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TESTIMONIO

¡Dios existe en nuestra vida!

Existió un tres de marzo de 2009, en la carretera que va a la ciudad de La Vega Real, República Dominicana. Un imprevisto, una casualidad o un destino provocó un accidente automovilístico desastroso. Tres personas que cumplían con su deber profesional fueron las víctimas.

Sin detallar hoy, ocho años después de las consecuencias físicas, me permito creer con los ojos más abiertos cada día, que Dios existe. Fue un privilegio tener en La Vega el Hospital Traumatológico y Quirúrgico Profesor Juan Bosch, donde me asistieron de emergencia. Luego encontré allí a un médico neurocirujano que manifestó su interés de asistirme por mi fractura de vértebra lumbar en el Hospital Metropolitano Homs en Santiago. Fui recibida por internistas, intensivistas, gastroenterólogos, neurólogos, enfermeras, cuerpo administrativo y gerencial porque cuánto se batalló y batallé para recuperar mi bienestar. ¡Qué más certeza que esa de que Dios exite!

Ahora bien, sin escapar a la calidad profesional médica, hay que seguir dando las gracias eternas a muchos. Primero por la calidad humana de quienes donaron su sangre, de quienes ayudaron en la estadía de familiares en Santiago, de quienes oraron y dieron seguimiento a mi recuperación, pero sobre todo de esos compañeros de trabajo que me abandonaron en ese momento crucial. Descubrí también que Dios existe en cada decisión tomada única y radical por parte de los ejecutivos de mi preferido y único lugar de trabajo. Cómo no agradecerle a Dios el haberme puesto tantos ángeles en el camino para que me asistieran en un momento tan difícil.

Quiero que sepan que, luego de 21 días en intensivo y retornar a casa fui recibida por mi familia de sangre, compañeros de trabajo, vecinos, amistades y sobre todo mis hijos con la más cálida de las emociones. Ahí también me convencí de Dios existe. Es que sencillamente, Él está en cada momento, en cada lugar y en cada detalle.

Por eso hoy me atrevo a hacerte esta pregunta: ¿Te has sentido alguna vez que Dios te pone de ‘castigo’ en el subi-baja de tu vida? Sé que sí. Somos humanos y todos en algún momento lo creemos porque suceden situaciones en nuestra vida, pero ¿Cómo se mantiene nuestra fe en esos momentos?

Lamentablemente las personas viven una fe que yo le llamo ‘fuin fuán’. Si su vida está bien, su fe, espiritualidad y amistad con Dios está bien, pero si su vida va mal, hacen todo lo contrario.

La fe no es un estado de ánimo. Es algo que se tiene y que con el tiempo y las situaciones que llegan a nosotros crece y se fortalece. Quien tiene fe sabe que por encima de toda duda o cualquier preocupación que se tenga, lo que está pasando en este momento es por voluntad de Dios, y si no es así, es fruto de alguna mala decisión, pero igual debe tener confianza en que Dios le ayudará a salir adelante.

“Es, pues, la fe la certeza de lo que se espera, y la convicción de lo que no se ve” (Hebreos 11:1). Yo estoy viva y lo estoy porque creo que Dios exite.

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