La Vida

LOS NUEVOS OBISPOS

Un reconocimiento a los padres paúles

Alegria. El nuevo Obispo recibió con entusiasmno su ordenación porque considera que es un reconocimiento a los paúles.

Ramón Urbáez | Especial para Listín DiarioSanto Domingo

Faustino Burgos Brisman es el último de los obispos auxiliares de la Arquiócesis de Santo Domingo designado en julio por el Papa Francisco.

Nació en la periferia de San Francisco de Macorís y nunca tuvo otra aspiración ni sueño que ser Sacerdote católico de la Congregación, fundada por San Vicente de Paúl en la Francia miserable de 1625.

“Para servir a los pobres”, dice el nuevo obispo Burgos, señalando que esa ha sido la misión de los padres paúles durante 400 años.

Su ordenación episcopal se realizó el pasado sábado 26 de agosto en el Centro de Convenciones de Sans Soucci, al otro lado del río Ozama, junto a otros dos nuevos obispos auxiliares designados por el Papa en la misma fecha: Benito Ángeles Fernández y Jesús Castro Marte.

En la ordenación episcopal hay un signo fundamental, que es la imposición de manos sobre la cabeza del ordenado. Por ellas y por las palabras de la consagración se confiere la gracia del Espíritu Santo, y el nuevo obispo queda así marcado con el carácter sagrado.

El obispo Burgos está convencido de que su elección es un reconocimiento que hace la Iglesia al trabajo de los padres paúles, que se han entregado por casi 70 años al servicio de los pobres en el pais.

Cuatro cosas “Lo esencial que debe tener un misionero paúl son cuatro cosas: pata de elefante, boca de perro, lomo de burro y corazón de paloma”, le dijo un día el padre Juan Díaz Catalán, cuando a la edad de 14 años Burgos le expresó que deseaba ser sacerdote.

Catalán le explicó que las “patas de elefante” eran para caminar en cualquier terreno: lodo, llano, lomas, tierra seca o cenagosa; la “boca de perro” para comer lo que sea, lo que le diera la gente; “lomo de burro” para llevar la carga suya y la ajena, y “corazón de paloma”, porque hay que ser muy noble, como Jesús el Hijo de Dios.

Las recomendaciones del padre Catalán nunca las ha olvidado, y como misionero, bajo el amparo de la Virgen Milagrosa, ha tratado de vivirlas en los lugares donde ha sido destinado. El 30 de mayo cumplió 30 años de ordenación sacerdotal por la imposición de manos del entonces obispo de San Francisco de Macorís, Jesús María de Jesús Moya.

Tres veces provincial El nuevo Obispo es licenciado en Ciencias Religiosas, tiene tres grados en gestión y administración de centros educativos, y un post grado en Espiritualidad en Francia.

Posee una amplia experiencia ministerial y pastoral diversificada, tanto en el ámbito parroquial como formador de seminarios, y director de escuelas y colegios privados.

Además de su constante misionar por campos, pueblos y ciudades del país, Haití y Puerto Rico, monseñor Burgos ha sido vicario parroquial en Santurce; director de las Hijas de la Caridad en la región del Caribe, y Provincial de su congregación para la región de las Antillas por tres períodos consecutivos, desde el 2003 al 2015, con asiento en Puerto Rico.

Una llamada temprana “Yo soy hijo de campesinos. Mi padre Mario Burgos, era de los Ganchos de Cuaba, y mi madre Polonia Brisman del Hoyo de Jaya”.

Son parajes del municipio de San Francisco de Macorís.

Una región de suelos fértiles y blandos, donde florece el café y el cacao, y una rica variedad de víveres, frutas y verduras. Creció en ese ambiente de sencillez y trabajo, quizás no de abundancia, pero de mucha calidez humana, de gente de paz, humilde y solidaria, llena de fe en Dios y en la Virgen. Fue en la quietud y el amor del hogar donde recibió el llamado de Dios. Allí nació su vocación al sacerdocio, bajo el ejemplo de sus padres y de los incansables padres paúles que se entregaban sin medida al trabajo por los pobres.

“Mi mamá era catequista y mi papá siempre estaba presto para servir en la iglesia, Una pareja de mucha fe, que nos enseñaron tres cosas: el camino de la iglesia, de la escuela y del trabajo, sin olvidar el respeto a las personas y la cercanía al pobre”.

Y su vocación, ¿cuándo sintió el llamado? “Viendo el ejemplo de los padres paúles, recuerdo que un día le dije a mi papá que yo quería ser como ese sacerdote que celebraba la misa. No recuerdo si era el padre Segundo Llanos o Severino Bermúdez. Mi padre me pasó la mano por la cabeza, sonrió y tal vez pensó que eran cosas de muchacho”.

Años después llegó a la Parroquia Santa Rosa, un sacerdote llamado Juan Julián Díaz Catalán, y dijo en un programa de radio que quería reunirse con jóvenes que desearan ser sacerdotes. Mi papá lo oyó y me dijo que si yo quería podía ir. y le pedí que me llevara.

