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COSASDE DUENDES

La comparación

Acostumbro a reunirme con el equipo de listindiario.com todos los días y, además de la discusión sobre la cobertura que desarrollaremos, abordamos temas particulares o generales sobre los que cada quien expresa su opinión. En una de esas ocasiones surgió un debate sobre la fe y si Dios hace milagros. Una periodista muy joven expresó, con absoluta convicción, que si creemos que un zapato hará un milagro, y le rezamos al zapato, lo que pides ocurrirá. De acuerdo a su planteamiento, es el poder de tu fe, dentro de ti, lo que lleva a lograr las cosas. Algunas de las personas presentes la contradecimos explicándole que lo que experimentas cuando oras y las respuestas increíbles que recibes a través de la oración, sólo pueden llegar de un ser superior y hubo testimonios de milagros que, definitivamente, no puedes lograr un par de zapatos. No sé si ella se quedó con la duda, pero cuando llegó a mis manos un pequeño escrito de una ex alumna mía en la UASD, que buscaba compartir su experiencia de fe como madre, pensé en la incredulidad de esta joven periodista y decidí publicar el testimonio sencillo de Margaret Castillo que evidencia no sólo que Dios nos escucha, sino que, a veces, nos demuestra su poder porque no le gusta lo que le decimos. A continuación el testimonio de Margaret y Mía: “Siempre he escuchado y sé por Fe que Dios existe, y que hay milagros, soy madre de una niña la cual lleva por nombre Mía. A la edad de un año y medio mi niña adquirió la constipación más fuerte que un ser humano puede tener, y sobre todo para una persona de pocos recursos económicos como yo. Días tras día gastaba todo lo que tenía en mi pequeña, pero nada mejoraba sus dificultades fisiológicas. Su patología era tan grave que ya, como madre, no sabía qué hacer. Pobre al fin, había recurrido a todos los gastro-pediatras del país a mi alcance, pero ninguno aportaba una solución al problema. Un día se agravó tanto que, con apenas tres años de edad, me dice: “Mami, pide a Dios que me quite este dolor”. Al día siguiente voy al trabajo y expongo las razones por las cuales no pude laborar ese día. Una compañera me dice: “Amiga usted va a tener que ir a un medio de comunicación y pedir ayuda”. Ya me estaba preparando para acudir a un programa. Pues, con el perdón de algunos funcionarios, sabemos que, a veces, a las personas no reconocidas se nos hace muy difícil poder obtener una cita con un funcionario. Por ejemplo, yo pasé tres años esperando y nunca me la concedieron. Entonces un día, sin esperanzas y con mis ojos llenos de lágrimas, miro al cielo y digo ¡Señor no me discrimines como los ricos discriminan a los pobres y dale la salud a mi niña! Parece que a Dios no le gustó la comparación. Desde aquel instante la niña recibió la sanación y nunca más ha vuelto a sufrir de ese mal. El Señor escuchó mi plegaria y me hizo un milagro.”

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