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La Vida domingo, 26 de agosto de 2012

HIPISMO

La hípica es deporte, arte y cultura

ADRENALINA Y EMOCIÓN AL LOMO DE UN CABALLO

  • La hípica es deporte, arte y cultura
  • La hípica es deporte, arte y cultura
Ángel García
angel.garcia@listindiario.com
Santo Domingo

Las actividades que se pueden realizar sobre el lomo de un caballo son diversas. Entre las prácticas más comunes están el polo, las caminatas de exhibición, la equitación, el salto de obstáculos y las carreras.

En las antiguas sociedades del Medioevo los caballos medían el estatus social y la riqueza de las personas. Era costoso mantener uno, y no todos podían darse ese lujo. En aquella época los caballos eran utilizados en la agricultura, en la guerra, como medio de transporte, en el deporte y en la diversión.

“Pocos deportes pueden generar tanta emoción como una carrera de caballos. Quien presencia una de éstas no puede estar quieto en su asiento. El fanático de este deporte se para, vocifera, cruza los dedos y hasta llora cuando gana un caballo diferente al suyo”, explica el presidente de la Asociación de Herreros, Odalís Carmona.

Deporte e industria
De acuerdo a los datos suministrados por Carmona, en República Dominicana alrededor de 20,000 personas viven de la hípica, incluyendo agencias, suplidores y todo el personal que trabaja junto a la industria.

Detrás de la realización de una carrera hay todo un equipo de trabajo, entre estos están propietarios de los establos, jinetes o jockey, entrenadores, herreros, veterinarios y demás personas ligadas al hipismo.

En el país existen grandes establos y criaderos de caballos. Entre los más reconocidos están “El San Antonio”, “Moisés”, “Villa Juana” y “All Star”, propiedad del expelotero Moisés Alou, dice Carmona.

Algunas de las razas más populares de caballos son el Brumby, el Mustang, el Tarpán, pura sangre inglés, quarter o cuarto de milla, los de origen árabes, españoles y americanos.

V CENTENARIO ES LA SEDE DE LA HÍPICA
La mayoría de los caballos que se utilizan en las carreras locales es importado de Estados Unidos. Algunos entienden que el caballo americano es superior al nativo. Tres días a la semana el Hipódromo V Centenario es sede de numerosas competencias. Allí asisten desde quienes van a apostar, hasta la fanaticada menos amante a las apuestas.

“Quienes deciden apostar en una carrera, juegan el monto de su consideración, pero los grandes clásicos del país apuestan hasta varios millones de pesos en un día”, según explica Odalís Carmona.

Una gran industria
Se estima que alrededor de 20,000 personas viven de la hípica en República Dominicana.

Uno para cada cosa
Existen caballos para cada ocasión. Pura sangre para carreras largas, quater para carreras cortas, percherón para tiro.

Algunos de los caballos más veloces en el hipódromo son Bombolla V, ganador de varias coronas.  También están Mr. Laine e Intofanelle. 

La danza de un caballo con su jinete
Pocas competencias pueden resultar tan atractivas como una carrera de caballos. Además de los cuantiosos recursos que se invierten en una competencia, también despierta la atención de cientos de fanáticos.

Las prácticas deportivas que se pueden realizar sobre un caballo son diversas, pero la que más entusiasmo y emoción provoca son las carreras. Difícilmente alguien puede presenciarlas sin moverse de su asiento y gritar loas de apoyo a su favorito.

El Hipódromo V Centenario es el lugar por excelencia en el país cuando se trata de carreras de caballos. Allí están los principales establos y se dan cita los mejores corredores locales en aras de poner a prueba sus veloces cuadrúpedos.

Preparando una carrera
Una competencia no se realiza de la noche a la mañana. La mayoría es preparada con tres meses de antelación. Cada caballo es colocado en el grupo o categoría a la que pertenece. Para que un caballo pueda competir debe ser registrado ante la Comisión Hípica Nacional que es el organismo que rige estas prácticas, explica Jensi Brea, secretario de carreras.

Sostiene que las carreras se realizan a partir de un monto mínimo de 40,000 pesos, la mayor parte de las ganancias se entrega a quien ganó el primer lugar, aunque también quienes quedan entre los primeros cinco lugares reciben una partida del premio.

Un caballo no corre solo. La victoria de éste también depende de las destrezas y habilidades del jinete que lo monta. Para ser jockey se requiere cumplir con una serie de requisitos físicos como baja estatura y mantener un peso entre 100 y 110 libras, dice.

“Un caballo de carrera suele tener entre las 800 y 1,300 libras aunque el peso o el tamaño de éste no es determinante para que pueda competir, lo que se verifica es que esté saludable al momento de la carrera. De eso se encarga un equipo de veterinarios”, puntualiza Brea.

Las formas de ganar son diversas. Las personas pueden apostar a un caballo pero también puede realizar jugadas haciendo dupletas, tripletas y demás combinaciones.

Según Arcadio de Jesús García, quien es juez de pago, hay momentos en que las carreras terminan muy cerradas y no se puede verificar a simple vista quién ha sido el ganador, es allí cuando se recurre a lo que se conoce como “fotofinish” o foto final, para verificar quien ganó la competencia.

El placer de cabalgar
Leandro Santiago ha sido jinete durante 12 años. Ha sufrido múltiples lesiones, entre las que se encuentran la rotura de una clavícula y fracturas en el brazo izquierdo, pero eso no le ha hecho intimidarse. Dice que ésta es la profesión que lo apasiona y ha heredado de su tío. “Me he caído muchas veces, pero siempre me he levantado. Realmente la adrenalina que se siente al correr un caballo no se compara con nada”.

Eduardo Antonio Lorenzo, mejor conocido como “El Negro Pití”, ha dedicado 37 años de su vida a entrenar caballos pura sangre. Es uno de los más victoriosos de su clase. “Más allá del porcentaje que se recibe cuando el caballo que uno entrenó gana, la satisfacción que se siente es mucho más grata”, afirma.

Para el veterinario Rubén Silva, los caballos son parte de su vida. A lo largo de 42 años se ha dedicado al cuidado de estos animales. “Nuestro trabajo es verificar que el caballo se encuentre saludable al momento de la carrera. Nosotros nos encargamos de observar si éste se ha dado algún golpe o si presenta secreciones en alguna parte de su cuerpo. En caso de ser así lo sacamos de la competencia”

AMANTES DE LAS CABALGATAS
Ramón Vásquez es el propietario de los establos Quiquito y Doña de Ramona G. Cuenta que la hípica es una actividad sana y recreativa, razón por la cual se ha dedicado a esta práctica desde que era niño.

Para Robinsón Arias, quien en 14 años como jinete ha ganado alrededor de 900 carreras, los caballos son parte de su vida. Tiene mucho tiempo como jinete clase A y ha participado en varias competencias internacionales. Afirma que el placer que le causa estar sobre el lomo de un caballo le resulta indescriptible.