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PROYECTO

60 horas dedicadas al reciclaje

UN EJERCICIO CONSTANTE PROPICIA BENEFICIOS A LARGO PLAZO EN LA COMUNIDAD

Cumplir con 60 horas de labor social es uno de los requisitos que debe cumplir todo bachiller para graduarse. Uno que, según Patricia Cáffaro, directora de inicial y básica del Colegio Americano de Santo Domingo (ASSD, por sus siglas en ingles), puede servir para construir proyectos significativos a la comunidad. A través de este programa, dice, los centros educativos prestan asistencia práctica a las personas, a la vez que sensibilizan a esos futuros ciudadanos con su entorno. Para aprovechar la experiencia al máximo, la educadora exhorta a los directivos escolares a romper con los esquemas clásicos y prestarse a las necesidades de su sector. Potencial Dar oportunidad a nuevas iniciativas contribuye a un servicio oportuno. Cáffaro explica que los ciudadanos modifican sus estilos de vida con el paso del tiempo y que ser indiferente a esos cambios supone un retrato en la acción comunitaria, ya que las demandas más latentes se dejan desatendidas. “Un ejemplo claro son los casos de medio ambiente”, indica. Expresa que la mayoría de instituciones conocen las nociones básicas para reciclar o reforestar, pero no pasan de ahí; dice: “No se preocupan por darles seguimiento”. Y es una lástima, sobre todo con la motivación que tienen los aulumnos en los últimos grados de educación, apunta. La directora recomienda orientar el sentido social de las escuelas con las propuestas de empresas verdes, que ofrecen oportunidades para ofrecer una ayuda eficaz y duradera. Dinámica Las actividades comunitarias siguen su esquema. Cáffalo pone el ejemplo de “Reciclando en la comunidad del ASSD”, proyecto del colegio que comenzó a aplicarse en el residencial Cuesta Hermosa II, este finalizado año escolar, con los estudiantes de media e intermedia y la compañía Green Love. Primero, dice: “En una charla intensiva de dos horas, parte del personal de Green Love capacita a los estudiantes sobre el reciclaje y cómo enseñarlo”. Luego, según la coordinadora, se organiza la actividad para llevar a los alumnos al reciento y dejar que ellos le explican a todos sus habitantes, incluyendo los empleados de servicio y mantenimiento, cómo reciclar sus residuos domésticos, el impacto su práctica y, específicamente, cómo ser parte del proceso de recolección que se implementa en su zona. “Claro -afirma-, todo esto de manera bajo la supervisión de los profesores”. Tras concluir la labor, “siempre tratamos de finalizar con una dinámica que los incentive, como una parrillada”, expresa. Agrega: “Los estudiantes vuelven cada 10 días para asegurarse que los ciudadanos están tratando su basura correctamente”. Green Love, de su lado, se encarga de aprovechar los residuos de la colecta para proveer a otras industrias con materia prima. De acuerdo con un documento, hasta ahora disponen de contenedores de plástico, basura común, papel y plástico. (+) CULTURA EN LAS AULAS Una manera de prolongar los efectos del reciclaje, es mostrar sus beneficios en los aspectos más comunes de la educación. La directora de inicial y básica del ASSD, Patricia Cáffaro, indica que los proyectos escolares, sobre todo aquellos relacionados con las artes o manualidades, son útiles para educar en la materia desde nido o pre-primario. Agrega que si la institución decide incluir la cafetería, es bueno contar con un cuerpo de maestros que supervise que los estudiantes están tirando sus sobras en los contenedores separados. Sugiere, además, inclinarse por un servicio que vaya en línea con el mensaje y que integre a la familia. Para beneficios a largo plazo, recomienda cambiar los materiales a base de fon por los utensilios domésticos, pues se pueden reutilizar y son menos lesivos.

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