La Vida

UN ENCUENTRO CON EL ARTE

Charo Oquet

LA GANADORA DEL GRAN PREMIO DE LA XXVI BIENAL NACIONAL DE ARTES VISUALES POR “EN UN ABRIR Y CERRAR LOS OJOS” ES UNA ACTIVA TRABAJADORA DE LA IDENTIDAD DOMINICANA

El gran premio de la XXVI Bienal Nacional de Artes Visuales es una instalación. La dominicana Charo Oquet se estrena en participación y galardón en la exposición con una propuesta que reúne sus años y experiencia como artista plástica: mucho color, sutiles mensajes que hablan de identidad y religiosidad populares y un sumario en imágenes de los eventos que impactan el país y el mundo. ¿Qué verá el público al traspasar la cortina negra que sirve como puerta y se encuentre con una instalación de menos de 10 metros llamada en “En un abrir y cerrar los ojos”? Verá un vídeo y muchos materiales de plástico, plomerías, cubos de agua, cintas, utensilios domésticos, partes de inodoros y de carros, alambres, hilos, juguetes infantiles, cascos de bicicleta y muchas cosas encontradas por ahí. Casi todo es reciclado y responde a un modo muy peculiar que sigue la artista, radicada en Miami, para hacer su trabajo. “Para mí, buscar los materiales es parte de la obra también, porque los busco en la Duarte con París y en Villa Consuelo y eso me lleva a conocer la realidad económica del pueblo. Si como artista te quedas con la parte más bonita y pudiente, nunca llegas a conocer esas realidades”, explica Oquet. Es un método que repite en los países a los que lleva su arte para obligarse a conocer el pueblo y los temas que trabaja. El expectador La instalación que presenta en el Museo de Arte Moderno (MAM) se presta a múltiples lecturas. Está inspirada en una obra del novelista haitiano Jacques- Stephen Alexis, En un abrir y cerrar los ojos, porque tiene mucho que ver con la relación dominicohaitiana. Esta relación está presente en dos formas, dice Oquet. Está visible en las imágenes de la habitación de un haitiano que vive en Dominicana, y en los marcados rastros de las costumbres religiosas que comparten ambos países: gagá, vudú y catolicismo. Un vídeo, de unos 20 minutos, es muy importante para entender el resto de la instalación, asegura Oquet. Son fotografías a color y blanco y negro tomadas por la artista en República Dominicana, Haití y otros puntos del mundo que muestran eventos importantes que están marcando y afectando el planeta, así como paisajes y estampas rurales y citadinas características de nuestro pueblo. Hay contrastes muy marcados, como la intersección de las avenidas Duarte y París y el centro comercial Blue Mall, dos espacios antagónicos de la ciudad de Santo Domingo. “Enseño diferentes fases de lo que hay en nuestro país –lo explica Oquet–, de lo que somos como país. Cuando vas a la Duarte con París te das cuenta de que este país tiene dinamismo. Este sitio te demuestra que es una ciudad muy dinámica, de mucho crecimiento, de una energía increíble que a la que quisieras conectarte. El dinamismo que siento ahí es una cosa que me eriza. Hay gente que lo mirarán y dirán ‘esta gente es pobre’, yo no lo veo así, prefiero ir allí porque lo que veo es un país que tiene un espíritu de esperanza que no ves en muchos países”. (+) LA INSTALACIÓN ES SU FUERTE Oquet nació en Santo Domingo y vive en Miami, donde dirige el espacio cultural Edge Zones. Hace esculturas, instalaciones, performance, ambientes, pintura y fotografía. Para la bienal se decidió por lo que considera su fuerte aunque sabe que las instalaciones no son comerciales y cuesta venderlas. “Es lo más completo de mi obra porque puedo expresar más ampliamente lo que quiero decir y porque permite que el visitante entre a un mundo del que se vea rodeado, empapado y parte de la obra. La lectura de mi obra tiene por un lado el caos, la dinámica de materiales reusables y de cosas creadas a partir del arte; pero por otro está la parte de identidad que siempre he trabajado, la religiosidad popular, el vudú dominicano”. Esta lectura se puede ver en todos sus trabajos anteriores y marca su estilo. Por eso, para entender todas las posibles lecturas de “En un abrir y cerrar los ojos”, recomendamos al público visitar la web de la artista, www.charooquet.com y empaparse con su trabajo. “El país no valora su riqueza artística” Charo Oquet vivió los primeros diez años de su vida de pueblo en pueblo, porque su papá era militar y Leonidas Trujillo movía a los militares de sitio cada tres meses. A principios de los 60, la familia emigra a New Jersey y allí, en una escuela pública, sin saber inglés, sintiéndose incómoda por lo nómada que en se estaba convirtiendo su vida, vivió esa primera experiencia que la marcaría como artista. Tenía 10 años. No recuerda el nombre de la maestra, pero sí su rostro y que era jovencita. Ella le pidió a los alumnos que, con motivo de las fiestas de Halloween, realizaran una máscara. Cuando la maestra vio la de Charo, una máscara china muy bien trabajada, le dijo que había hecho una maravilla y que debía dedicarse al arte. Y así lo hizo Charo, casi a escondidas, sin que su familia apenas se percatara de su inminente destino. Se convirtió en