativas positivas rígidas.

A su vez, Imberti puntualiza que la normalización de las reacciones ante estas, que sería lo contrario a patologizarlas, puede ayudar significativamente a enfrentarlas de mejor manera.

“Que puedan esclarecer entre padecer de un trastorno médicamente definido, como lo es la ansiedad, la depresión y el estrés post traumático, y sus reacciones ante una situación que está fuera de su control. La idea central es ayudarlos a entender que están presentando una reacción normal a una situación anormal”, afirma.

A partir de sus años de experiencia, la experta considera que entre lo más importante que debe tener un terapeuta que trabaja las pérdidas y el duelo en general es la amplitud mental, abandono de estructuras psicoterapéuticas estandarizadas, alejamiento de la medicalización y la patologización de síntomas que pueden ser comunes, tanto a condiciones de salud mental como a situaciones de estrés social o contextual que lleven a la persona a reaccionar de forma similar.

Deben saber distinguir entre abordar un caso desde una perspectiva de conocimiento y experiencia clínica y una ante la cual sería apropiado reconocer que no se sabe exactamente qué hacer, pero que se está preparado para afrontar lo desconocido con serenidad, curiosidad y compasión.

PERFIL DE LA PSICÓLOGA A pesar de haber nacido en Argentina, la psicóloga Priska Imberti cuenta que residir desde hace 28 años en los Estados Unidos ha impactado su vida en el ámbito profesional. Ha trabajado en numerosas clínicas, incluso llegando a tener un consultorio propio donde trataba casos relacionados a pérdidas.

Pero sin duda, una fecha que no puede borrar de su memoria es aquel 11 de septiembre del 2001, en el que junto a las Torres Gemelas, también se derrumbaron las vidas de cientos de familias que ese día tuvieron que asumir la idea de no volver a ver jamás a sus parientes con vida.

Aunque fue muy difícil al principio, afirma que sin duda trabajar con esas familias durante años fue una experiencia clínica y personal que delineó positivamente la manera en la cual ha trabajado a través de los años con sus demás pacientes.

Imberti recientemente visitó el país para hablar sobre la jornada psicológica que estará realizando en suelo dominicano bajo el título “Duelo, trauma y pérdida ambigua”, el próximo 20 de octubre en el Hotel Intercontinental.