Era el mes de mayo de 1974, yo tenía 14 años. Mi primera convivencia vocacional fue en Moca, del 2 al 5 de agosto de 1976, nunca la olvido porque fue muy importante para mí”.

¿Por qué lo designaron obispo? “Estoy convencido de que no ha sido a mí a quien el Papa y la iglesia reconocen con este nombramiento, sino la entrega y la dedicación integral a los pobres de los padres paúles, porque personalmente no se tienen los méritos para esta distinción. Detrás de mi elección hay una gran historia, casi 70 años de entrega, sacrificios y servicio a los necesitados”.

“Los primeros padres paúles, desde que llegaron al país en 1955, impulsaron una amplia obra evangelizadora, educativa, moral, social y de servicio a los pobres de la parte oriental de la capital, que luego se expandió a otras regiones”.

De trato afable y sonrisa fácil, el obispo Burgos pide a Dios que lo ayude en su nueva misión sin que “pierda su buen humor, el amor a sus hermanos paúles y la cercanía con los pobres”.

Burgos es el segundo sacerdote dominicano de la congregación fundada por San Vicente de Paúl.

El primero es Tulio Cordero, misionero en África y ahora párroco y catedrático de la Universidad Católica de Santo Domingo (UCSD).

¿Cómo conoció los paúles? “En San Francisco de Macorís, en el barrio donde vivía. Su trabajo era algo impresionante, los veía caminar y trabajar día y noche, bajo lluvia, sol y sereno, por los campos, a pie y en mulos, sin importarles la distancia, el tiempo ni la comida. Su misión era ayudar, promover, evangelizar y dar asistencia a los pobres”.

¿Cómo asumirá su nuevo compromiso? “Su Excelencia Ozoria y los demás auxiliares designados me han dado una cálida acogida y ahora ya ordenado Obispo Auxiliar debo insertarme en el proyecto que tiene el Arzobispo, el cual conlleva una gran implicación de la Iglesia en comunión, como pueblo de Dios.

Una iglesia peregrina, que camina y tiene un compromiso vivo con su fe.

“La idea que tuvo el arzobispo Ozoria de dividir la Arquidiócesis en vicarias episcopales es excelente, de manera que cada obispo auxiliar asuma una vicaría en conjunto con él. Eso facilita trabajar en común para que el Evangelio de Jesucristo se inserte cada vez más en nuestro pueblo y todos podamos vivir como verdaderos hijos de Dios.

¿Cómo recibieron los paúles su nombramiento? “La alegría ha sido desbordante, yo estoy sorprendido. Días después que me designaron nos reunimos todos para almozar, y yo ni siquiera me imaginaba que estarían tan felices. Les dije que los veía a todos muy contentos, pero que yo estaba un poco asustado, porque ser obispo me cambiaba toda la agenda como sacerdote y miembro de mi congregación”.

¿Lo ven como un obispo suyo o sienten que lo han perdido? “Los paúles están contentos, y yo soy un obispo hijo de San Vicente de Paúl, aunque ahora mis nuevas funciones me apartarán un poco de los compromisos con la comunidad vicentina”.

Se siente muy de trabajar con el arzobispo Ozoria, porque es un pastor amigo de los padres paúles, a los que conoció siendo párroco en San Francisco de Macorís y luego como Obispo en San Pedro de Macorís.

Los pioneros Los tres primeros fueron Fernando Barrena, Teodoro Calzada y Jaime Vergara. Eran españoles, pero llegaron desde Puerto Rico en 1955, donde se habían establecido desde muchos años antes. Vinieron pedidos por las Hijas de la Caridad, que ya trabajaban en San Francisco de Macorís, pero se establecieron en el ensanche Ozama, donde fundaron la parroquia San José Obrero, y desde allí viajaban para asistir espiritualmente a las religiosas de San Francisco.

Después se expandieron hacia Los Mina, que era un lugar de mucha pobreza donde se concentraban la inmigración rural de entonces.

Barrera, Calzada y Vergara se convirtieron en presencia familiar en las callejas de Los Mina.

Recorrían a pie las calles y los callejones, predicando, formando comunidades, haciendo obras de caridad. En pocos años crearon asociaciones de laicos, capillas, la devoción a la imagen de La Milagrosa, asociaciones, grupos de jóvenes, el colegio y la parroquia San Vicente de Paúl, que fue encargada al padre Emilio Tobar. Luego abrieron fundaciones y atendían parroquias en San Francisco, La Barquita, Vicente Noble, Las Llanos y Quisqueya de San Pedro de Macorís y otros lugares. La congregación ha ordenado unos 22 sacerdotes dominicanos en los últimas décadas, que comparten las misones con los extranjeros en distintas zonas del país, Puerto Rico y Haití, Tienen quince estudiantes en el seminario del Ensanche Ozama. El primer paúl dominicano es Tulio Cordero.

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