la decoradora de la clase, en la artista de la clase. En lo adelante, todos sus proyectos los haría a partir del arte. Fue también en New Jersey donde comprendió la dominicanidad. El trato despectivo para con los latinos avivó su amor patrio y le hizo valorar sus raíces. “Si no fuera porque yo venía a este país y aprendía mi cultura y quiénes éramos, yo me hubiera sentido una caca, como le decían a los latinos. Al conocer mi cultura tomo fuerza porque ese conocimiento te empodera y no te afecta que te digan que tu país es chiquito y pobre porque tú sabes que la pobreza y la riqueza son relativas, que somos ricos y grandes en muchas cosas”. A los 16, de vuelta a su tierra, no lo dudó y solita se fue hasta la Escuela Nacional de Bellas Artes dispuesta a estudiar en sus aulas. Le preguntaron por su portafolio y como no conocía esta palabra les presentó el cuadernillo donde dibujaba. La aceptaron inmediatamente. Arte y religiosidadY es por eso que las obras de Oquet tienen esa tendencia religiosa tan marcada, “porque mi obra está relacionada a lo dominicano, porque está relacionada a mí, a quien soy”, expresa. Aunque no practica vudú, por ejemplo, reconoce que tiene una fuerza de importancia. “No lo practico pero le doy su valor, porque forma parte de una cultura que negamos, y si la negamos nos negamos a nosotros mismos. Es parte nuestra y cuando tomas conciencia la entiendes y la notas a tu alrededor”, comenta. El pueblo no lo acepta como parte de su cultura, indica, porque nos han metido mucho miedo. “El miedo es una pena, porque cuando le tienes miedo a una cosa la odias. No es que te metas a eso, no, pero conócelo, porque tiene su valor, conocer la cultura no te va a hacer daño”, dice. La artista considera que el país todavía no se ha dado cuenta de la riqueza artística que tiene y de cómo el arte se presta para vender sus atractivos. “Si logras que la gente se interese por tu cultura, por tu arte, ya tienes un amigo; y el que se interesa por tu cultura y tu arte también se interesará por tus playas, por tu música”, opina. InstalacionesEl arte que le valió el gran premio de la XXVI Bienal Nacional de Artes Visuales lo aprendió en 1997. La invitaron a participar en las celebraciones de San Miguel en Mata Los Indios, Villa Mella, cuya cofradía, Los Congos del Espíritu Santo, es patrimonio oral e intangible de la humanidad. Pero Charo dijo que no quería sólo ver, que quería participar, conocer cómo hacen los preparativos. Antes, las instalaciones que había visto en los grandes museos le parecían enor mes e indescifrables, objetos que parecían tomarse mucho tiempo y dinero. En Mata los Indios, “cuando veo que con un cubrecamas, un mantel, escarcha y papel esta gente transforma una casita humilde en un gran altar, en un espacio sagrado, entiendo lo que es una instalación. Me doy cuenta que no es el dinero ni los materiales caros lo que transforma un espacio, sino el deseo y la capacidad artística tuya, y empiezo a trabajar con telas de segunda mano, hilo, papel crepé”. Sin abandonar la pintura comienza a hacer sus hoy famosos altares, a fotografiarse con ellos, a encontrar belleza en los objetos de segunda mano y a convertirlos en arte. Para ese tiempo sus esculturas también dieron un cambio. Charo vive desde hace 21 años en Miami. En 1999 tuvo que establecerse en el tercer piso de un edificio en decadencia y hasta allí tenía que llevar sus materiales, algunos muy pesados, como la madera. ¿Qué hizo? “Adapté la obra a mis necesidades. Buscaba plástico y los ensamblaba, y de pronto ya tenía una escultura de 10 pies pero que se desamblaba. Eso me llevó a conocer otra parte de la obra: su esqueleto. Yo suelo vestir mis esculturas, pero verlas sin vestir me hizo enamorar del esqueleto y comencé a hacer otro tipo de esculturas”. (+)HA CRECIDO MUCHÍSIMOA Charo Oquet no le sorprende que cada vez más personas se interesen en este tipo de arte que, aunque parece alternativo o contestatario, no lo es. “La obra dominicana está en evolución, ha crecido muchísimo. Es muy difícil vivir de la obra de arte. La etapa en la que la mayoría de los artistas dominicanos tenía que hacer obras que fueran vendibles y complacientes para que la gente las compraran ha pasado. Hemos pasado a hacer obras mucho más fuertes, más verídicas, no buscando complacer sino transmitir conocimiento, comunicación, comunicar las problemáticas de hoy día. Aquí tenemos el mejor ejemplo de eso, estamos viendo el nuevo arte dominicano. La evolución viene desde hace años, pero en esta bienal se ha notado lo amplio, lo mucho que se ha abierto el campo con temas que comúnmente no se tocaban, y eso significa una gran evolución y creo que hay que aplaudir al país. Si alguien no se ha dado cuenta de eso tiene que venir a verlo. Ver cómo el artista de ahora toma riesgo porque se ha creado esa plataforma”. ¿Qué hace falta, para Oquet? “Hace falta que el que compra esté más de acuerdo con esto; que el país nos dé un poco más de respaldo, como la creación de becas y más premios, porque ayudan e incentivan”, concluye.

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