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La Vida jueves, 29 de octubre de 2015

ARTES VISUALES

Delio García: por amor al arte

El patio/museo de Delio García, ganador de la categoría escultura en la 28 Bienal Nacional de Artes Visuales, es un elogio al reciclaje, la soldadura y el ensamblaje.

  • Delio García: por amor al arte

    “Elefante de fuerza”. La escultura favorita de don Delio García es un elefante asiático con movimiento en la trompa. Le tomó dos años terminarla. La cara del elefante es el diferencial de una yipeta.

  • Delio García: por amor al arte
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  • Delio García: por amor al arte
Yaniris López
yaniris.lopez@listindiario.com
San Francisco De Macorís

En las manos del profesor francomacorisano Delio García, las boyas de cisterna no son solo objetos circulares flotantes: son los huevos de una amenazada cigua calandria; los ganchos de una pala mecánica son las patas de un animal, la uña de una retroexcavadora es el pico de un ave y el tumor que se formó en una rama por exceso de nitrógeno es la cara de un personaje prehistórico imaginario.

Por suerte, tiene licencia para crear. 
García ganó la categoría escultura de la 28 Bienal Nacional de Artes Visuales con la obra M3 (Metro cúbico), una pieza forjada en hierro, grava y poliestireno expandido.  

El jurado de premiación destacó en esta obra “la conjugación de diferentes elementos industriales para darle vida a un ser del reino animal, provocando el imaginario del espectador desde el planteamiento lúdico del artista que sigue la tradición del ensamblaje metálico (…)”.  
En ella, escribió el jurado, el artista “mezcla la fuerza con la sutileza, lo insólito con lo real matérico”.   

Es la primera vez que Yeyo, como le llaman en su pueblo, participa en un certamen que admiraba como amante de las artes visuales, pero del que nunca pensó formar parte porque nunca se consideró -ni se considera- artista. Pero, ¡ay! Su propia percepción la contradicen unas 400 piezas de su autoría desplegadas por el patio/museo de su casa, en San Francisco de Macorís.  
Porque la obra ganadora es apenas una pequeña muestra de un talento ya maduro que combina la mecánica, la soldadura, la talla de madera y el ensamblaje para crear piezas únicas que no tienen más pretensión que la de satisfacer la febril imaginación de su autor.

 Por eso don Delio no vende sus piezas; y solo en dos ocasiones las ha sacado fuera de la casa con fines de exposición: en la Universidad Católica Nordestana (2010) y en Galería 360 (2014).  
“Las hago para mí. Mi tallercito es una cosa modesta porque yo no produzco en serie ni por encargo. No vendo mi trabajo”, dice García.

Y confiesa: “Yo iba a la Bienal con mis hijos todavía pequeños y me ilusionaba. Me llenaba los ojos con las piezas y por dentro decía que las que yo hacía podían participar, pero no sabía cómo hacerlo, no sabía cómo llegar hasta aquí”. 

Eliomar, uno de sus hijos (arquitecto) que había trabajado el tema de la Bienal para un trabajo de tesis, le motivó a presentarse en la presente edición, inaugurada el pasado 16 de agosto.
Las tres obras que presentó fueron seleccionadas y se pueden observar en el Museo de Arte Moderno (MAM) hasta el 17 de noviembre.  

García se siente tan apegado a cada pieza que ve nacer que luego de enviarlas a concurso llegó a desear que “De 0 a 10” (una escultura forjada en aluminio, hierro y acero inoxidable) no ganara, si tenía esa posibilidad, para que el MAM no se quedara con la obra.

Por amor al arte
Aunque supo desde pequeño que tenía un gran talento para el dibujo, Delio García dice que su formación es autodidacta porque no encontró en San Francisco de Macorís la oportunidad de estudiar artes visuales.  

Su primera obra en madera, un animal imaginario al que llamó “Yacajimosaurio”, fue tallado en 1981 con dos nudos de limón dulce y naranja agria. Tenía 16.

Ocho años después “descubriría” el hierro y con el tiempo cualquier material que aporte a una idea creadora: plástico, piedra, vidrio, fibra, madera y alambres de aluminio, de cobre y algo de bronce. 
“Los materiales son infinitos porque los uso de acuerdo al trabajo que esté haciendo, y preferiblemente 'desechados’, porque trato de alinearme con el reciclaje y la conservación de la naturaleza, tratando de usar lo menos posible materiales nuevos”, comenta García. 

Su amor por la naturaleza y su formación académica (estudió Educación mención Biología y Química en la UASD) se pueden apreciar en el conjunto de su obra.

Entre las 400 piezas que conserva en su casa y otras 10 en la de su madre, García tiene varios trabajos que presentan la incubación de aves, pero los que más se repiten son los reptiles, especiamente culebras, por las que Yeyo siente cierta adoración “por lo que representa para los campesinos”. 

También hay piezas simbólicas cargadas de significados familiares, personales, sociales y cristianos.  

El profesor interviene poco la obra “porque la pieza se va con lo que la naturaleza me insinúa”, expresa. 

“Trato de sacarle la forma natural que tiene, la que le hizo Dios, que es mi guía. Gracias a Dios he desarrollado una capacidad de observación que me permite ver algo, formas en todo lo que me rodea”, dice a LISTÍN DIARIO. 

Y es cierto. En objetos que la gente patea o pasa por encima, él ve un cuerpo, el pico de pájaro, una pata, una pluma, un ojo o un estómago.  Los materiales los consigue en la calle, en los montes, en regueras donde venden piezas para fundir y en depósitos de carros viejos.  Muchas de sus obras tienen movimiento para romper, expresa el artista, con la rigidez que caracteriza a las obras escultóricas.

Trabaja sin bocetos y sobre la marcha, interviniendo varias obras a la vez mientras encuentra la pieza que encaje a la perfección. No vende sus obras ni trabaja por encargo. “Me turbo”, dice. Todo lo hace por amor al arte...

Sueño
Como no persigue un fin comercial, la casa de Delio García está abierta al público que desee conocer su  obra. Su sueño es elaborar una especie de exposición virtual y didáctica para compartir su trabajo con estudiantes del último año del bachillerato.  De esta forma puede combinar sus dos vocaciones: el arte y el magisterio.