Paternidad
“Ante todo somos buenos amigos”
Pasatiempo. El literato José Mármol junto a sus hijos Yasser y Alberto de paseo en motocicleta.
Así como sus poesías y ensayos reflejan su pensar y forma de ver la vida, José Mármol no titubea al expresar la alegría y el amor que siente por su familia.
Ganador del XII Premio Casa de América de Poesía Americana en 2012 y del Premio Nacional de Literatura de República Dominicana en 2013, Mármol es un ejemplo vivo que de todos los premios que un ser humano pueda obtener, no hay mayor galardón que ser padre.
¿Qué representa para usted la paternidad? JM: “Es la responsabilidad más hermosa que se puede experimentar en la vida.
Traer al mundo otros seres humanos es, aunque parezca muy natural, una acción extremadamente singular, que te destina a ser responsable de su cuidado, su desarrollo, su crecimiento y su inserción en la sociedad. Los hijos son parte de ti; pero, debes saber que habrán de ser ellos mismos como personas y tu proyecto personal como padre.
Es un reto y un compromiso, que apelará siempre a tu sentido del amor”.
¿Cuál fue su primera reacción cuando se enteró que iba a ser papá? JM: “Primero, una sensación de temor, pues, no lo esperábamos y éramos muy jóvenes.
Sin embargo, me moví rápidamente al plano de la ilusión y de la esperanza. Los embarazos de mi esposa Soraya fueron de alto riesgo. Debía cuidar de ella y de cada criatura, lo mejor que pude”.
¿Cómo cambió su vida? JM: “Cambié radicalmente con el embarazo y nacimiento de nuestro primer hijo, Yasser. Fue un cambio dual, pues, mientras venía al mundo nuestro hijo, que era sinónimo de esperanza y felicidad, se produjo la pérdida súbita de mi padre, producto de un accidente de tránsito, lo que significó angustia, tristeza y profundo dolor. Sin embargo, ser consciente de la relación dialéctica entre la vida y la muerte se traduce en un aliciente. Yasser y Alberto, aunque no pudieron conocer a mi padre, colmaron nuestras vidas de optimismo, compromiso y alegría.
¿Qué tipo de padre se considera ser? JM: “He procurado ser, sobre todo, amoroso y cuidador ante mis hijos. El amor compartido nos ha hecho respetuosos y afectivos entre sí, al punto de tratarnos, desde muy temprano, como buenos amigos. El cultivo de la confianza y de la integridad nos ha hecho los mejores camaradas de la casa, la familia y la vida”.
¿Qué es lo que más disfruta de la paternidad? JM: “Cuidé de mis hijos, como lo hace una madre, desde antes de nacer. Ellos me han dado la oportunidad de ejercer el magisterio de los principios éticos y de la vida solidaria. Tengo la dicha de que también ellos, junto a su madre, me han enseñado mucho acerca de las maravillas de la vida. Aprendí de mi padre que lo mejor que puedes dar a tus hijos es un buen racimo de principios y valores, que guíen sus vidas. Son, antes que nuestros hijos, los hijos de la vida, y hay que mostrarles el camino del bien a toda costa”.
Entre tanto afán, ¿Cómo saca tiempo para compartir con sus hijos que ya son hombres? JM: “La vida contemporánea te fuerza a inventar el tiempo para el ocio y para la familia. Los tres tenemos ocupaciones, obligaciones, esposas y hogares. Nos ha gustado siempre compartir. Aun casados, planificamos nuestras vacaciones como parejas; nos vamos de fin de semana al interior del país; nos reunimos en la playa; mantenemos los rituales de fechas familiares importantes con los que nacieron y se criaron; nos vamos de paseo en nuestras motocicletas con otros amigos; tenemos conversaciones profesionales y amigables de trabajo; hacemos sesiones de karaoke con su madre, tíos y primos, en fin, que mantenemos el espíritu de pequeño y armonioso equipo familiar”.
¿A ellos les gusta la literatura? JM: “De niños les gustaba leer. Llegaron a escribirnos pequeñitos poemas. Lo hacían por voluntad propia. Escogían ellos mismos los volúmenes de la colección Barco de Vapor, y los leían con entusiasmo.
