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CARDIOLOGÍA PARA TODOS

Ajo y corazón

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Dr. Ernesto Díaz ÁlvarezSanto Domingo

1 de 2 Recientemente me visitó un paciente de 52 años de edad con un cuadro de dolor de cabeza, falta de aliento, opresión torácica y sus niveles de presión arterial muy altos. Revisando su récord médico encontré que en su último chequeo, dos meses y medio atrás, su presión arterial se encontraba controlada, prácticamente asintomático. El paciente confesó que había abandonado su tratamiento habitual y que desde aproximadamente dos meses y por recomendación de un amigo estaba ingiriendo 3 dientes de ajo al día. Esta situación motiva la columna de hoy que hemos titulado “Ajo y corazón”. Probablemente no existe planta medicinal más conocida y estudiada que el ajo (allium sativum); existe desde tiempos inmemoriales, y mucho antes de ser usado como condimento culinario, ha sido utilizado como un medicamento con grandes beneficios. Si bien para algunos las propiedades medicinales del ajo es asunto definitivamente comprobado, para otros aún es tema de investigación. El origen de dicho tubérculo se le atribuye a la región de Asia Central. Los chinos y los egipcios ya lo utilizaban en la antigüedad. Según refiere la historia, a los esclavos que construyeron las pirámides se les alimentaba con ajo, porque se creía que aportaba energía; también se empleaba en el proceso de momificación y como moneda comercial, y durante la segunda guerra mundial se repartía entre los soldados para que tuvieran un remedio contra las heridas. La sustancia activa del ajo es el diatil tiosulfinato, conocida con el nombre de alicina; sustancia que le proporciona su aroma característico. La alicina, relativamente inestable, se transforma en una variedad de otras sustancias que contienen azufre. Es un aceite de color amarillento y olor nauseabundo que se obtiene al triturar los bulbos o dientes de ajo. Se le atribuyen a este componente la mayoría de las propiedades terapéuticas de la planta, desde sus eventuales cualidades antimicrobiana, antibiótica, anticancerígena, antitóxica, antiséptica, balsámica y expectorante hasta su actividad antihipertensiva, hipolipemiante, anticoagulante, antidiarreica, antirreumática y hipoglicémica. También se le considera estimulante del tiroides, que limita los daños de la nicotina del tabaco en el pulmón y un afrodisíaco natural. Como podemos observar prácticamente tiene el comportamiento de toda una panacea. Cómo usar el ajo Las propiedades medicinales atribuidas al ajo varían, dependiendo de si se ingiere crudo o cocido; algunos plantean o aconsejan comerlo crudo, ya que cuando se cuece pierde más del 90% de su efectividad. Dentro de los beneficios tenemos: ï Ajo cocido: para problemas estomacales, hipertensión arterial, problemas del corazón y para la diabetes. ï Ajo crudo: enfermedades gripales, problemas reumáticos, meningitis, tuberculosis y herpes simples. La Revista Journal of Agricultura and Food Chemestry (agosto 2006) plantea en un estudio que el ajo recién aplastado tiene más potentes efectos beneficiosos para el corazón que el ajo seco. De ahí el axioma que reza “Ajo cocido, ajo perdido”. Dr. Ernesto Díaz ÁlvarezSubdirectorInstituto Domicano Cardiología.

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