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Flores

Las enigmáticas Orquídeas

Bienvenidos nuevamente al maravilloso mundo de las orquídeas, las flores más bellas y enigmáticas del mundo vegetal. Ese universo al que es fácil de acceder, pero del que no suele haber retornoÖ

Las orquídeas están indudablemente entre las especies florales más viejas, se remontan a 65 millones de años. Los restos más antiguos han sido encontrados en el Monte Bolca, cerca de Verona (Italia).

El nombre orquídea fue usado por primera vez por Teofrasto, filósofo de la antigua Grecia que vivió entre el siglo V y VI a.C., quien escribió “De historia plantarum”, el primer tratado sistemático de botánica y farmacología en el que habla de algunas plantas que presentaron dos tubérculos redondeados en la base de las raíces, con un parecido a los testículos de los hombres. A estas Teofrasto las llamó “Orchis”, que en griego significa precisamente “testículos” de ahí se origina el nombre “orquídeas.”

Dioscoride en el siglo I d.C. cita las orquídeas en sus libros de herboristería y botánica. Pero se tiene que llegar al siglo XI, para encontrar el primer real tratado de cultivo de las orquídeas publicado en China. Los chinos quisieron y quieren mucho esta flor, en este país las orquídeas fueron asociadas a sus fiestas de primavera y fueron usadas para alejar las influencias malvadas y, de modo particular, contra la esterilidad.

También los Aztecas conocieron en particular la orquídea de la especie “Vainilla”, que fue usada para crear fragantes bebidas a base de café, cacao y vainilla utilizando la vaina. Hizo falta esperar el siglo XVIII para tener la clasificación botánica gracias a Carlos Linneo, gran botánico sueco y padre de la actual clasificación botánica de las plantas en su libro “Species plantarum”.

Un siglo más tarde estalla la verdadera pasión por las orquídeas gracias también a Charles Darwin, quien estudió las especies y las técnicas de reproducción.

A partir de esa época se inicia la caza de orquídeas en busca de nuevas especies, y se hacen famosas las lecciones obligadas de la inglesa Royal Horticultural Society, que es hoy la principal institución activa en la búsqueda de nuevas especies vegetales.

Fueron principalmente Inglaterra y luego Holanda las que contribuyeron a descubrir y a difundir estas extraordinarias plantas en todo el mundo. En efecto, muchas de las principales orquídeas todavía conocidas llevan el nombre de investigadores y apasionados de entonces, como James Veitch de quien deriva el nombre “Epiphronitis Veitchii” o William Cattley, de quien se deriva el nombre de la Cattleya, solo para citar algunos de ellos.

Desde entonces la orquídea es difundida en todo el mundo y se espera que el peor enemigo de este planta, el hombre, no siga destruyendo su entorno natural: los bosques tropicales.

Gracias a que las orquídeas son flores altamente adaptables es posible encontrarlas en casi todos los rincones del mundo, en cada lugar con características adquiridas al ambiente.

La flor de la orquídeas es de simetría bilateral. Es decir que si se traza una línea vertical por la mitad de esta, las dos partes son iguales o simétricas.

Las diferencias que existen entre una orquídea y otra son tan grandes que difícilmente podríamos pensar que son “parientes”.

Existen en forma de estrellas de mar, con pelos, brillosas, otras fabricadas casi de cera. También están en diferentes colores: rojas, moradas, blancas, amarillas, rosa pálido, verdes; orquídeas que simulan abejas o mariposas o delicados pensamientos, orquídeas araña, aromáticas, apestosas o sin olor; unas diminutas otras gigantescas; zapatillas de dama, formas de tulipán, cara de mono, y miles de diferentes formas, colores y tamaños.

De las aproximadamente 25,000 especies, cada una tiene una forma, fragancia, tamaño y un color diferente. Además de todo esto requiere de un polinizador determinado. Esto representa un grado de evolución en el reino vegetal. La conformación de los órganos sexuales de cada especie se adapta al instrumento polinizador de una abeja, avispa, colibrí, mosca, mariposa y ningún otro individuo podrá lograr la reproducción de esa flor, ¡ni siquiera un primo cercano!, claro de forma natural.

Por esa razón, las flores de las orquídeas son de formas extremadamente variadas y pueden atraer a una variedad de insectos así como a pájaros, murciélagos o sapos para su polinización.

Polen, néctar, o fragancias florales pueden ser empleados por las orquídeas como recompensa de la polinización, y su labelo sirve de pista de aterrizaje para estos polinizadores.

Las orquídeas son apasionadas y enigmáticas en su comportamiento. Durante este mes estaremos explicando sus generalidades.

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