Luego, el tsunami de la pantalla, los videojuegos y la autopista de la información, incluyendo el apogeo de las redes sociales y el síndrome de la cultura digital cambiaron la historia. No leen literatura.
Tampoco creo que les guste.
Pero, se interesan por leer libros y revistas especializadas sobre lo que les interesa”.
¿Le hubiese gustado que fueran literatos como usted? JM: “No creo. En nuestro hogar ha imperado siempre la elección democrática. Estudiaron música clásica hasta que quisieron. Practicaron deportes hasta que quisieron; Alberto lo hace todavía, con el fútbol. Escogieron libremente sus carreras profesionales.
Hemos sido, como padres, orientadores; no manipuladores.
Hemos respetado siempre sus proyectos de vida”.
¿Le hubiese gustado tener hembras? JM: “Sí, por supuesto. De haber tenido, al menos una, la hubiese llamado Trilce, como el libro de poemas de César Vallejo. Nombre formado de las palabras triste y dulce, como es la vida. Nuestros dos varones han sido el mejor regalo en la vida. Nos sentimos orgullosos de su entereza, honestidad, humanismo y de su respeto y amor por sus padres”.
Si pudiera, de forma espontánea y breve, componer unos versos para demostrarle el amor que siente hacia sus hijos. ¿Cuáles serían? JM: “¡Jajaja! Es algo com- plicado. El arte no es solo espontaneidad.
Les he dedicado poemas y libros publicados a ambos. Los he pensado, trabajado, pulido. Pero, si tuviera que escoger unos versos para ellos, los tomaría prestados de Miguel Hernández y su poema a su hijo titulado ‘Nanas de la cebolla’; porque ambos nacieron al amparo de esos fragmentos que dicen: “Tu risa me hace libre,/ me pone alas./ Soledades me quita,/ cárcel me arranca./ Boca que vuela,/ corazón que en tus labios/ relampaguea./ Es tu risa la espada/ más victoriosa./ Vencedor de las flores/ y las alondras./ Rival del sol./ Porvenir de mis huesos/ y de mi amor”. Admiro a los grandes poetas y sé que lo han hecho mejor que lo que pudiera yo”.
¿Cómo definirías la relación con su padre? JM: “Mi padre fue un surtidor de sabiduría, cariño, reciedumbre ética y compromiso moral. Fue pobre, sin embargo, pocos ricos, aun nobles y generosos, han podido dar más que lo que él supo entregar a los demás, sin importar su estrato social.
En él se hacía carne y huesos el sentido humano de la solidaridad. Era el ser más desprendido que he conocido jamás; un sabio a la antigua usanza: hablaba, como los grandes místicos, en parábolas esenciales para ir por la vida cosechando el bien. Era una inagotable fuente de orientación vital hacia la responsabilidad, el compromiso con el otro y la bondad. Daba sin mirar a quien, y dejaba en el otro la responsabilidad o la elusión de la reciprocidad.
Nuestros hijos llevan “José”, como segundo nombre, en su honor”.
¿Qué valores le enseño su padre que usted inculcó en sus hijos? JM: “Respeto a los demás como condición sine qua non para ser respetado.
Amor y entrega a la unión familiar. Solidaridad con los necesitados y desamparados de la sociedad. Sacrificio y disciplina para alcanzar las metas personales y profesionales.
Integridad a toda prueba. La familia como tu mejor tesoro. Y, un principio fundamental, el valor en oro y sangre, de la dignidad como persona, como ser humano, que te hace reconocer que has de ser tú mismo, y que no estás ni por encima ni por debajo de nadie en este mundo”.
Trayectoria y obras: José Mármol es poeta, gestor cultural y ensayista.
Fundador de la Colección Ergo de Poesía Contemporánea Dominicana.
Ha coordinado el Taller Literario César Vallejo y el Círculo Literario del Instituto Tecnológico de Santo Domingo.
Entre sus obras destacan El ojo del arúspice (1984); Encuentro con las mismas otredades I (1985), Encuentro con las mismas otredades II (1989), La invención del día (1989), Poema 24 al Ozama (1990), Lengua de paraíso (1992), Deus ex machina (1994), Las pestes del lenguaje y otros ensayos y El placer de lo nimio (los dos últimos en el 2004).

